junio 16, 2024
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agosto 31, 2021 | 384 vistas

El estreno de “No Respires” en 2016 supuso una conmoción, todo un shock de energía que revitalizaba ciertas esperanzas con respecto al futuro del terror, en un momento en que el género no hacía más que copiarse y devorarse. Supuso, también, una confirmación: la de Fede Álvarez como uno de los realizadores más interesantes del último tiempo, un tipo que entendía los engranajes del terror y sabía cómo ponerlos a trabajar de maneras superadoras.

Luego de la excelente y polémica, no apta para puristas remake de “Posesión Infernal” en 2013, Álvarez entregaba una historia original y salía triunfante. Todos los amantes del género esperábamos con ansias y expectativa el paso siguiente, que la vida quiso que fuera en falso. “La Chica en La Telaraña” (2018), una nueva adaptación de las novelas policiales de Stieg Larsson, fue una película rutinaria y vacía de personalidad, un trabajo hecho con oficio, pero casi sin alma.

Después vino la serie televisiva “Calls”, que tiene una premisa llamativa a partir de su experimentación con la forma, y en el futuro inmediato aparece una secuela de “La Masacre de Texas”, en la que Álvarez oficia de productor y guionista. En lo que quizás sea un descanso de la silla de director, el uruguayo mantiene también esos roles en “No Respires 2”, y cede la dirección a su compatriota y colaborador Rodo Sayagues.

El primer problema de esta secuela está en el enfoque que pretende darle a su protagonista, el brutal villano de la primera parte, que en esta ocasión parece encaminado hacia una posible redención. Pasaron algunos años desde el primer filme, y Norman Nodstrom, el hombre ciego (Stephen Lang), vive ahora en una cabaña en el bosque, con una niña llamada Phoenix (Madelyn Grace), a la que trata como a una hija. De hecho, Phoenix cree que es realmente hija de Nodstrom, aunque cualquiera que haya visto la primera parte sabe que no es así.

De entrada, la presencia de la niña y el comportamiento del protagonista ponen a la película en un lugar distinto del de su predecesora, que tenía intenciones mucho más sencillas, pero ejecutadas con una contundencia implacable. Acá las cosas se complican un poco más, porque Nodstrom ya no es el villano, pero no deja de ser un hombre terrible, que tiene secuestrada a Phoenix para ocupar el vacío de una hija muerta. Para redimirlo, al menos parcialmente, la película introduce un grupo de ladrones de órganos, que tienen un interés especial en la niña.

Esta secuela del exitoso thriller de Álvarez toma algunas decisiones arriesgadas. Pero ese riesgo no trae como consecuencia un filme mejor. Y ver a Stephen Lang con un martillo y un cristal en las últimas imágenes que protagonizan el póster de “No Respires 2”, que es un thriller que va contra algunas convenciones del género. Aquí continúa apostando por la creativa trama protagonizada por el asesino invidente, que en esta ocasión pasa de ser el villano convertido ahora en el héroe de la historia con Rodo Sayagues detrás de las cámaras.

Mi 8 de calificación a “No Respires 2” que sino fuera una secuela, si fuera solo la historia de un padre con un pasado traumático y su supuesta hija enfrentados a un grupo de psicópatas, la película funcionaría medianamente bien con la continuación que está ambientada en los años posteriores al mortal allanamiento inicial, donde Norman Nordstrom vive en una tranquila soledad hasta que sus pecados del pasado le alcanzan. Acompañan a Lang en el elenco del nuevo filme Stephanie Arcila, Madelyn Grace, Bobby Schofield o Adam Young, entre otros.

El prólogo es bueno, contundente, nos pone de inmediato en contacto con las motivaciones de los personajes. Sin embargo, la secuencia donde se nos muestra el interior de la casa cuando los ladrones logran ingresar es reveladora, y no sólo por su efectividad. Si en la primera parte, Stephen Lang interpretaba a un psicópata ciego luchando contra unos jóvenes ladrones, quienes habían creído encontrar el golpe de su vida, ahora la historia es muy diferente.

Sayagues filma las escenas más brutales de manera virtuosa, con una puesta en escena deudora del estilo de Álvarez. Profundiza en el recurso de mostrar un objeto que más tarde tendrá una relevancia homicida, y como en la primera parte, hay un uso notable del plano secuencia para generar tensión a partir de la utilización del espacio y el sonido. La cantidad de cuerpos mutilados es mucho mayor, lo que permite que Nodstrom vaya desbloqueando niveles de violencia.

Quizás la comparación sea caprichosa, pero es posible pensar “No Respires 2” en relación con “Terminator 2” (1991). Está el progenitor que entrena a su hijo (madre e hijo en aquella, padre e hija acá) para enfrentar una posible amenaza, la máquina de matar que pasa de villano a héroe, y la redención a través del sacrificio. Sería injusto valorarlas una al lado de la otra, más cuando “Terminator 2” es toda una obra maestra.

A pesar de ser competente hasta un punto, porque todo el tema de los órganos puede tener su correlación con la secuencia de la inseminación de la primera parte, pero no deja de sentirse fuera de lugar e incluso ridículo, “No Respires 2” es, en su carácter de secuela, es una película algo fallida, y una muestra más de un síntoma que acecha a esta época, con películas que no pueden contener al mal sin que tenga su lado bueno.

“No Respires” y su secuela pertenecen a la categoría de los sleeper hits, el de las películas que llegan a cartelera sin mucho ruido y que terminan por desbancar a producciones más grandes. Se trata de un thriller que manipula las lealtades del espectador con los personajes, invirtiendo los roles tradicionales en las películas que giran en torno a invasiones a casas: aquí no se puede asegurar que los invasores sean culpables ni que el invadido sea una víctima.

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