La generación de cristal

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Oscar Pineda.-

Desde que era un niño, hace ya muchos ayeres, he escuchado a la gente mayor decir que los tiempos de antes eran mejores que los de ahora.

¿Pero qué tienen de diferentes los tiempos de ahora y los de antes?

Para comenzar, antes no existían las clasificaciones generacionales, había niñez, adolescencia, juventud y adultez.

Antes los padres solían decir que para que un hijo se fuera por el camino del bien solo eran necesarias un par de nalgadas a tiempo. Hoy, un simple regaño podría sentar a los padres en el banquillo de los acusados.

En lo personal soy de los que prefieren un buen dialogo antes que una buena nalgada, pero tampoco me espanta la forma en que mis abuelos educaron a mis padres y mis padres a nosotros.

Recuerdo que mi abuela le dijo en una ocasión a mi maestra de tercer grado de primaria, que podía corregirme de la forma que mejor le pareciera, siempre y cuando no me matara, esto último lo decía de forma sarcástica.

Claro que mi maestra y las maestras de mis primos y mis amigos tenían permiso para darnos un buen pellizco, un coscorrón o un jalón de patillas y lo hacían valer.

En mi época de estudiante nunca supe que un padre de familia fuera a reclamar, porque un maestro o maestra corrigiera, según su criterio, a alguno de los alumnos.

Recuerdo también que antes los niños salían a jugar a la calle al trompo, a las canicas o al futbol, mientras los papás platicaban sentados en la banqueta.

No sé en qué momento cambiaron las cosas, en qué momento los jóvenes se volvieron de cristal, Millennials, ninis, o como sea que se clasifiquen.

Hace poco tiempo escuché a un niño de escasos seis años advertir a su mamá que la demandaría por lo que él consideraba un maltrato.

Pregunté intrigado a la mamá por qué el niño estaba afirmando tal cosa y me respondió que se había molestado porque le había retirado un videojuego.

Lo que más me sorprendió fue que la mamá accedió a devolverle el juego al pequeño como si temiera que en verdad la fuera a denunciar. Pensé “si yo le hubiera dicho eso a mi abuela”…

Recientemente escuché sobre una polémica que se generó respecto a lo que han llamado LENGUAJE INCLUYENTE.

El asunto es que la mayoría de las personas aprendimos el lenguaje de una forma tradicional y eso no nos convierte en intolerantes.

Creo que me estoy haciendo viejo o me estoy quedando fuera de onda como dirían los jóvenes de los sesentas, pero a fuerza de ser honesto me gusta más la forma de antes que la de ahora.

 

EL PERSONAJE

El alcalde de Altamira, Armando Martínez, adelantó que invertirá en el dragado de la Laguna de Champayán para hacer un desarrollo turístico.

La idea me parece muy buena, aunque espero que a la par de ese proyecto se detone la inversión en obra pública, porque me parece incongruente que el principal puerto de México siga contando con una cabecera municipal con calles de arena.

El tema del empleo es otro asunto que requiere atención urgente de las autoridades locales. Ojalá que lo haga Armando Martínez, porque Alma Laura solo vio por sus intereses.

 

POSDATA

Un trabajador de la empresa Transmaquila asegura que fue abandonado a su suerte después de sufrir un accidente. La empresa es propiedad de un altísimo funcionario del Gobierno del Estado.