Padre vs hijo

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Mauricio Zapata.
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Mauricio Zapata 

Estos son los relatos de fin de semana de este espacio Punto por Punto.

Hoy les contaré de la única rivalidad que tenía con mi papá.

En realidad, nunca las hubo como tal. Soy muy parecido a lo que era él, tanto física como en la forma de ser. Prácticamente el 80 por ciento de mí, es mi padre.

Siempre nos llevamos bien.

Sin embargo, nunca coincidimos en el amor al equipo de futbol.

Él era un americanista de hueso colorado. Y cuando digo hueso colorado es que así lo era. Con decirles que una de mis hermanas se llama América.

Obviamente, él siempre quiso que yo tuviera esa misma afición, pero por alguna razón no se dio.

La primera vez que me llevó a un estadio fue a un América vs Atlético Español. Tendría yo unos cuatro años. Ganó el Atlético. Mi papá me llevó al Azteca vestido de amarillo, pero me llamó mucho más la atención el uniforme del rival que el del América.

No. No le fui al América.

Después me llevó a un clásico. Ganaron las Chivas y seguía sin irle al América.

Pero mi abuelo materno era arquitecto y trabajaba en la UNAM. Y estaba encargado del mantenimiento del estadio de CU. En varias ocasiones me llevaron a los partidos de los Pumas y ese equipo sí me llamó la atención desde la primera vez que lo vi.

Todo se consumó cuando vi en vivo cómo ganaron el campeonato 80-81 frente al Cruz Azul. Tengo muy bien guardado en la memoria cuando cargan en hombros a Hugo y Negrete y cuando Sánchez levantó la copa.

Desde ahí soy puma. Y quienes me conocen saben sobre mi afición al equipo de la Universidad Nacional.

Y cada vez que jugaban los Pumas contra el América, lo disfrutaba mucho con mi papá. Incluso aquella polémica final de 1985.

O aquella del 90-91, que ah cómo disfruté.

Muchas veces fuimos mi papá y yo, ya sea a CU o al Azteca a ver aquellos juegos que se ponían buenos entre los auriazules y amarillos.

El que perdiera, uno de le decía al otro en tono tierno: “ya, ya, ya…” tocándole la espalda o el hombro a manera de consuelo, pero más que consuelo ¡era burla!

Cuando viví en la Ciudad de México ya de joven o en Chiapas, y tocaba partido América vs. Pumas, una vez terminado el partido, el ganador le hablaba al perdedor para la ya famosa “ya, ya, ya…”

Era una muy divertida rivalidad.

Me cae gordo el América. Pero mi ídolo de toda la vida era americanista.

EN CINCO PALABRAS.- Esas rivalidades son mucho mejores.

PUNTO FINAL.- “Una palabra mal dicha, dice más que mil imágenes bien hechas”: Cirilo Stofenmacher.

Twitter: @Mauri_Zapata