Amar y compartir

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Pérez Ávila
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El Contador Tárrega

Ahora que están anunciando nuevamente en la televisión la vida de Lupita D’Alessio, recordé que hace muchos años tuve la oportunidad de verla en la obra de teatro “La Novicia Rebelde”, ella interpretando el entrañable papel de María (la novicia), al lado de Julio Alemán como el Capitán Von Trapp; obvio, eso fue antes de que ella empezara su época de “destrampe” y a cantar que ya no sentía nada al hacerlo con cinco (o algo así creo que decía la canción).

La música de esta obra es una verdadera joya que ha trascendido el tiempo. Una de las canciones empieza con una frase que me encanta, y dice: “Una campana no es campana hasta que la tocas. Una canción no es canción hasta que la cantas. De igual manera, el amor no fue puesto en tu corazón para quedarse ahí. El amor no es amor hasta que lo compartes”. Una gran verdad.

En una estación de radio local pasaban un programa llamado “La sobremesa”. Su conductora, Lina García, siempre tenía comentarios muy acertados e inteligentes para cualquiera de los temas que ahí se trataban, e invariablemente terminaba su programa diciendo “y recuerde que a esta vida venimos a amar y compartir”. Otra forma de expresar la misma gran verdad.

En una ocasión preguntaron a un grupo de niños entre cuatro y ocho años qué significaba para ellos el amor. Con verdadero candor y sinceridad, los niños dieron algunas respuestas encantadoras.

Rebeca, de ocho años, dijo: “Cuando mi abuela padecía de artritis, ella no podía agacharse para pintarse las uñas de los pies, de manera que mi abuelo se las pintaba todo el tiempo, aun cuando sus manos también tenían artritis, eso es Amor”.

Cristy, de seis años: “Amor es cuando vas a un lugar a comer y terminas dándole tus papas fritas a alguien sin pedirle que él te dé las suyas”.

Daniel, siete años: “Amor es cuando mamá hace el café para papá y ella toma un sorbo antes de dárselo para estar segura de que está bueno”.

Emilia, ocho años: “Amor es cuando se besan todo el tiempo, entonces, cuando se cansan de besar, todavía siguen juntos solo para hablar. Papá y mamá les gusta hacer eso”.

Nancy, seis años: “Si quieres aprender a amar, deberías comenzar con un amigo a quien odias”.

Norma, siete años: “Amor es cuando tú le dices a un chico que te gusta su camisa y entonces él no se la quita en todo el día”.

Tommy, seis años: “Amor es cuando una mujer un poco vieja y un hombre un poco viejo son todavía amigos, aunque se conocen muy bien el uno al otro”.

Elena, cinco años: “Amor es cuando mami le da a papi la mejor pieza de pollo”.

Laura, cinco años: “Yo sé que mi hermana mayor me ama porque ella me da sus vestidos viejos y sale y compra unos nuevos para ella”.

Marcos, seis años: “Amor es cuando mamá ve a papá en el baño y ella no piensa que él es gordo”.

Grandes verdades, en las bocas más sabias del mundo, las de los niños.

En un concurso para premiar al niño más amoroso, el ganador fue un niño de cuatro años. Su anciano vecino había perdido a su esposa. El niño vio a este anciano llorar en su patio, fue y se sentó al lado de él. Cuando su mamá le preguntó qué le había dicho al anciano, el niño dijo: “Nada, solo lo ayudé a llorar”.

A esta vida venimos a amar y compartir. Hay mil maneras de poder compartir ese sentimiento con el que venimos dotados de manera natural. (Mi buena amiga “Puntos Suspensivos” me mandó una frase que decía: “El amar es natural; el odio se enseña”). Así que hoy te invito a hacer sonar la campana, a cantar la canción, a hacer que el amor sea realmente amor, cumpliendo el propósito para el que fue puesto en tu corazón: Para embellecer este mundo con pequeñas, cotidianas, acciones de amor. Y si la tristeza te embarga por algún motivo, busca un niño que te ayude a llorar, y después levántate y sigue sonando la campana, sigue cantando la canción, pues hay muchas vidas que puedes cambiar, tan solo con darles un trocito de tu corazón.

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