Legislan con ocurrencias

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Rogelio Rodríguez Mendoza.-

Este martes reciente, la bancada de Morena en el Congreso del Estado hizo uso de su fuerza mayoritaria para aprobar en comisiones una reforma a la Ley de Hacienda de Tamaulipas, con la cual elimina el cobro por el emplacado vehicular.

Todavía falta que el Pleno Legislativo avale el dictamen de la Comisión de Finanzas, Planeación Presupuesto y Deuda Pública, pero, de ser así, eso significará que, a partir del año próximo los automovilistas tamaulipecos ya no estarán obligados a pagar por nuevas placas.

En primer plano, la acción legislativa se ve como un gran beneficio para los tamaulipecos, y Morena podrá ufanarse de su autoría.

Sin embargo, la realidad es que, como reza el viejo adagio popular, “podría salir más caro el caldo que las albóndigas”.

Veamos por qué: el costo de las placas en 2021 es de 480 pesos y se cambian cada tres años. Es decir, si se aprueba la reforma, y tomamos como base el precio actual de las láminas, el ahorro por año para el propietario de un vehículo será de 160 pesos.

Un monto verdaderamente insignificante, que desvirtúa, o descalifica, el argumento de los autores de la reforma, de que la medida busca atenuar el impacto económico que la pandemia causó en las familias tamaulipecas.

¿Qué ayuda o ahorro puede significar para el propietario de un automotriz dejar de pagar 480 pesos cada tres años, o 160 pesos al año?

En cambio, el gobierno del estado dejará de recibir ingresos por 560 millones de pesos. Al menos ese fue el dato con que los diputados se Morena justificaron la acción legislativa.

El morenista, Isidro Vargas Fernández, pretextó que esos recursos los recuperará el estado con la próxima nacionalización de casi 300 mil vehículos americanos, coloquialmente conocidos como “chocolates”. Según sus cuentas alegres, ese proceso generará 750 millones de pesos a Tamaulipas. No explicó, sin embargo, de donde obtuvo esas cifras.

Por eso le digo que, “el caldo saldrá más caro que las albóndigas”, ya que los 560 millones de pesos que el estado dejará de recibir están destinados a pagar programas gubernamentales ligados a la seguridad pública y a la prevención del delito.

Evidentemente la consecuencia social para los tamaulipecos podría ser mayor, si se detona un crecimiento delictivo.

Desde luego que, como ciudadanos siempre agradeceremos cualquier ahorro que nos llegue, pero hay ocasiones, como esta, en que algo que podría parecer un beneficio termina siendo un perjuicio.

El tema es grave, por supuesto, pero lo es todavía más que Morena apruebe reformas legales sin realizar un estudio previo que las justifique y que, además, garanticen un beneficio real para la sociedad. Tratándose de acciones legislativas que impliquen afectación presupuestal, deben llevar un dictamen técnico que las justifique. Es algo de sentido común.

De hecho, al inicio de la legislatura, el presidente de la Junta de Coordinación Política y coordinador de la bancada de Morena, Armando Zertuche Zuani, aseguró que harían cambios en el proceso legislativo. Prometió consultar a la sociedad antes de aprobar una iniciativa.

No obstante, lo único que vemos es una bancada morenista que está haciendo lo mismo que hacían el PRI y el PAN cuando tenían el control de la legislatura: imponer a chaleco sus decisiones.

Lo vimos este martes. Pusieron oídos sordos a los argumentos de la oposición, particularmente de los diputados del PAN, Carlos Fernández Altamirano e Imelda Sanmiguel Sánchez, quienes les advertían que el daño social podría ser terrible.

Peor aún: en un evidente desconocimiento del procedimiento legislativo, el morenista Isidro de Jesús Vargas, se negaba a aceptar el debate y las propuestas de los opositores. Sostenía que lo único que debían hacer era votar el dictamen respectivo.

Al final tuvo que recomponer y someter a votación dos propuestas: la contenida por el dictamen original y otra presentada por Fernández Altamirano. Obviamente se impuso la primera.

El problema es que, no se puede o no se debe legislar con ocurrencias. Una cosa es que, en el proyecto de presupuesto se hagan reasignaciones de recursos a áreas que, a criterio de los diputados, puedan ser de más beneficio social, y otra que, como en el caso en cuestión, se eliminen contribuciones porque se piensa que se ayuda a la población, cuando en realidad se le perjudica.

La mayoría parlamentaria no debe ser usada para cumplir caprichos o sacar ventaja política. Ante todo, debe estar el interés ciudadano. Si los morenistas no recomponen el camino terminarán siendo peores que sus antecesores.

ASI ANDAN LAS COSAS.

