Combinación letal

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Pérez Ávila.
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El Contador Tárrega

Provengo de una generación en la que los trabajos formales de la escuela se hacían a máquina de escribir. Al elaborar un trabajo, primero tenías que alinear bien la hoja para que los renglones no quedaran chuecos. Si te equivocabas, tenías que aplicar una capa de corrector líquido, soplarle y esperar pacientemente a que se secara para poder reescribir encima. Lo más engorroso era si el trabajo era en varios tantos, para lo cual usabas el papel pasante (jóvenes, favor de remitirse al diccionario de términos obsoletos o arcaicos). Pero no era tan difícil, sobre todo si, como yo, contabas con una moderna y portátil máquina de la prestigiada marca Olivetti. Lo último en tecnología mecánica.

La gran ventaja que teníamos es que el corrector líquido no nos hacía esas jugarretas que hoy en día hace el auto corrector de los sistemas modernos. Los errores de los alumnos contemporáneos, aunados al susodicho corrector, forman una combinación letal, sobre todo si no se tiene la precaución de leer lo escrito antes de imprimirlo. Y para muestra, algunos ejemplos.

Un alumno, hablando de los créditos que se podían obtener en un banco, no le puso acento a “créditos”. El auto corrector hizo de las suyas y su trabajo terminó diciendo lo siguiente: “En este banco se pueden obtener diferentes tipos de cerditos”. Así que, hete ahí que un trabajo de investigación terminó siendo, gracias a la “inteligente” intervención del auto corrector, un tierno cuento infantil. Solo faltó que apareciera también el lobo feroz.

Otro equipo de chicas, al preparar el Estado de Variaciones en el Capital Contable, se “comió” una “i”, y lo que me entregó decía “Estado de Vacaciones en el Capital Contable”. O tal vez fue su subconsciente que las traicionó y reveló en lo que estaban pensando.

Otro grupo de alumnos me hizo recordar el chiste del viejito que, en una reunión, empieza a leer su discurso y dice: “Amigos, setenta monos. No, no, no, no, no, perdón, sentémonos”. La falta de un acento y una “s” por una “c” provocaron esta frase en su trabajo: “Se dice que la gasolina bajó dos sentábamos” (no, no, no, no, no, perdón, la gasolina bajó dos centavos).

En otros casos, la “comida” de letras da por resultado alguna palabra que el corrector da por buena, y no la modifica, para desgracia del autor. Fue el caso de la chica que, queriendo hablar de los gastos en el presupuesto de egresos, me puso que, de los “gatos” programados, $333,900 estaban destinados al gobierno. Le pregunté que para qué tanto gato destinado al gobierno, que si acaso era para acabar con tanto ratón que hay ahí.

O la que, queriendo referirse a la “empresa”, me habló de los trabajos que realizaría en la “esa” del cliente. La verdad, sí me dejó bastante preocupado. Otras, en vez de “moneda”, me pusieron que la “monada” mexicana se estaba devaluando (ya lo creo que sí, sobre todo en esta época de “Trumpadas”). Pero peor estuvo la que, tratando de explicar que en las operaciones de factoraje se ceden los derechos de cobro de una factura a un banco, declaró sin miramientos que el banco se “encagaría” de cobrar. Está bien que sea una labor bastante enojosa, pero no creo que sea para tanto.

Y ya de pilón, están los que plasman en sus tareas algún “lapsus” auditivo ante el cual el auto corrector queda incapacitado para actuar. Es el caso de aquella joven que, al pedirles que me hicieran un resumen de una conferencia que dio un joven colombiano que mencionó ser de Bucaramanga, inició su trabajo diciendo que el conferencista era de “Cucaramacara”, Colombia.

Así que, como verán, el auto corrector, entre que hace y no hace, ha vuelto bastante divertida mi tarea de revisar los trabajos de mis alumnos, además de darme material para mis publicaciones en Facebook, pues como les digo al empezar con un grupo nuevo: Todo lo que digan – o escriban – podrá ser usado en un meme.

Mi esposa quiso mandarme hace días este mensaje por su cel: “Mchas, si no es Chana es Juana”. Gracias al diabólico y multicitado implemento, me llegó lo siguiente: “Muchas si no es China es Jalar”. Y yo devanándome los sesos tratando de entender, preguntándome si acaso sería algún mensaje en clave. Así que, ¿cuántas más, auto corrector, cuántas más? De veras que a veces me dan ganas de ir a desempolvar mi Olivetti y a comprar mi cajita de papel pasante. Al menos con ésos, no andaba uno publicando barbaridades. Bueno, bye.

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