Encontronazo entre veredictos inatacables

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Ma. Teresa Medina Marroquín.-

Desde el jueves y viernes (con los que finalizó abril) se desató una avalancha de rumores, versiones, trascendidos y chismes sobre “la inminente” separación de Francisco García Cabeza de Vaca al cargo de Gobernador de Tamaulipas.

Sí se dio el desafuero decretado por el pleno de la Cámara de Diputados, pero el reynosense siguió al frente del Gobierno por mandato del Congreso local presidido por Gerardo Peña Flores.

De acuerdo con la interpretación de algunos juristas, Cabeza de Vaca debió haber sido puesto de inmediato a disposición del Ministerio Público Federal, ya que la resolución de la Cámara baja debe ser acatada de inmediato, además que es inacatable.

De manera que los fallos, al menos en materia de desafuero son, por parte de esa instancia legislativa, irrebatibles. Y ni la SCJN puede, según la mayoría de Morena en esa cámara, intervenir bajo ninguna circunstancia.

No obstante, el Congreso del Estado también ejerció históricamente y a plenitud sus poderes constitucionales.

Y con el argumento sustentado en que Tamaulipas es un estado libre y soberano, cuyo poder legislativo lo representa, el veredicto federal se desplomó, pues según otras interpretaciones los 26 votos emitidos por el PAN, PRI y MC, a fin de rechazar y neutralizar el fallo, fueron mayoría suficiente por encima de Morena con siete abstenciones y tres en contra.

 

SE HARÁ HISTORIA DESDE TAMAULIPAS

Otras explicaciones dan a conocer que todo cuanto está sucediendo en Tamaulipas respecto a los ataques políticos y judiciales desplegados por el Presidente de la República hacia el Gobernador del Estado, no sólo son inéditos en la relación tradicionalmente subordinada de las entidades con la Federación, sino que de salir airoso García Cabeza de Vaca de este proceso penal, se producirá un efecto dominó que hará surgir nuevas formas de interpretar ese marco legal entre la Federación y los estados.

El problema de fondo que desde luego no deja de participar en este escenario de altas tensiones es el proceso electoral que está en juego en todo el país, y que en Tamaulipas sobresale desde que Cabeza de Vaca decidió hablarle con franqueza, sin sumisiones, a López Obrador.

Fueron varios los actos públicos donde el Ejecutivo estatal urgió al principal inquilino de Palacio Nacional las necesidades de recursos públicos que su estado requería (y requiere).

Para ello, el tamaulipeco hizo saber que era necesario que la Federación reconsiderara seriamente incrementar el monto de los recursos asignados a las arcas de la entidad.

La petición fue ignorada, a pesar de que Tamaulipas es de los principales aportadores de impuestos a la Federación y al Producto Interno Bruto (PIB), lo que generó la furia presidencial y la ulterior crisis que pronto dejaron de oírse como amenazantes tambores de guerra para pasar al fuego cruzado entre Ciudad Victoria y Ciudad de México.

Suponen algunos que la preocupación del tabasqueño radica en que si cedía a las pretensiones del gobernador, entonces también estaría cediendo mucho terreno en las elecciones del seis de junio, un antecedente que le costaría muy caro al Gobierno federal ya que se vendrían en cascada peticiones similares de otros gobiernos estatales.

Ahí fue donde inició un pleito político disfrazado de querella judicial, dejando tras de sí un ambiente de desilusión en millones de mexicanos que suponían que desde Palacio Nacional se había extinguido la costumbre de emprender graves represalias a todo aquel mandatario estatal que se atreviera a desafiar, así sea racionalmente, a un presidente todopoderoso que todos pensábamos ya no existía, merced a la democracia que tanto le ha costado al país cultivarla y ponerla en operación, como en cualquier país con un alto nivel de civilidad.

 

¿QUÉ VIENE PARA EL PAÍS?

También desde el fin de semana otra avalancha de preguntas no ha podido ser respondida por nadie, ni siquiera por connotados constitucionalistas. La ventaja es que por lo pronto, a raíz de este conflicto nacional, se está evitando la instalación de una nueva aristocracia en el poder federal. Y con ello la sobrevivencia de la democracia, pese a un aparato público que muchos opinan tiene visos de dictadura.

¡Excelente inicio de semana!

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