Las posadas escolares

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Ana Medina.
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Ana Medina.-

Las vacaciones invernales están a la vuelta de la esquina, este periodo generalmente es un asunto de familia, de reflexión y convivencia, pues a grandes y chicos nos invade la nostalgia de las fiestas.

Escolarmente hablando, considero que la mayoría de nosotros en algún momento de nuestra educación formal participamos en los eventos de cierre de año.

Las posadas en las escuelas mucho tiempo fueron punto de reunión para la comunidad escolar y sobre todo de participación (aunque siempre ha habido quien lo considera “un gasto innecesario”), el último día o los últimos dos días del calendario escolar en diciembre eran destinados a este fin.

Los maestros semanas antes dedicaban un espacio dentro de sus planeaciones de clase para diseñar, ensayar, programar y organizar la posada de fin de año.

En algún momento estos espacios fueron considerados como “pérdida de tiempo” por las autoridades educativas y se limitaron. No lo olvido.

Pero hubo directivos que los defendieron con uñas y dientes, mis respetos para ellos. Incluso ahora con las caravanas que se han puesto tan de moda.

Estos espacios no solo eran un momento de aprendizaje para los niños y jóvenes, sino una oportunidad para el docente de observar las habilidades que hemos intentado desarrollar en nuestros alumnos durante el primer momento de evaluación.

La comunicación, creatividad, innovación, solución de problemas, memoria, razonamiento, valores como la responsabilidad, el respeto, el trabajo en equipo y muchas otras situaciones se reflejaban en la presentación de estas pastorelas escolares.

No sé ustedes, pero yo sí las extraño… como estudiante y sobre todo como docente.

Siendo el segundo periodo de vacaciones navideñas que los niños inician en casa, es difícil imaginar el cambio en la rutina; educativamente algunos ni siquiera han tenido la oportunidad de conocer esta emoción de preparar o simple y llanamente observar una pastorela.

La escuela pública es laica, y aunque la Navidad sea un festejo principalmente religioso, es innegable el valor agregado que daba a los aprendizajes de nuestros alumnos el participar en una pastorela o posada, que generalmente iba acompañado de una kermes escolar o convivio.

Ahora los niños y jóvenes que se han vuelto individualistas salen a recreo (quienes ya están presenciales) y no pueden jugar “porque no es recreo”.

No pueden compartir materiales o trabajar en equipo porque las medidas preventivas no lo permiten. No es posible llevar una convivencia o interacción que vaya más allá del aprendizaje esperado.

Penosamente, en ningún nivel educativo tenemos la certeza de cómo será el 2022 y si podremos empezar a regresar a la “normalidad”.

Espero en un futuro cercano sea posible volver a tener la oportunidad de organizar y participar en pastorelas escolares, sobre todo porque como docentes sabemos que la educación no es solo el contenido, sino un gran abanico de enseñanzas que se dan (o se daban) a la par de lo que marca el plan y programas.

Sinceramente, espero que como docentes no hayan dejado tarea y nuestros alumnos puedan relajarse esta Navidad.

Felices fiestas.