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De política y cosas peores

Armando Fuentes

Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 24-Nov-2021 .-En el lecho conyugal don Languidio leía el periódico. Le comentó a su esposa: “Aquí dice que últimamente todo ha subido”. “No todo” -acotó secamente la señora. No conocí personalmente a Jean Bodin. Murió en 1596. Tampoco me habría gustado conocerlo. Quizá sería excesivo tildarlo de cabrón, pero no faltaré a la verdad ni a la buena educación si digo que era un sofista, alguien que presentaba la mentira con apariencia de verdad. La gran disputa del siglo dieciséis en materia de política se dio entre dos conceptos: el derecho natural y la soberanía del monarca. Los derechos naturales son aquellos que la persona humana tiene por el solo hecho de serlo. Ninguna autoridad se los concede; no derivan de ninguna ley. Provienen de la naturaleza. Todos deben reconocer esos derechos, y acatarlos. Por su parte la soberanía del rey es absoluta. Eso de “soberanía” tiene que ver con la expresión latina super omnia, sobre todas las cosas. El monarca es absoluto, esto es decir absuelto de cumplir las leyes que a sus súbditos obligan. Ahí surge el conflicto: si el soberano debe respetar los derechos naturales, si éstos lo limitan, entonces ya no es soberano. El derecho natural estaría por encima de él. Bodin -Bodino, para los iusnaturalistas españoles- resolvió el problema con un hábil sofisma: el rey debe respetar los derechos naturales, pero él dice cuáles son derechos naturales y cuáles no lo son. Eso es como afirmar: “Amo a mi prójimo, pero me reservo el derecho de decir quién es mi prójimo y quién no”. En igual o semejante sofisma incurre López Obrador. Predica una y otra vez: “Nada al margen de la ley; nadie por encima de la ley”, pero él hace las leyes a su antojo, por decreto -decretazo-, humillando y ofendiendo al Poder Legislativo y desafiando abiertamente al Judicial. Anula de un plumazo el recurso de amparo, una de las más nobles creaciones del sistema jurídico mexicano, y echa por tierra las conquistas, tan fatigosamente conseguidas, en materia de transparencia y derecho a la información. Otra vez su ilegal comportamiento pone en vilo a la Nación; de nuevo su caprichosa prepotencia pone en jaque a la Suprema Corte, defensora de la Constitución, tan agredida y desdeñada por quien juró cumplirla y hacerla cumplir. No es que vayamos hacia una dictadura: es que ya estamos en ella. Los actos del Presidente son francamente dictatoriales, y ni siquiera se preocupa ahora por disfrazar sus ilegalidades. La ley le estorba, lo mismo que las instituciones, y las hace a un lado con la misma insolencia de los monarcas absolutos del tiempo de Bodin. ¿Cuarta transformación? Quizá se llama así porque sigue a las tiranías que hundieron a Cuba, a Venezuela y a Nicaragua. Y ya no digo más porque estoy muy encaboronado. Mejor cambio de tema. El señor Shapiro estaba en el lecho de su última agonía. Eran las 3 de la mañana; nevaba copiosamente, soplaba con violencia la cellisca y hacía un frio de 15 grados Celsius bajo cero. Con voz apenas audible el moribundo le pidió a su esposa: “Llama al párroco de San Patricio, que venga a darme consuelo espiritual en mis momentos finales”. “¿Al párroco de San Patricio? -clamó la señora-. ¿Te has vuelto loco? ¡Ése es un cura católico! ¡Nosotros pertenecemos a la comunidad judía!”.  “Precisamente -replicó el señor Shapiro-. ¿Tú crees que a esta hora y con este clima voy a sacar de la cama a nuestro amado rabino?”. El papá y la mamá de Pepito le explicaron desde sus primeros años cómo nacen los bebés. Un día el pequeño les reclamó: “Por culpa de las mentiras que me han contado soy el único del barrio que no sabía que a los niños los trae la cigüeña”. FIN.

         MIRADOR.

                   Por Armando FUENTES AGUIRRE.

         Este espejo es tan vanidoso que quiere que le pongan otro espejo enfrente para mirarse en él.

         Esta casa es tan grande que en una de sus habitaciones hizo construir otra casa para vivir en ella.

         Este hombre es tan malo que quienes lo conocen dicen de él: “Es demasiado humano”.

         Esta rosa era tan soberbia que hizo que se marchitaran todas las otras flores del jardín. Cuando se vio sola también ella se marchitó. Comentó un moralista: “El pago de la soberbia es la soledad”.

         Los pecados capitales se llaman así porque producen mucho interés.

         Aquel sabio aprendió tanto que acabó por no saber nada.

         El niño contaba sueños fantásticos. Dijo su padre: “Cuando crezca será un mentiroso”. “No -negó su madre-. Cuando crezca escribirá poesía”.

         ¡Hasta mañana!…

MANGANITAS.

Por AFA.

“. El Dr. Alcocer dice que viene la cuarta ola de la pandemia.”.

         A nadie quiero ofender,

         ni pecar de descortés,

         pero pregunto: ¿Quién es

         ese doctor Alcocer?