De la truculencia a la hipocresía

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El Contador Tárrega.
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Pérez Ávila.

Aún está desierta la arena, sin gladiadores disputándose el derecho a la vida, a costa del otro que la pierde, luchando por lo mismo. Todavía están vacías las gradas, y ya los cronistas de los encuentros mortales han empezado a festinar los desenlaces.

Me he permitido la libertad de empezar la tarea hebdomadaria, en forma de relato de lo que se llegó a considerar, el pan y circo en la época de los Césares Augustos, para darle un cariz distinto al rutinario, a la lid electoral en puerta.

Sobran en los espacios impresos, o en las transmisiones electrónicas, halagos, denuestos, almíbar, ácidos, frivolidades, seriedad, adulación a raudales, y cataratas de insultos.

No hay en la jauría, ni en la mansa manada, uno solo que se iguale al individuo que se acercó al tirano Dionisio, en una de sus audiencias, diciéndole en voz alta: “Si me das un talento de oro, te indicaré un secreto, gracias al cual, podrás saber el nombre de aquellos que conspiren contra ti”.

Dionisio aceptó darle el talento de oro. El individuo se le acercó y le dijo al oído:

“Dame el talento. El pueblo creerá que te he dicho el secreto que no existe y, así, nadie osará, en adelante, conspirar contra ti”.

La advertencia convenció al tirano de Siracusa, dio el talento prometido, conforme y satisfecho del truco.

El truco, es un juego, lo saben todos. El truco es un engaño, todos lo saben. Estudiosos de la aptitud y la conducta humana, desde hace siglos, aseguran que el hombre no viviría mucho tiempo en sociedad, si no engañara y fuera también engañado.

Tomé, como base, lo dicho por los abanderados del PAN y de Morena, César Augusto Verástegui Ostos y Américo Villarreal Anaya. Aquel asegura: “A los tamaulipecos no les interesa volver al pasado. Los conmino a mantener la unidad, para seguir adelante, por el bien de la entidad”. Por su parte, este (Américo) afirmó: “Tamaulipas quiere, ya, una gente honesta, que se comporte con la verdad, que sea justo y, como decimos en Morena, no mentir, no robar, no traicionar”. Por palabras al aire no queda. ¿Entonces? Yo respondería que son los hechos, no las palabras, los que definen al individuo, al hombre, al ciudadano, y en el caso, al candidato. “Verba volant”.

Si en Tamaulipas la truculencia blablaísta se trenza con la trilogía del no, el tricípe con el cual, López Obrador, se propone cortar las cabezas de Hidra, la corrupción, en tanto los morenistas recitan con vehemencia “No mentir. No engañar. No robar”, en el pujante, trabajador y terco Nuevo León, la hipocresía tira tarascadas a la singular pareja formada por el gobernador Samuel García Sepúlveda y su dinámica, guapérrima, impulsiva esposa, Mariana Rodríguez Cantú.

 

UNA DENUNCIA DESCABELLADA

Morena planteó ante el Congreso de la Unión que se indague y se sancione, incluso penalmente, la sustracción de un menor, por parte del mandatario neoleonés y de su esposa Mariana. Exigen, “una sanción ejemplar para esta pareja”.

-¿Pós qué hicieron tú?- Preguntaría doña Chole.

Obtuvieron permiso del DIF “Capullos de Nuevo León” para llevar a su domicilio por una semana a un niño especial.

Morena ya involucró en su demanda al Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños, y Adolescentes y a la Procuraduría de la Defensa del Menor y a sus homólogos de la entidad.

Tal rigorismo, en defensa y protección de los chiquillos, si se aplicara con justicia, haría de México el Edén de los Niños.