El legado de Colosio

0
331
Tiempo aproximado de lectura: 4 minutos

Enrique Diez Piñeyro Vargas 

Han transcurrido 27 años de aquella tarde del miércoles 23 de marzo de 1994. Creo que la inmensa mayoría de los mexicanos recordamos perfectamente dónde nos encontrábamos y qué estábamos haciendo cuando la programación en los canales de televisión fue interrumpida para dar a conocer lo que acababa de acontecer en el barrio de Lomas Taurinas, en la ciudad de Tijuana, Baja California.

Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato del PRI a la Presidencia de la República, había sido herido de gravedad con dos disparos. La incertidumbre corría y era imposible tener una versión fidedigna de los hechos. Recuerdo estar atento a la narrativa del periodista Jacobo Zabludovsky, quien vía telefónica mantenía comunicación con la reconocida conductora Talina Fernández, que se encontraba en el hospital donde atendían al licenciado Colosio.

Fue una hora y media después cuando en una improvisada rueda de prensa en los pasillos de aquel hospital, Liébano Sáenz Ortiz, gente muy cercana al candidato, daba la terrible noticia que sacudiría a toda una nación: el licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato del Partido Revolucionario Institucional, ha fallecido.

Una noticia que caía como balde de agua fría a todo un país y ponía en jaque al sistema político mexicano. Era inexplicable cómo pudo haber ocurrido semejante atrocidad y las repercusiones de la misma. No solo asesinaron a quien iba a convertirse en el próximo presidente de México, también devastaron a una familia que por ningún motivo tenía que pasar con una situación de esta índole.

Existen mil versiones del cobarde acontecimiento. Sabemos que existe un autor material que continúa en prisión, pero el gobierno jamás le pudo ofrecer al pueblo de México transparencia en los resultados que arrojaban las investigaciones. Todos apostamos a la teoría de un crimen de estado. Quitaron del camino a una persona que representaba una amenaza a los intereses de quienes se han beneficiado a los largo de los años con tanta corrupción.

México es otro país después del asesinato del licenciado Colosio. La credibilidad en el gobierno y la clase política no se ha podido recuperar. A lo largo de todos estos años somos muchos los mexicanos que seguimos exigiendo saber quién orquestó semejante acto de cobardía.

Somos muchísimos quienes no tenemos la necesidad de lucrar con su nombre y vemos en Luis Donaldo Colosio Murrieta una inspiración para hacer las cosas de la manera correcta, con el deseo que le vaya mejor a nuestro país. Sencillo, no nos cuesta nada hacer las cosas bien, es cuestión de voluntad.

Con gusto atestiguamos que ahora su hijo Luis Donaldo Colosio Riojas participe en la política y busque convertirse en el presidente municipal de una de las ciudades más importantes del país. Lleva consigo un apellido de mucho peso, que si bien lo catapulta para cosas de alto vuelo, también lo compromete a manejarse con prudencia y mucha rectitud. Cargar con el legado de su padre no debe de ser nada fácil y obviamente estará sujeto a escrutinio popular las 24 horas del día.

Luis Donaldo pertenece a una nueva generación de políticos que están alejados de las viejas formas, cosa que agradecemos. Es una persona con buena preparación académica y decidió construir desde abajo su carrera política. Lo más fácil para estrenarse en la política era aceptar una diputación federal plurinominal a los 25 años, tal y como él en una entrevista confesó haber tenido ese ofrecimiento, el cual rechazó.

Hace algunas semanas, ante la estatua de su padre en el lugar donde fue privado de su vida, Luis Donaldo compartió un video, con el cual da inicio a una etapa muy importante en su vida, comentando muchas reflexiones, entre la que destaca lo dicho por su señora madre Diana Laura Riojas (+): “mi venganza será mi perdón.”

Puntualiza: “Perdono a los cobardes que me arrebataron a mi padre. Perdono al asesino que tomó su vida, producto de circunstancias inciertas, desesperadas y posiblemente obligadas.”

“Perdono a las instituciones políticas de este país, que lejos de honrar su legado han usurpado el nombre de mi padre y se han beneficiado de él para sus proyectos políticos vacíos.”

“Perdono porque es lo correcto y porque no existe una transición hacia la paz sin un auténtico ejercicio de reconciliación.”

Sin embargo, sostiene: “Hay cosas que no perdono ni perdonaré jamás: el sufrimiento que miles de familias mexicanas viven todos los días en el olvido. No perdono que en México continuemos permitiendo que tantas familias padezcan lo mismo que ha sufrido la mía por las ineficiencias e imprudencias de nuestro sistema de gobierno.”

Prosiguió: “No perdono que en momentos de crisis y devastación nacional no se escuche un llamado a la unidad y solidaridad de parte de nuestros liderazgos. Todas y todos los que vivimos en nuestro país tenemos corresponsabilidad ciudadana de salir adelante y por ello nos vemos obligados a reconciliar a la nación con la nación”.

Abundó: “Aquí y ahora comienzo una nueva y urgente historia para mí y la pongo a los pies de mi país, con todo lo que soy, con todo lo que tengo, con todo lo que pueda aportar. Detonar el surgimiento de una generación nueva y diferente, de liderazgos que con integridad, con congruencia, se arrojen al servicio de nuestra gente, pero también lograr que nuestra gente despierte sus conciencias en esta nueva realidad”.

Coincido con él en la urgencia de nuevos liderazgos. Los que actualmente pretenden tomar esa estafeta de líderes están completamente rebasados y no tienen los argumentos ni la calidad para estar a la altura de lo que nuestro país requiere. México merece verdaderos líderes y llegó la hora de hacer a un lado a quienes no han servido y solo se han servido para satisfacer sus intereses.

“El mundo no nos ha sido heredado por nuestros padres, nos ha sido prestado por nuestros hijos”.- Luis Donaldo Colosio Murrieta.