Un árbitro ciego, sordo y mudo

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Felipe Martínez Chávez.-

Con un árbitro que deja mucho que desear, ciego sordo y mudo, nada bueno le espera Tamaulipas en las elecciones del seis de junio.

Atentados y barruntos de violencia se dejan escuchar por diversos rincones, sin que Instituto Electoral cuando menos llame a la cordura a los contendientes y agentes externos, o como López Obrador les dijo a los delincuentes: “Los voy a acusar con sus mamás y abuelas”.

Mientras los órdenes de gobierno reanudaron actividades y hasta las escuelas, niños y jóvenes, el presidente del armatoste electoral, Lupe Ramos Charre, sigue en su mundo organizando sesiones “a distancia” por miedo a contraer el covid.

Tamaulipas arde con un proceso manchado por muertos, balazos, amenazas de muerte a candidatos y partidarios, pero los consejeros duermen el sueño de los justos, sin pararse en su oficina y menos constatar de vida voz lo que sucede en territorio.

El “mercado del voto” está en todo su apogeo en las “plazas” más disputadas, mientras el árbitro ni ve ni escucha. Perdió la poca credibilidad que mantenía como institución.

De plano sería conveniente suprimirlo, como son los proyectos de la 4T. Sus funciones se resumen a pagador del subsidio a partidos y contar los votos. Ya no fiscaliza gastos ni designa a los funcionarios de casilla, que eran, que son las funciones primordiales de un proceso electoral.

En resumen, el árbitro de esta contienda electoral no ve, no escucha y por tanto no habla. Si la Ley no le ordena que llame a los contendientes y ciudadanía en general mantener la calma, tampoco se lo prohíbe.

Ramos y compañía se encerraron en su burbuja desde hace más de un año. El 24 de abril se autoaprobaron el acuerdo No. IETAM-A/CG-08/2020 por el que hacen su chamba “a distancia”.

De Tula, un candidato a la presidencia pidió remover a todo el consejo municipal electoral por tantas “cochinadas” que hacen. Agarraron partido.

Hay “plazas” al rojo vivo como Reynosa, a donde ni voltean. Ni un boletincito desde su casa, o videomensaje, de perdido invitando a votar. Para eso no se necesita petición de parte.

Para darnos una idea de cómo andan las cosas allá, donde la intimidación y amenazas están a la orden del día, basta conocer la denuncia de uno de los empresarios más poderosos de Tamaulipas y México, Rolando Cantú Barragán, acusando directamente al candidato panista en aquel municipio, Jesús María Moreno Ibarra “El Chuma”.

De Llera, la independiente Patricia Quintanilla Arcos suspendió el proselitismo y solicitó protección policiaca, luego de amenazas y atentado a balazos contra uno de sus colaboradores. Denunció “terror e intimidación”.

En una de sus sesiones “por aire”, el Ietam tenía agendado exponer un informe sobre candidatos y partidos que han solicitado protección policiaca. Lo ocultaron. En este ambiente de terror que vive Tamaulipas, no deben ser pocas las personas que lo pidieron por tener derecho, mientras el resto de la ciudadanía nos la pasamos a valor marino.

Don Lupe no se ha aparecido, ni por accidente, para declarar que sí habrá elecciones, que serán en calma, que vigilará, y todo lo que se le pudiera ocurrir para generar confianza. Como que vive en otro mundo.

Si analizamos las peticiones y denuncias, la protección se pide de preferencia al INE y Guardia Nacional. Hay desconfianza a lo que huela a Instituto en Tamaulipas.

Así lo hizo la propia Quintanilla y los candidatos en Victoria, Eduardo Gattás; de Madero, Adrián Oseguera y Carlos Peña Ortiz, de Reynosa.

Es una petición que retumbó hasta la “mañanera” del presidente López Obrador, mientras el señor Charre huye del coronavirus.

Bien sabido es que cerca de un centenar de aspirantes se bajaron de las candidaturas ¿por amenazas? En tanto el INE en Tamaulipas contabilizó la renuncia de 20 mil funcionarios de casilla, que ahora trata de reponer.

Lupe no ve la guerra sucia que ha escalado por todos lados, una batalla de lodo entre partidos y candidatos. No le merecen una llamada de atención y menos una nalgada.

Ni ve las concentraciones masivas, marchas y caravanas vehiculares repetidas de un partido simultáneamente en los 43 municipios, que violentan las reglas sanitarias de campaña en tiempos de virus.

Yadira Cepeda Sosa en Victoria y América Sandoval de Tampico son otras candidatas que sabemos pidieron protección.

Tamaulipas es un polvorín que urge que sus órganos electorales generen confianza en vez de ocultarse ¿acaso los jugosos sueldos que reciben los consejeros no ameritan correr algo de riesgo ante el virus? Que ya no le hagan al enzarapado y den la cara. Hay más candidatos que pidieron protección.

El Ietam necesita una sacudida para despertar de su letargo a esos burócratas ¿no cree usted amigo lector? Por lo pronto, el que escribe, yo, no les cree ni la persignada que se den.