Las reflexiones de Bella

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El Contador Tárrega.
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El Contador Tárrega.

“Parada en esta colina, a la que me gustaba venir desde niña, viendo a mi esposo jugar con nuestros hijos, me pongo a reflexionar en las muchas cosas que he vivido hasta llegar a este momento. He vivido experiencias difíciles, otras muy gratas, pero ahora entiendo que todas ellas eran necesarias para llegar a convertirme en la mujer que ahora soy, y si se me diera la opción de volver a nacer, elegiría la misma vida. Un buen amigo me dijo en una ocasión: ‘Todos tenemos dos vidas. La segunda empieza cuando nos damos cuenta que solo tenemos una’. Cuando comprendí eso, decidí disfrutar al máximo cada día de esta vida que se me dio como un regalo.

 

Decidí disfrutar el lugar en el que me tocó vivir, aunque fue una de las cosas que más trabajo me costó. Solía desesperarme por lo que consideraba defectos de mis coterráneos, pero finalmente entendí que, si en vez de concentrarme en ver esos defectos, me concentraba en buscar maneras de mejorar este lugar, los defectos se notarían menos y yo podría apreciar más las cosas buenas de mi terruño. Si Dios ‘me sembró’ aquí (simbólicamente hablando), espero que, cuando lo vuelva a ver, no reciba de mí espinas (reproches por haberlo hecho), sino una bella flor, símbolo de las cosas que hice para dejar este lugar un poco mejor de lo que estaba.

 

Decidí desarrollar y utilizar mi inteligencia. Y aunque he sido muy criticada por ello, aprendí a leer, y mi mente viajó por todo el mundo en compañía de los mejores libros. Es increíble que en pleno siglo dieciocho se nos critique a las mujeres por querer cultivar nuestra inteligencia. Espero que en el futuro las mujeres tengan mejores oportunidades y las sepan aprovechar. Hace unos años un profesor me agredió verbalmente cuando vio que trataba de enseñarle a leer a una niña. Lo que no sabe es que lo seguí haciendo a escondidas, pues el bien no tiene por qué pedirle permiso a la opresión para poder extenderse.

 

Decidí no juzgar a los demás. Por mucho tiempo, inconscientemente, le reproché a mi padre que hubiera abandonado a mi madre. Un día, sin embargo, descubrí que lo que él había hecho había sido motivado por un acto de amor, para protegerme a mí. Descubrí entonces que nuestro entender es imperfecto, y que en el corazón de las personas se esconden muchas veces cosas que no alcanzamos a ver, que las hacen actuar de tal o cual manera. Descubrí que, cuando juzgamos, nos erigimos a nosotros mismos en una especie de dioses, y ninguno de nosotros tiene la sabiduría ni el entendimiento para poder hacer tal cosa. Al dejar de juzgar, me liberé de un gran peso, y eso me permitió ser más feliz.

 

Decidí no hacer caso de las expresiones que frecuentemente recibía. ‘Es tan bella’, ‘es tan hermosa’ me decía la gente desde niña. Descubrí que la belleza exterior tiene fecha de caducidad, y cuando detrás de ella solo hay un corazón soberbio y vanidoso, esa belleza no tiene ningún valor, y será como una máscara que se enmohecerá. En cambio, un semblante lleno de amor es el mejor tratamiento de belleza. Amor por Dios, amor por nuestros semejantes.

 

Y cuando llegó el momento de elegir en el amor, mi corazón se decidió por este buen hombre que estoy viendo. No será agraciado físicamente, pero tiene sentimientos nobles y puros. También por esto he sido criticada, sobre todo después de rechazar a Gastón, por el que todas las chicas se mueren.

 

El otro día, caminando con mi esposo, alcancé a escuchar que una mujer le cuchicheó a otra, ‘Mira, ahí van la bella y la bestia’. Mi esposo también las escuchó y volteó a verme. Sentí casi como si se estuviera disculpando por exponerme a esas cosas. Yo le sonreí con ternura y le di un largo beso lleno de amor, diciéndole: ‘Soy inmensamente feliz contigo. Cada quien da lo que tiene; si esas mujeres solo tienen basura en su corazón, pues eso es lo que dan con sus palabras, pero nosotros decidimos el recibirlas o no. Por mi parte, te elijo a ti, Y si los demás quieren hacer un cuento de nuestras vidas, que lo hagan. No me importa’.

 

Me llamo Bella, vivo en Francia, y muy probablemente no te conozco. Pero quizá algún día mis palabras lleguen a ti, y a final de cuentas, los humanos no somos tan diferentes, así que te comparto estas reflexiones, por si de algo te pueden servir.”

 

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