Diálogo premortal

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El Contador Tárrega.
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“- Hola, mi amor. Se acerca ya el momento de dejar esta esfera de existencia por un tiempo para ir a ese lugar llamado Tierra, y ¿sabes? vengo de estar con el Padre, Él me ha permitido vislumbrar lo que será nuestra vida juntos en aquel lugar, en donde tú serás mi esposo y yo seré tu mujer.

– Wow, es maravilloso saber que este amor que iniciamos aquí podrá continuar allá, y que después de algún tiempo regresaremos nuevamente para perpetuarlo por toda la eternidad. ¿Y qué fue lo que viste? Platícame, ¿nos conoceremos desde niños?

– No, de hecho, naceremos en lugares distintos y no nos conoceremos sino hasta después de más de 20 años de nacidos, cuando ya estemos en la universidad, pero nuestras almas se reconocerán tan pronto, que a dos meses de conocernos ya seremos novios.

– Órale, lo bueno es que no recordaremos nada de esta vida, de lo contrario, no sé cómo podría vivir separado de ti tantos años.

– Este… sí…Enfrentaremos algo de oposición en el noviazgo, pues muchas personas pensarán que yo debería haber escogido algo mejor. Lo que ellos no saben es que tú y yo ya nos habíamos escogido desde antes de nacer.

– ¿Pudiste ver si tendremos algún hijo? Ya sabes que esa es una de mis grandes ilusiones al ir a aquel lugar.

– SÍ ¡TENDREMOS CUATRO HIJOS! Cada uno diferente, pero cada uno maravilloso, cada uno especial a su manera. Les daremos todo el amor del que seamos capaces y perpetuaremos nuestro amor en ellos.

– ¿CUATRO HIJOS?? ¡Qué maravilla! Ya siento que los amo desde ahora. Te prometo esforzarme por tratar de ser el mejor padre para ellos. No lo puedo creer, tú y yo juntos en ese hermoso lugar, cuatro hijos, verlos crecer, y finalmente, envejecer juntos tú y yo.

– Eeehhh… al respecto… hay algo que tengo que decirte.

– ¿Qué? ¿Qué seré un viejito muy latoso y que batallarás mucho conmigo? Ja ja, no te preocupes, Te prometo también esforzarme por no darte mucha lata.

– No, no se trata de eso. El Padre me ha hecho saber que mi jornada en la tierra no será muy larga. Terminará una semana antes de que cumpla los 60 años.

– ¿QUÉ?? ¿PERO POR QUÉ??? Estás bromeando, ¿verdad? Dime por favor que es una broma, ¡dímelo!

– No, mi amor, no lo es. Por algún sabio propósito…

– ¿PERO QUÉ SABIO PROPÓSITO PUEDE HABER EN ESTO? ¿Tanto esperar para vivir esta experiencia y terminará tan pronto?

– Así será. Y para ti será aún más doloroso porque, aunque toda nuestra vida juntos atravesaremos por diferentes pruebas, nuestros últimos años serán particularmente difíciles. Tú trabajarás muchísimo, casi no tendrás tiempo para mí y, aún con todo ese esfuerzo, los recursos materiales parecerán nunca ser suficientes. Y cuando por fin llegues a un punto en el que esas dos cosas se resuelvan, y tengas el tiempo y los recursos para disfrutarlos conmigo, yo tendré que dejarte.

– ¿Un sabio propósito dices?

– Sí. Allá en la tierra tú tendrás el don de escribir, y a través de tus escritos, la gente conocerá nuestra historia, y sabrá que el amor verdadero existe, y que, cuando hay un compromiso personal, las parejas pueden ser felices sin importar sus circunstancias ni sus problemas. Y sabrán que el verdadero amor trasciende las barreras de la muerte. Pero no llores. Yo nunca te dejaré solo. Te visitaré. A veces en la forma de un ave, a veces a través de una canción. Incluso, cuando te recuestes y dormites en mi lado de la que será nuestra cama, podrás sentir mi presencia y mis caricias.

– Te amo… te amo…

– Lo sé. Y quiero que, por ese amor, me prometas que seguirás adelante cuando yo me haya ido. Tú vivirás muchos años más que yo, y quiero que los vivas con alegría, sonriendo, siempre sonriendo, aunque por dentro tengas ganas de llorar. Pero ¡ánimo! la vida en la tierra será solo un parpadeo entre dos eternidades, y cuando finalmente tu jornada allá termine, yo aquí te estaré esperando para recibirte, y entonces nuestra increíble historia de amor podrá continuar, para nunca más terminar. Así que dame tu mano y ven conmigo. El Padre nos está llamando para darnos su bendición.

– Realmente la voy a necesitar. Vamos, pues…”

5 de diciembre de 1960. Cd. Reynosa, Tam. “¡Ya nació! ¡Es un niño! Lo llamaremos Jesús”.

26 de mayo de 1961. Cd. Victoria, Tam. “¡Ya nació! ¡Es una niña! La llamaremos Rosalba”.

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