El efecto Vader

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El Contador Tárrega

Algunos de mis alumnos se sorprenden cuando les digo que soy fan del universo Star Wars, y más cuando ven que cargo entre mis “tiliches” algunas figuritas de los personajes de esta serie de películas. Lo que pasa es que “hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy muy cercana”, yo era un joven preparatoriano cuando la primera película salió, causando furor entre los jóvenes de la época. Y al igual que muchos de aquel entonces, llegué a sentir cierta fascinación por el enigmático personaje de Darth Vader, con su llamativo casco-máscara negro. En ese entonces incluso llegué a colgarme del pescuezo un collar con el casco de este villano en brillante metal negro. Era yo la envidia de mis compañeros.

Años después, ya siendo un padre de familia, la saga volvió a la fama al estrenarse la cuarta película (el Episodio I), la cual por supuesto fui a ver con mi hijo Chuy. Llamaba la atención el cartel publicitario, mostrando a un niño pequeño (Anakin Skywalker) realmente encantador, del cual se proyectaba la sombra de Darth Vader. Al ver la película confirmabas que ese niño, que de alguna manera desconocida hasta ese momento llegaría a ser el cruel tirano de la serie, en realidad era encantador: tierno, amoroso, dulce, y uno se preguntaba cómo iba a ser posible que llegara a transformarse tanto y tan desfavorablemente. En una de las escenas, cuando Yoda tiene contacto con el niño, este líder de la fuerza desliza las palabras que serían la explicación para esa transformación al decir “percibo que hay mucho miedo en él”. Y más adelante, en el episodio III, explican esta secuencia: “El miedo lleva al enojo, el enojo lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento”.

 

DOS EMOCIONES BÁSICAS

Dicen los que saben que solo existen dos emociones básicas, el amor y el miedo, dependiendo cuál de ellas permitamos que habite en nuestro ser, serán las emociones secundarias que se desarrollarán en cada uno. El amor nos lleva a lo que en la película se definiría como “la luz” o “la fuerza”, mientras que el miedo nos conduciría a otra serie de emociones más oscuras. Y esa es la premisa que toda esta serie de películas mantienen, que en toda persona hay una permanente lucha entre cuál de los dos lados escogeremos.

El miedo (miedo a perder, miedo a no ser suficiente, miedo a un futuro que creemos amenazador, etcétera) como emoción detonante del “lado oscuro de la fuerza”, puede desencadenar emociones que incluso pueden llegar a ser adictivas: la inseguridad, el odio, el victimismo, la preocupación, la culpabilidad, la depresión, la vergüenza, el sufrimiento, la frustración, la tristeza, la aversión, la envidia, la ira, el resentimiento o la agresividad, entre otras.

El amor, por otro lado (amor a uno mismo, amor al prójimo, amor a la creación…), nos conduce a cosas tan loables como el perdón, la auto aceptación y la paz interior, y logras encontrar la forma de dar al mundo lo mejor de ti mismo, lo que definitivamente trae más luz a tu propia vida y a la de aquellos que te rodean.

 

EN UNA DIRECCIÓN O EN OTRA

En “El arte de amar”, Erich Fromm define el amor no como algo que te sucede o que recibes, sino como un arte que debe cultivarse con práctica y con esfuerzo, el arte de dar a los demás la expresión de tu verdadero ser, enriqueciendo al mundo entero con tu contribución única.

Todos nosotros nacimos siendo como Anakin, tiernos, amorosos, dulces, pero a medida que crecemos, las emociones que nos permitimos albergar en nuestro corazón nos van llevando en una dirección (la luz) o en otra (el lado oscuro). Así que revisa bien hacia dónde se ha inclinado más tu balanza personal, para que aquello que ocurrió “hace muchos, muchos años, en una galaxia muy muy lejana”, no te suceda a ti, pues, aunque ciertamente el aspecto de Vader puede ser muy atractivo, vivir como él, lleno de miedos, ira y resentimientos, no creo que lo sea tanto.

Lejos de permitir que el efecto Vader te toque y te llene de amargura, sigue la admonición de la Madre Teresa: “No dejes que nadie venga a ti sin irse mejor y más feliz. Sé la viva expresión de la bondad; bondad en tu rostro, bondad en tus ojos, bondad en tu sonrisa, bondad en tu saludo afectuoso”.

Esta actitud liberará la fuerza de tu luz, que créeme, es más potente que “el lado oscuro de la fuerza”, pues ante la luz, invariablemente, las tinieblas huyen despavoridas. Que la fuerza te acompañe en tu batalla.

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