Qué difícil es perdonar

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Oscar Pineda.
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Oscar Pineda

A menudo utilizamos la palabra perdón en nuestro vocabulario rutinario. Pedimos perdón por cualquier cantidad de cosas simples, pero pocas veces nos detenemos a pensar en el significado de esta palabra, perdón.
Para mí, el perdón es sinónimo de liberar, de dejar ir sentimientos que nos oprimen y nos consumen por dentro.
Recuerdo que en la adolescencia, un día llegué muy enojado a mi casa después de la escuela. Según yo, aquel había sido el día más terrible en mi experimentada vida de 14 años; mi novia, con la que según yo me casaría cuando termináramos los estudios universitarios, me había dado el cortón porque según ella había descubierto que el verdadero amor de su vida era otro muchacho de la misma escuela.
Total que ese fatídico día no se cuantas veces maldije, dejé de comer, me encerré para no ver ni hablar con nadie.
Ya por la tarde, cuando me caló el hambre, salí a husmear a ver qué había quedado en el refrigerador para comer.
Recuerdo que ahí estaba mi abuela preparándose su acostumbrado café de la tarde y sin que yo le dijera nada me miró fijamente con esos ojos aceitunados que tenía y me preguntó sin piedad ¿qué fue lo que te pasó?
Obvio yo no quería hablar con nadie sobre lo sucedido, pero mi abuela, que me conocía bien, y quien además era mi confidente en los temas del amor, me preguntó otra vez, pero ahora con su clásico ¡a mí no me puedes hacer pendeja! ¿Qué fue lo que te pasó?
No tuve más remedio que contarle. Me desahogué y volví a echar madres contra aquella muchacha; mi abuela escuchó callada hasta que terminé mi drama.
Se acercó, me abrazó como siempre lo hacía cada vez que me quería consolar, y despacito me dijo al oído, perdona hijo, perdona.
Pasaron días o tal vez semanas y yo seguía muy enojado, quería hasta que me cambiaran de escuela o de planeta si fuera posible pero mi abuela no dejaba de repetirme perdona, perdona de corazón.
No se si les haya pasado pero yo evité encontrarme con aquella muchacha durante todo el tiempo que estuve en la secundaria.
Pasaron años y yo seguía cargando aquel sentimiento de enojo y frustración, hasta que un día, en un retiro de la iglesia, alguien propuso que pensáramos en una persona a que quisiéramos perdonar, alguien que nos hubiera hecho algo muy grave al que le otorgaríamos el perdón pero desde adentro del corazón, con todo nuestro ser.
No lo dudé ni un momento, inmediatamente su nombre y su rostro se me vinieron a la mente y con los ojos cerrados le dije en voz alta por su nombre y apellido YO TE PERDONO DE TODO CORAZÓN.
Después de eso sentí un alivio que todavía no puedo describir, pero todavía quedaba algún sentimiento que no lograba descifrar.
En ese momento uno de los compañeros del retiro, encargado de hacer las dinámicas de grupo, nos dijo que nos presentaría al verdadero responsable de todos esos malos sentimientos que nos atormentaban
Nos pidió cerrar los ojos un momento, apagaron la luz en el salón donde estábamos, dijo que tal vez nos sorprendería ver a la persona que tendríamos enfrente pero a ese ser debíamos decirle en voz alta TE PERDONO POR TODO, ESTAMOS EN PAZ.
Unos minutos después estaba parado frente a un espejo de cuerpo completo. Todavía lloró al recordarlo.
MORALEJA: el perdón nos ayuda a liberarnos de las cargas emocionales.

POSDATA
La próxima vez que decidas perdonar, hazlo desde lo más profundo de tu ser y establece el compromiso de no romper ese pacto de perdón.