Carpinteros y Ebanistas de Victoria

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Francisco Ramos Aguirre.-

La carpintería es uno de los oficios más antiguos del mundo. Según el censo poblacional de 1851, ese año existían en Ciudad Victoria cuatro carpinteros especialistas en construir techos de casas, mostradores comerciales, estanterías, muebles del hogar, féretros y carruajes.

Ellos eran Agapito Villegas, Vicente, López, Gregorio Ramos y Francisco Flores. Con el tiempo, la cifra aumentó considerablemente de acuerdo a la demanda y crecimiento urbano. Lo cierto es que para 1878 ejercían dicha actividad treinta personas.

Entrado el siglo XX, en agosto de 1914 Manuel Arredondo anunciaba su Taller de Carpintería en el Nueve Matamoros y Guerrero, con hechura de puertas, ventanas, vidrieras, muebles finos y corrientes. De igual manera, ofrecía reparación de coches y toda clase de vehículos.

Por su parte, la Agencia de Inhumaciones de María J. González del Ocho Bravo, vendía cajas que ellos mismos fabricaban. Además, eran especialistas en “…toda clase de carpintería, construcción y reparaciones de coches…” En diciembre de 1919, operaba el Gran Taller de Carpintería de José R. Cárdenas en Cristóbal Colón y 18 con trabajos concernientes en el ramo, cajas mortuorias y lo relativo a inhumaciones.

Durante los años veinte, dentro del contexto de los movimientos obreros, se fundó en Victoria el Sindicato de Carpinteros y Similares, quienes dentro de las campañas de odio a los migrantes propias del gobierno de Plutarco Elías Calles, propusieron que Tamaulipas “…dejara de ser asilo de avaros extranjeros, que en lo único que piensan es en acumular riqueza.”

A mediados de la década de los veinte, al crearse la Escuela del Niño Industrial Álvaro Obregón, se graduaron los primeros ebanistas y carpinteros. Uno de ellos fue Jesús González Almaguer, originario de Padilla. Maestro de dicha institución, quien después de laborar en Estados Unidos instaló su taller de ebanistería, donde diseñaban muebles de diferente uso, entre ellos un comedor labrado que en los años cincuenta adquirió por obsequio el gobernador de Texas.

De igual manera, entabló relaciones comerciales con los dueños de mueblerías locales, entre ellos Bernardo Loperena, a quienes vendía muebles sobre pedido. En los años cuarenta y cincuenta se especializó en mobiliario escolar que distribuía a todo el estado.

Otros maestros recordados de la Escuela Industrial fueron Domingo Echavarría Echavarría, quien impartía clases de ebanistería; mientras Silverio García Sustaita y Manuel Ulíbarri Nava de carpintería.

Para la década de los treinta se promovía a través del periódico Unificación -1935- este importante modelo educativo, donde se realizaban funciones no sólo pedagógicas, sino también de fábrica de muebles, herrería, panadería y talabartería con una alta misión de servicio social: “…Sus talleres, a la vez que sirven de aprendizaje a sus alumnos, brindan sus productos al público. Envíen sus órdenes a La Industrial.”

En 1942, los hermanos José y Francisco Marroquín instalaron su taller de carpintería en el 12 y 13 Hidalgo, donde también abrieron la Mueblería Marroquín. En ese local ofrecían con facilidades de pago muebles de sala, comedores, trinchadores, escritorios, trasteros y otros artículos. Sus propietarios llegaron a Victoria provenientes del Cercado, Nuevo León, en búsqueda de un mejor mercado y reconocimiento de su trabajo.

En esa época uno de los carpinteros más conocido de la localidad era Rodolfo Rodríguez Requena, maestro de la Escuela Industrial Álvaro Obregón, para entonces un plantel donde se prepararon numerosos carpinteros.

Algunas de las obras de ebanistería de los Marroquín que aún perduran son la enorme barra bien decorada de la cantina del Hotel Los Monteros y las puertas interiores de la Presidencia Municipal.

Para diciembre de 1944 el negocio se cambió al Once Hidalgo. En esa época, el Gobierno fomentó la cultura política nacionalista enfocada a la educación y economía, lo cual se refleja en los anuncios publicitarios de entonces “Haga Patria, Consuma lo que Victoria Produce. Cómprele Muebles a Marroquín. A sus Órdenes en su Nuevo Local.”

También estaban de moda las agencias de máquinas de coser Singer, representadas por Raúl Treviño. La mueblería cerró sus puertas a mediados de los cincuenta, cuando al carecer de techo financiero sólido, no lograron competir con negocios de ese ramo donde se invirtieron grandes capitales, incluso sus propietarios se asociaron a empresas poderosas, como Salinas y Rocha.

Dos de esos comercios eran La Malinche -Hidalgo Número 4- de Eduardo Núñez Tejeiro, especialista en sillería. Además de muebles vendía juguetes, sombreros, calzado, radios y ropa, con anuncios propios del consumo local: “¿Es usted Tamaulipeco? Proteja la industria local; y si no lo es, por gratitud protéjala también.”

En cambio, la Nueva Mueblería propiedad de Manuel Villarreal Garza e Hijo, fue abierta en la segunda década del siglo XX, que al paso del tiempo se convirtió en Mueblería Villarreal Caballero. Inicialmente estaba ubicada en la calle Hidalgo Ocho y Nueve, después en Hidalgo 16 y sobre las avenidas Hidalgo y Francisco I. Madero.

Uno de sus mensajes publicitarios sin tintes discriminatorios, se refería a la crisis económica posterior a la Segunda Guerra Mundial: “Nunca hemos tenido competidores porque nuestros precios están al alcance, tanto de pobres como de ricos.”

Al paso de los años el taller de carpintería Marroquín se cambió a la calle Guerrero 19 y 20, donde laboraron 40 operarios entre ebanistas y carpinteros, con diferentes especialidades. Algunos cortaban de manera manual los troncos de ébano, cedro, sabino, encino para elaborar tablones con una herramienta llamada “cerrote.”

Ahí mismo laboraban tejedores de palma combinada con “hoja ancha” para muebles. Por varias décadas fabricaron sillas, comedores, camas, escaleras torneadas, cocinas y otros productos.

Algunos de sus clientes pertenecían a familias locales renombradas, entre ellos Corcuera, Cárdenas, Reséndez y Montemayor. Otra carpintería era El Gramil del 18 Méndez, inaugurada el domingo cinco de junio de 1955 en el contexto de una “…rica y apetitosa comida.” El taller era propiedad del señor Estanislao Morales, quien se puso a las órdenes de los victorenses.

La fama y mano de obra calificada de carpinteros victorenses, ha trascendido a través del tiempo. En este sentido, la modernidad, fabricación industrial de muebles en serie y apertura del mercado internacional no han logrado sustituir la actividad profesional de este gremio, reconocidos como verdaderos creadores del arte mueblero y ebanistería.