marzo 3, 2024
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julio 24, 2020 | 548 vistas

Francisco Ramos Aguirre.-

En 1897 se presentaron ante el notario Fermín Legorreta, los obispos Eduardo Sánchez Camacho y Filemón Fierro y Terán para legalizar la compra-venta de varios terrenos y dar fe de una hipoteca de 1924 que describe un predio con: “…una capilla en actual construcción, conocida con el nombre de ‘El Sagrado Corazón de Jesús’.” Inicialmente ese terreno perteneció a Domingo Pier y fue vendido a Camacho en 1892. Las medidas eran: 17 metros 76 cm. de frente por 50 metros 28 cm. de fondo. Colindaba al norte con Concepción Tapia, al sur con Domingo Pier, al oriente con Cayetano Quintanilla y al poniente la Plaza Libertad.

La construcción se inició a finales del siglo XIX, luego de un largo proceso y gestoría de los parroquianos, hasta convertirse en el edificio que ahora conocemos. En 1903 era una modesta nave de sillar y piedra, con una pequeña torre, campanario, reloj público, techo de lámina y dos puertas de arco laterales con la frase: “Venga Tu Reino.” Entre las bodas más recordadas de febrero de ese año figura la de Ana Guerrero Q. y el ingeniero Martiniano Domínguez y Villarreal, hijo de Severiana Villarreal viuda de Domínguez.

La capilla estuvo expuesta a incendios, pero sobre todo a ciclones, que azotaban anualmente el Golfo de México. En junio de 1900, dice El Progresista, se generó una quemazón mientras algunos católicos rezaban en su interior: “…que pudo tener fatales consecuencias, a no ser por la actividad que se empleó para extinguirlo.” En septiembre de 1909, azotó Tamaulipas uno de los huracanes más destructivos de la historia. En poco tiempo arrasó docenas de casas de palma y edificios que resultaron dañados por la velocidad del meteoro. Las crónicas registran daños en las residencias de Nicolás Caballero y Fermín Legorreta. Lo mismo el Asilo Vicentino, Teatro Juárez, Santuario de Guadalupe y la capilla del Sagrado Corazón, donde las torres se agrietaron.

Luego de repararlo, el templo mantuvo su arquitectura intocable varias décadas. Igual sucedió con el paisaje urbano y naturaleza que rodeaba la bien arbolada plaza: Teatro Juárez, Casino Victorense, Cine Obrero, estatua de Benito Juárez, hotel Las Palmas, casas comerciales, cafés y residencias de familias pudientes. En 1922, el reloj público era uno de los accesorios que adornaba la torre de la iglesia. La gente se quejaba sobre el abandono y descompostura, porque no escuchaba el clásico sonido cada hora indicativa de la vida cotidiana, tampoco las manecillas indicaban: “…a tiempo, bien su horario.”

En diciembre de 1945 año de su demolición, un descuido del sacristán sobre las veladoras en el atrio ocasionó otro incendio, causando deterioros de las sagradas imágenes del altar. Meses después, llegó un escultor contratado por algunas damas para que restaurara las obras de arte, entre ellas el Sagrado Corazón de Jesús.

La construcción del templo del Sagrado Corazón de Jesús, el segundo más importante de Victoria, fue un ejemplar logro la sociedad civil organizada. En la década de los cuarenta, José Ángel Montemayor, Jacobo Martínez y José Zorrilla integraron un comité recaudador de fondos para un nuevo espacio religioso a la altura de la Capital. Organizaban kermeses, tés canasta, funciones de cine, obras de teatro, rifas, maratones artísticos, campañas de donación y otras actividades. Testimonio de ese tiempo es la publicación: Nuestra Capilla Órgano del Comité Pro Construcción del Templo del Sagrado Corazón, editada a partir de 1946.

