Clases presenciales obligatorias

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Ana Medina.
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Ana Medina

Los docentes de todo el estado ya tienen varias semanas tratando de cumplir con sus funciones desde sus centros de trabajos, con o sin recursos; como lo marcó la SET, el regreso seguro gradual y voluntario es solo para los alumnos y de acuerdo a las escuelas que se inscriban en las convocatorias que salen cada viernes. Aquí hay varias posturas que, considero, es bueno analizar.

Primero, el Presidente ha informado que los niños tienen que regresar a las escuelas de todo el país, pero que este regreso a presenciales se dará siempre y cuando los padres de familia lo autoricen.

En este sentido, estoy totalmente de acuerdo, la responsabilidad de decidir mandar o no a sus hijos a la escuela es de los padres, yo como docente no puedo asegurar que los niños seguirán las medidas implementadas desde el día uno, sobre todo si nunca se acostumbraron a hacerlo.

Segundo, que el aprendizaje es mejor de manera presencial. Comprobado, igualmente es una cuestión de sensatez y sentido común, porque de acuerdo a los protocolos no regresan al aula ni todo el horario ni todos los alumnos, y hay que analizar los beneficios y conflictos generados y que se seguirán dando.

Tercero, plantear el regreso como obligatorio (como lo expusieron en redes algunos padres) es una tremenda responsabilidad que los directores no deberían tomar. Entiendo que tengan que buscar la manera de fomentar la asistencia nuevamente porque algunas escuelas que regresaron esta semana mostraron, los primeros días, mucho entusiasmo y luego las ausencias se notaron. No hay constancia. Veremos cómo siguen los inicios presenciales.

Cuarto, los padres han accedido a firmar responsivas por múltiples razones; una de las menos válidas es que ya no saben qué hacer con sus hijos en casa o porque ellos ya regresaron a trabajar y no hay quién los cuide o les ayude con sus tareas. Solo hay que tomar en cuenta que la mayoría de estos maestros, que están dando clases presenciales, a su vez también tienen hijos.

En este sentido algunas maestras que trabajan de manera virtual, pero desde sus centros de trabajo, han optado por llevar a sus hijos a las escuelas (aunque no sean las de ellos) y se han enfrentado a conflictos con algunos directivos. No entiendo cuál es el problema o por qué la falta de apoyo a las madres trabajadoras, sería mejor que lo organizaran con un poco de empatía (esa que tanto se ha pregonado). ¿Qué dice el SNTE al respecto? Ese elefante blanco hace ya buen tiempo que no dice nada.

Último, pero no por eso menos importante, la sociedad critica a los padres que no quieren que sus hijos vayan a presenciales y a los maestros que tenemos nuestras reservas para recibirlos en las escuelas, aunque estemos ahí. La mayoría de estas críticas o alegatos giran en torno a las decisiones de gobierno para reactivar la economía, que estamos en verde y que llegó la feria.

Desde mi punto de vista, si alguno de mis alumnos se enferma de COVID-19 porque su familia hace fiestas, andan en la calle o en la feria o simplemente no toma las medidas necesarias para su cuidado o tantos motivos posibles, la responsabilidad es, ha sido, y será de sus padres y ellos se atendrán a las consecuencias (espero que solo sea un pensamiento catastrófico).

Pero, de lo que sí no tengo dudas es lo que va a suceder si estando en clases presenciales un alumno se enferma, aunque el contagio haya sido en otro lado, lo más seguro es que los padres busquen responsables (en ocasiones con justa razón). No es difícil de imaginar ya que más de una vez como docentes nos hemos enfrentado a este linchamiento mediático por diversas situaciones.

Es cierto que las clases presenciales son una necesidad, pero NO SON OBLIGATORIAS. Sinceramente, considero que mucho de su éxito estará relacionado con la responsabilidad y sobre todo con la actitud de los actores educativos (maestros, pero sobre todo, alumnos y padres de familia). Recordemos que “la actitud es una pequeña cosa que hace una gran diferencia”.