¿Lo nuestro es el caos, en vez del orden y la ley?

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Ma. Teresa Medina Marroquín.
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Ma. Teresa Medina Marroquín.-

Entre tanto los candidatos y los partidos políticos, así como las autoridades del Gobierno de Tamaulipas como las instancias electorales llegan a un punto de acuerdo (incluyendo las eventuales disculpas públicas que se dice remotamente se darían), nadie habla de la angustia que estos conflictos generan a la población.

Poco importa, si a esas vamos, que el debate de la Coparmex para que Américo Villarreal, Arturo Diez Gutiérrez y “El Truko” Verástegui lo sostuvieran este viernes, tuviera la trascendencia proyectada teniendo encima una confrontación en la que todos los actores afirman tener la razón.

Sería muy presuntuosa (y sobre todo muy irresponsable) sostener que comprendo realmente todo ese contexto de conflicto político.

Un contexto sumamente complejo donde la gente de Morena expresa que las declaraciones del Titular del Ejecutivo Estatal son, para empezar, “un acto de desesperación electoral” (eso dicen), cuyo trasfondo tiene el propósito de que el mandatario pretende meter las manos en la elección, ya que, según el equipo de campaña de Villarreal Anaya, el candidato César Verástegui Ostos, va muy por debajo en las preferencias electorales.

Analistas políticos también reflexionan que las acusaciones de Francisco García Cabeza de Vaca contra Américo Villarreal, de haber tenido nexos con Sergio Carmona, el empresario asesinado en San Pedro Garza García el 22 de noviembre pasado, y ligado al tráfico de “huachicol”, suscitó graves preocupaciones entre los morenistas, porque al aplicarse la ley contra los cómplices “carmonizados” (o que por lo menos se vuelvan a difundir tales nexos) se presentaría un caos cuyos efectos disminuirían directamente el liderazgo del Senador con licencia en las encuestas.

NADIE DEBE OLVIDAR EL 28 DE JUNIO DE 2010

Pero no perdamos de vista que las alteraciones que estas graves acusaciones, de entrada políticas, inciden entre la población que clama vivir en un entorno pacífico, no han sido lo suficientemente consideradas.

Los límites a los que se están llegando son muy peligrosos, esa es la percepción; y más cuando de pronto todo parece que no existiera contra esta proliferación de iniquidad política una autoridad que meta orden y aplique de inmediato la ley.

Y es que las cosas igual pueden ser muy sencillas, si esas autoridades ministeriales y judiciales tuvieran la disposición a hacerse cargo de las investigaciones.

Ya lo decía antier en “Los hijos del diablo que fingen ser hijos de Dios”: “¿Qué quiero decir con esto? Sencillo: que no hay justicia que valga sin Estado de derecho que sirva”.

Es decir, si alguien está infringiendo la ley electoral o si otros tienen cuentas pendientes con la justicia al haber establecido alianzas con empresarios mafiosos, ¡qué paguen!

Ese esquema reduciría drásticamente los gravísimos dimes y diretes, quedando sólo sobre la mesa las pruebas de quienes acostumbran violar sistemáticamente la ley, degradando el entorno político y social y, lo que es mucho más grave: amenazando permanentemente con colapsar el sistema político que equilibra a las instituciones de Tamaulipas.

Nadie debe olvidar, mucho menos la gente dedicada a la política, los hechos repugnantes, sanguinarios y bárbaros ocurridos aquel 28 de junio de 2010, hace casi 12 años, cuando fue privado de la vida el doctor Rodolfo Torre Cantú, candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas.

Asesinado también en ese mismo escenario de atrocidades el diputado Enrique Blackmore y heridas seriamente otras personas, y levantándose una condena nacional por un crimen que hasta el día de hoy se encuentra totalmente impune.

¿Acaso es este el ambiente que debe vivir el pueblo de Tamaulipas? ¿Lo nuestro es el caos, en vez del orden y la ley? ¿Somos caóticos y al mismo tiempo portadores de una democracia cuya conciencia protesta contra su propia maldad? Claro que no. Sólo somos la parte sufriente de un sistema político que no ha podido ser renovado, completamente.

¡Feliz fin de semana!

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