 

LOS PADRES CHAGO, CHAYO Y PACO PIÑÓN

Es común, entre los feligreses, conservar en su memoria los nombres de sacerdotes encargados de su parroquia. Alberto Santiago León “Chago”, fue un cura carismático, aficionado al motociclismo y popular entre los jóvenes “acejotaemeros”, monaguillos y promotores de la construcción del templo. De alguna manera, ese activismo y formar el Grupo Don Bosco no fue bien visto por los masones de la localidad. En 1950, presentó en el teatro del palacio federal la obra Rigoberto, con fines benéficos dirigida por Jorge Mairós. Participaron varios victorenses aspirantes a actores, entre ellos Alfonso Pesil Tamez. En junio de 1951, el padre Chago hizo a un lado la sotana y viajó a la capital de país, donde fue detenido por manejar una motocicleta a la velocidad de la luz y ofender a las autoridades.

El padre “Chayo”, Cesáreo Diez de Pinos, era descendiente de españoles avecindados en Ciudad Victoria. En tiempos de Genaro Alamilla Arteaga fue capellán, vicario y después párroco del Sagrado Corazón (1951-1988). Este clérigo, a quien se atribuyen numerosas anécdotas, acaudilló las actividades del mencionado comité y sembró parras en uno de los costados de la iglesia. Afirmaba que era más importante construir una iglesia espiritual que material. Durante su estancia en la parroquia, fundó un coro donde su hermana tocaba el piano y reunió cerca de 500 mil pesos, para levantar muros de ladrillo y parte de los interiores.

Francisco Piñón era nativo de Morelia (1935). Estudió en los seminarios de Tampico, Montezuma, Nuevo México y universidades Santo Tomás y Gregoriana en Roma. Después de ejercer el sacerdocio en parroquias de Nuevo Laredo y Victoria, abandonó su ministerio, para inscribirse en el Universidad Autónoma Metropolitana y UNAM. En poco tiempo se volvió un académico de prestigio, catedrático, conferencista y fundador del Centro de Estudios Antonio Gramsci.

 

COMITÉ PRO-CONSTRUCCIÓN

El domingo 27 de mayo de 1951 se celebró la bendición solemne de la nueva escultura del Sagrado Corazón: “…porque la anterior, que data de muchos años atrás, estaba completamente deteriorada y con polilla…,” además de haber soportado dos incendios. La ceremonia protocolaria fue sencilla, únicamente se ofició una misa y el coro entonó el Himno a Cristo Rey.

En 1952 el Comité Pro-Construcción, integrado por José M. Zorrilla, presidente y Etelvina Santander S., informó sobre los gastos, que ascendieron a $23,377 pesos. En 1953 se hablaba de falta de recursos para vaciar la losa principal. Para entonces, la obra estaba a cargo del arquitecto Enrique León de la Barra, sin cobro de honorarios.

Hacia 1953 hubo un llamado urgente, para recaudar fondos destinados al techo de la nave central: “…Deben recordar los habitantes de NUESTRA QUERIDA PATRIA CHICA, que este SANTUARIO, que hoy con tantas penurias y trabajos estamos levantando, será donde se forjen los católicos verdaderos del mañana, donde las familias victorenses encontrarán la paz, la unión y la alegría para sus hogares, y donde innumerables generaciones irán a postrarse… pudiendo entregar su cooperación con cualquiera de los suscritos o en la Radiodifusora local XEBJ. José M. Zorrilla, Concepción A. de Martínez, Isabel R. de Lara y María Alma Guerra.”

 

LOS POLÉMICOS MURALES

A finales de los cincuenta, el párroco michoacano Emiliano Soria, amigo de Lázaro Cárdenas, convocó a Coco Villaseñor y Pancho Alonso a pintar en el interior del templo una recreación de La Última Cena. Al mismo tiempo, plasmaron en la bóveda un mural de personajes mundiales, algunos simpatizantes del comunismo: Mao, Lenin, Marx, Fidel Castro, Stalin, Hitler, Lutero, Calvino y otros. La pintura, atípica en un espacio sacro, atrajo la atención de visitantes y feligreses. En los años noventa, al remodelarse el templo y convertirse en catedral, la obra artística fue eliminada con una capa de pintura.

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