El PRI y su lobo franciscano

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Fernando Acuña Piñeiro.-

En la escuelita de la llamada clase política en Tamaulipas siempre fue un alumno ejemplar. Nunca se le conocieron deslices. Incluso llegó a presumir de grillo mayor, colándose a los cargos legislativos más encumbrados en el sexenio anterior.

En suma, su impecable hoja de servicio carecía de manchas, borrones y enmendaduras. Casi un ángel. Un “harbano” del norte que llegó a presidir la mezquita tricolor, cuando la debilitada fe de las chequeras requería una transfusión de sangre azul.

Y sin embargo, el hombre cooperaba. Por algo lo dejaron llegar, pues lo consideraron un elemento dúctil a la doctrina de los vientos en el 15 y 16 Juárez. Era su aliado, tal vez hasta un poco más.

Pero entonces… ¿qué fue lo que ocurrió?

Cuenta la leyenda que una noche de tormenta la azotea priista se vio flagelada por los latigazos de los relámpagos, y que aquel Presidente tricolor, hasta entonces bueno y servicial a los ojos de la iglesia cabecista, se volvió pecador y se alejó de los caminos de la cooperación y de la alianza.

Una segunda versión narra que la fiera que actualmente ocupa la guarida mayor del PRI, en las rutas paralelas del río San Marcos, era en sus orígenes un lobo bueno y franciscano. Y no era ese rudo y torvo animal, como ahora se le califica desde las cúspides catedralicias del panismo sexenal.

Algunos suspicaces aseguran que ese lobo quiere su refrigerio. Pero otros piensan que bastará con que el varón jefe de Palacio lo mande llamar y le diga: ¡Paz, hermano lobo! Será entonces, aseguran, cuando el feroz lobo del PRI deje su aire arisco, cierre las fauces agresivas y se le cuadre: “A tus órdenes, hermano Francisco”.

¿Serás capaz, le dirá el jefe de Palacio al lobo, que tú me hayas agredido a mi Secretaria General del PRI y que provoques el sufrimiento y la angustia de mi colaborador Arreola, que hayas esparcido el dolor y el llanto de las bases tricolores a mi servicio?

¿Te ha infundido acaso tu rencor eterno Mario Delgado y los de Morena?

Y el gran lobo humilde contestará: “Es duro el invierno presupuestal, desde que se fue el último mohicano tricolor nos quedamos en la orfandad del billete recién horneado. La nómina no alcanza para todos, es terrible el hambre de reflectores y de cariño quincenal en el bosque azul”.

“Desde aquí vi como se llevaban a mis candidatas y a mis candidatos, me hicieron a un lado y me agandallaron, cuando yo quería ser el héroe de esta mini serie tricolor”.

Le responden:

“Pobrecito lobo, reprenderemos al Cachorro porque en el existe mala levadura, a partir de ahora el alma simple del zoon politikon tú vas a tener. Desde hoy habrá presupuesto para ti, y dejarás en paz a mis rebaños de priistas que buscan la alianza para la elección 2022”.

“Te tomarás la foto con Mayra Ojeda y con mi fiel Luis Enrique Arreola”.

Y aquel lobo fiero originario de Río Bravo bajó la testa y aceptó los términos del Palacio azul, como un manso cordero.

El Jefe Francisco convocó a su equipo y les dijo: “El hermano lobo del PRI me juró que ya no nos va a dar lata, y que aceptará la alianza electoral para el 2022”. A partir de ahora se va a disciplinar a nuestro proyecto y, a cambio de ello, tendrá puntualmente su alimento presupuestal”.

El lobo priista se sumó al santo asilo azul, y aparentemente anduvo tranquilo. Solo el tiempo dirá en qué terminará la trama tricolor, y especialmente los Motivos de Melhem. Las apuestas indican que finalmente dará su brazo a torcer.

Por el momento el Ietam le está haciendo manita de puerco al dirigente tricolor.

¿Se doblará o se quebrará el lobo riobravense? Los observadores aseguran que finalmente le dará el sí a la alianza, porque al fin y al cabo no deja de ser un lobo franciscano.