Pequeños experimentos

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Pérez Ávila.
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El Contador Tárrega.

Seguramente recordarán la emoción que nos provocaba, cuando éramos pequeños, el descubrir algunos fenómenos físicos o de otro tipo a través de algunos “experimentos” que alguien nos enseñaba o que descubríamos por casualidad.

Cosas tan sencillas como descubrir que si nos frotábamos el peine en la cabeza repetidas veces, al volverlo a pasar por la superficie del cabello el poder del magnetismo provocaba que éste se levantara, o incluso podíamos hacer que pequeños pedacitos de papel se adhirieran al peine.

Otro “descubrimiento” era el del poder de la concentración de la luz solar, al poner una lupa bajo el sol y dirigir el rayo concentrado a una hoja de papel, lo cual hacía que ésta se quemara y perforara, atravesando la hoja.

O el soplar poniendo el borde de una hoja de papel entre los labios para producir una especie de “silbido”, un sonido agradable.

Estaban también los experimentos con los efectos ópticos. Se te pedía ver un determinado punto (marcado con una cruz) de una figura amorfa por uno o dos minutos. Después de hacerlo, volteabas a la pared y en tu cerebro (porque obviamente en la pared no había nada) “veías” una imagen perfectamente formada, percibías la imagen escondida.

Eran cosas muy sencillas pero que, ante ese corazón de niño que empezaba a conocer el mundo y sus secretos, hacían que nos sintiéramos maravillados por esas cosas nuevas que empezábamos a descubrir.

Hoy quisiera invitarte a realizar algunos otros pequeños experimentos que tal vez te permitan descubrir cosas nuevas, o tal vez, olvidadas.

Redescubre el poder del magnetismo, pero el magnetismo personal que produce una actitud positiva. Para hacerlo, empieza tu día con un espíritu de agradecimiento. Al abrir los ojos por la mañana, agradece por el nuevo día, por tus seres queridos, por tener un techo y tal vez un trabajo, alimento que llevar a tu boca y tantas pequeñas cosas que a veces damos por sentadas y que solo cuando las perdemos, valoramos. Agradece aún por tus retos y problemas. Por las enseñanzas y la fortaleza que seguramente de ellos obtendrás. Coloca después una sonrisa en tu boca y sal con ella a enfrentar tu día. Descubrirás que con una actitud así, lograrás que muchas cosas y personas que vibran en la misma frecuencia, se “adhieran” a ti, trayendo cosas buenas a tu vida.

Redescubre el poder de la concentración, enfocando tus energías en alcanzar tus metas y tus sueños, y verás cómo esa fuerza concentrada logrará “atravesar” todo aquello que se interponga, permitiéndote comprobar la veracidad de las palabras de Henry Ford: “Los obstáculos son esas cosas espantosas que aparecen cuando apartas tu vista de la meta”.

Redescubre tu capacidad de producir “sonidos agradables” al expresar palabras de aliento y de elogio sincero a quienes te rodean, evitando el chisme y la crítica que nada bueno dejan. Aplica el sabio consejo que su madre le decía a “Tambor”, el conejito de la película Bambi: “Si al hablar no has de agradar, te será mejor callar”. Descubrirás cómo esas palabras agradables volverán a ti multiplicadas y te harán ganar la buena voluntad de las personas.

Finalmente, redescubre el efecto de tratar de ver la imagen muchas veces “escondida” de las personas, enfocándote en sus puntos buenos en lugar de sus defectos. Como lo digo en una de mis conferencias: “No es difícil encontrar defectos en los demás; eso cualquier tonto puede hacerlo. Pero las personas que hacen la diferencia son aquellas que son capaces de ayudar a los demás a sacar lo mejor de sí mismos, y juntos, trabajar para alcanzar un objetivo común”.

Al igual que aquellos pequeños experimentos de nuestra infancia, éstos que te propongo son también cosas muy sencillas de hacer, pero de igual manera, te aseguro que te maravillarás de los efectos que pueden producir.

En estas épocas de pesimismo exacerbado, como leí en una ocasión, hacen falta más personas que enciendan una vela y menos que maldigan la oscuridad. Y tener una actitud positiva, concentrarte en tus metas y tus sueños, expresar palabras de aliento a los demás y enfocarte en lo positivo de las personas, son excelentes combustibles para encender una vela grande, grande, que seguramente alumbrará a muchos kilómetros a la redonda.

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