abril 23, 2024
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diciembre 25, 2016 | 113 vistas

Mauricio Zapata.-

Cruzar de Estados Unidos a México representa para los paisanos un calvario en estas vacaciones, desde que pisan su tierra son tratados mal por las autoridades de nuestro país.

Los migrantes de todo mundo desconfían, conceden entrevistas bajo condiciones, no quieren fotografías porque los agentes pueden ubicarlos y cobrarse la denuncia periodística.

Apenas comienza el éxodo de migrantes a sus lugares de origen, el suelo que los vio partir a la aventura de mejorar la calidad de vida y sacar adelante a sus familias.

Por la carretera nueva que comunica a Victoria con Jaumave y el centro del país, aparecen las camionetas cargadas de regalos y paisanos.

Viene a reencontrarse con sus padres, hermanos, hijos y amigos que los despidieron en su partida en busca del sueño americano, que no todos alcanzan.

 

DESDE ATLANTA HASTA LEÓN, PASANDO POR TAMAULIPAS

Al filo de las diez horas entre el libramiento Naciones Unidas que conecta a la salida a Jaumave, una camioneta tipo van color blanca, con un remolque, frena la marcha y se detienen en un puesto de jugos de naranja.

De la unidad baja el conductor, algo pregunta a las personas que atienden el negocio, mientras los tripulantes abren otra de las puertas son entrevistados.

En la camioneta viajan por lo menos siete personas, una mujer y el resto hombres, todos trabajan en Atlanta, Georgia, Estados Unidos, y se dirigen a León, Guanajuato, donde nacieron.

Daniel de la Rosa, de unos 35 años, toma la palabra, apenas se da tiempo para salir de la modorra por lo largo del camino y narra la cruel historia que persigue a los paisanos al tocar su propia tierra.

La travesía por las ciudades norteamericanas es tranquila nadie los molesta. El panorama cambia apenas al cruzar el puente del río Bravo, lo hicieron por Matamoros.

De la Rosa dice que salieron de madrugada desde Atlanta, donde trabajan en unos campos de golf a cambio de sus buenos dólares.

Cansado por el trayecto del viaje, señala que de solo pensar en las vacaciones para estar con sus familias aparecen los nervios por la corrupción de algunas corporaciones.

 

NOS TRATAN MAL ALLÁ… Y AQUÍ TAMBIÉN

Su rostro le cambia a preocupación, al escuchar la pregunta del reportero sobre el trato que reciben de las autoridades mexicanas en territorio nacional.

“Nos reciben de una forma muy mala, nos han tocado experiencias sumamente desagradables y por eso no dan ganas de venir a México donde están nuestras familias”.

Relata que el año pasado, una patrulla color azul con blanco y torreta en el capacete, como las que tripulan los agentes de la Policía Federal, los detuvo en el entronque Victoria-San Luis Potosí.

Ese día era de noche, los agentes se dieron a la tarea de esculcar la unidad, todo se revisaba con una linterna, mientras ellos debían guardar silencio.

Al concluir la inspección, los policías amenazaron con decomisarles las pertenencias sin motivo alguno, como encontraron un poco de resistencia en los paisanos optaron por pedirles que los acompañaran a la delegación de las oficinas centrales.

Sin moverse del lugar, les pidieron documentos de la unidad y sus identificaciones personales, que, temerosos, enseguida mostraron a los encargados de salvaguardar su seguridad.

Los papeles personales se encontraban en regla, así como los permisos de la camioneta. Como no había pretexto para multarlos, los “mordieron” con 50 dólares por persona.

Con la dolorosa experiencia de ser “asaltados” por los agentes de la corporación, esta ocasión apartó sus 50 dólares en una bolsa de su pantalón.

“Ya estamos resignados a darles el dinero, esto no ha cambiado y estás prevenido de que en cualquier momento una patrulla te marca el alto y son 50 dólares cuando menos los que te quitan”.

 

OTRA INCERTIDUMBRE

El grupo de paisanos estará en León, Guanajuato, y luego de dos semanas de asueto retornarán para Atlanta, sin la seguridad de encontrar el mismo trabajo.

Corremos el riesgo de que el dueño del campo de golf ya no quiera que trabajemos con él, pero allá pasamos las inclemencias del tiempo y hay que estar con la familia aquí en México”.

Pedro Mejía Contreras cuenta su historia de migrante, menciona que no solo en México sufren por el trato de las autoridades, también Estados Unidos se pasa en abusos.

Originario de esta Ciudad y con más de 15 años de ser migrante, cada año le tocaba entregar la tradicional “mordida” a los agentes, era como una especie de cuota establecida para llegar a su tierra.

Hasta que el año pasado, autoridades de Migración norteamericanos lo detuvieron y tuvo que permanecer encerrado por un periodo de once meses.

Ahora que salió de la cárcel en McAllen, apunta que no había causa para su detención, menos para el enclaustramiento que duró cerca de un año.

Varios meses mantuvo a su familia sin darles la noticia de que estaba en prisión, hasta que con el paso del tiempo reveló la verdad a sus padres que hoy lo reciben.

“Fue una experiencia amarga, te traumas, porque no sabes lo que son capaces de hacerte los policías americanos, tuve miedo porque no había causa para que me detuvieran”.

 

LES ROBAN SUS AHORROS

Cada año, Mejía Contreras venía a Victoria en por lo menos tres ocasiones, procedente de Houston, Texas, y hoy que se reencuentra con sus seres queridos agradece a Dios.

Otros paisanos, como Raúl Calderón Cárdenas, entrevistado en el entronque Victoria-San Luis Potosí, menciona que radica en Los Ángeles, California, y es originario de Tula, Tamaulipas.

Lleva más de diez años de estar en los Estados Unidos, tiempo en que se ha dedicado al aseo de edificios del Gobierno, donde gana lo suficiente para sostenerse y mandar a su familia.

Es la décima ocasión que viene a Tula desde que partió, su historia en el trayecto es similar que a la de sus paisanos, la “mordida” de los policías es fuerte.

En una ocasión le quitaron 500 dólares cerca de San Fernando.

Despojado del dinero, solamente porque según los agentes se desplazaba a exceso de velocidad, llegó triste a su encuentro con los familiares, parte de sus ahorros se los habían quitado.

“Nosotros recibimos mal trato aquí en México, no nos abren las puertas como dicen los comerciales de “Bienvenido Paisano”, esos programas muchas de las veces son un estorbo, porque se concentran más policías que nos roban”.

Los paisanos siguen su ruta y usan la “Juan Capitán-El Chihue”, para estar mucho antes al lado de sus hijos, padres, amigos y familia, se dirigen a municipios del Cuarto Distrito.

Otras partes a las que regresan son las rancherías de San Luis Potosí, estados como Zacatecas, Querétaro y demás, en un trayecto que todavía conserva el peligro de las “mordidas” y la arbitrariedad de algunos cuerpos de seguridad.

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