Madres y redes

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El Contador Tárrega.
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El Contador Tárrega

A través del Facebook llegan a veces algunas caricaturas simpáticas. En una de ellas está una señora en la sala de partos, todavía rodeada por los médicos que la asistieron, el pediatra sostiene por los pies a la criatura recién nacida, y la flamante madre, con su celular por un lado, le dice al médico: “Rápido doctor, dígame si es niño o niña para publicarlo en Facebook”.

La famosa red social se ha convertido en esa vitrina en la que nos mostramos al mundo, y las madres no han quedado ajenas a este fenómeno. No es mi intención entrar a esa discusión polémica sobre los motivos que nos llevan a participar en esto, o qué tanto es bueno o malo mostrar de nuestra vida en la red. Al respecto, ya hay mucha gente hablando de ello.

Mi intención, en vísperas del Día de las Madres, es compartir lo que he podido percibir cuando mujeres que conozco publican algo en Facebook, porque en esas publicaciones muestran mucho de lo que traen adentro, del sentimiento de una madre, y esos sentimientos vienen de tiempos inmemoriales, de tiempos en los que la humanidad ni se imaginaba que la red social llegaría a existir.

Por supuesto, todas ellas tienen en común (no haría falta ni mencionarlo) el enorme amor que sienten por sus hijos y el orgullo que les da mostrar sus logros a medida que van creciendo o alcanzando sus metas. Pero además de ese amor y orgullo, a veces las imágenes publicadas muestran algo más.

Ahí, en esas imágenes, te he visto a ti, la madre que tiene que criar sola a su hijo(a), porque el concepto de “paternidad responsable” no fue algo que hiciera eco en el alma de la persona que te ayudó a concebirlo(a). He visto la tristeza en tu mirada, porque muy probablemente tú no planeabas que las cosas resultaran así, pero así resultaron. No obstante, me reconforta el ver que esa personita que está a tu lado, ésa, a la que llamas con ternura “hijo” o “hija”, es capaz de hacerte olvidar esa tristeza y dibujar en tus labios una sonrisa que viene desde el fondo de tu corazón.

En esas imágenes te he visto a ti, la madre que, después de años de vida en matrimonio, se enfrenta al fantasma de la separación o el divorcio y ahora está también sola con sus hijos, luchando a brazo partido por seguir siendo una familia feliz, aun en medio de sus nuevas circunstancias. Y aprendo de ti que el amor de madre es superior a cualquier cosa y que eres capaz de, abrazando a tus hijos, arrojarte y embestir sin temor a lo que sea que pretenda separarlos o hacerles daño.

Te he visto a ti, la madre sola porque la muerte, insensible y cruel, se llevó prematuramente al padre de tu(s) hijo(s). He visto cómo añoras al ser querido que se fue, e imagino tus noches abrazando a tu pequeño y platicándole que desde el cielo hay alguien que los cuida, un ángel al que llaman “papá”. Y me pregunto si en ese momento logran sentir (ruego porque así sea) que ese abrazo no es sólo entre ustedes dos, porque ese ángel está ahí, estrechándolos también entre sus brazos, susurrándoles palabras de aliento para que sigan adelante hasta que llegue el momento de volverse a ver.

Y te he visto a ti, la madre que no has podido serlo. La mujer que no ha tenido la oportunidad de engendrar un hijo de sus entrañas, pero eso de ninguna manera disminuye los sentimientos y afectos tiernos que como mujer posee, y entonces tú, de tu corazón, concibes y das a luz montones de amor para los que te rodean. “Tía”, “Madrina”, “Nana”, son algunos de los títulos con que te llaman, pero bien podrían sustituirse por el de “Mamá de corazón”.

Y por supuesto también te he visto a ti, la madre que, no teniendo algún desafío evidente como los anteriores (que no significa que no los tengas), vas por la vida tratando de honrar ese noble título: “Mamá”.

Lo que me queda claro de todo esto es que sean cuales sean sus circunstancias, y las publiquen o no en la red, las madres forman una auténtica red de amor, entre cuyos lazos, nosotros, los demás mortales, podemos reposar sabiendo que siempre encontraremos ahí amor y fortaleza, ternura y consuelo, por lo que ruego las bendiciones de Dios para todas ustedes. Que disfruten enormemente su día, y que Dios las siga llevando siempre de Su mano.

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