Congreso: de casa del pueblo a blindaje de opacidad

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Fernando Acuña Piñeiro 

En estos momentos, el Congreso local ha dejado de ser la casa del pueblo, como se le definió durante la breve hegemonía morenista, para convertirse en el bunker de un grupo de legisladores panistas que le han dado la espalda a las ciudadanas y ciudadanos de Tamaulipas.

Lo anterior se traduce en la aprobación de reformas y adiciones a las leyes que van en contra de la sociedad, y que tienen como propósito el blindaje transexenal de una administración caracterizada por la opacidad en el ejercicio del poder.

Este es el contexto en el cual se enmarca lo sucedido en la madrugada de este primero de julio, en la cual los diputados azules decidieron, de manera arbitraria y antidemocrática, diversas reformas y adiciones que buscarían abonar en el clima de zozobra y miedo que actualmente prevalece en nuestro estado.

De acuerdo a las denuncias formuladas por diputados morenistas, los legisladores del PAN se habrían servido con la cuchara grande al aprobar todas las cuentas públicas del 2020 y del 2021 correspondientes a los ayuntamientos, así como a algunas dependencias estatales, sin revisarlas como lo marca la ley, y traicionando los intereses del pueblo de Tamaulipas.

Esto fue lo que realmente ocurrió, sin embargo, la bancada del PAN ha tendido una cortina de estridentismo, montando toda una campaña mediática contra la legisladora de la marca guinda Magaly Deandar, acusándola de que en un forcejeo por una urna donde se depositaban los votos, se afectó a una de las legisladoras neopanistas ex compañeras de la bancada Morena.

En descargo de la diputada Magaly, creemos que lo que ella hizo se enmarca dentro de una postura política de congruencia con los principios de la Cuarta Transformación postulados por el presidente Andrés Manuel López Obrador: no robar, no mentir y no traicionar.

No robar, porque con las reformas aprobadas por los del PAN se está abriendo la puerta a la corrupción y se está convalidando desde las mismas instituciones políticas de nuestro estado, un clima de opacidad, contrario a la rendición de cuentas.

No mentir, porque utilizando la maquinaria del poder se está montado toda una campaña de medios encaminada al linchamiento informativo de una mujer militante de Morena, y considerada como una de las legisladoras guindas más combativas y congruentes con los principios de la 4T como lo es la diputada Magaly Deandar Robinson.

Y no traicionar, porque la serie de maniobras de carácter legislativo realizadas por parte de la bancada del PAN se inscriben dentro de la más condenable y artera traición contra el pueblo de Tamaulipas.

La rueda de la historia sigue girando, y en su momento, las mayorías ciudadanas de nuestro estado pondrán en el banquillo de los acusados a quienes ofendieron y pisotearon los legítimos sueños y anhelos del pueblo tamaulipeco.

Es cierto que uno de los vicios más comunes de la llamada democracia representativa consiste en que, quienes se ven beneficiados por diputaciones u otros cargos de elección popular, sienten que no le deben nada al pueblo, sino a los padrinos que los encumbraron.

Sin embargo, en el caso de los legisladores locales de la bancada panista en Tamaulipas, hablamos de una situación que rebasa todo decoro y dignidad, operando como una fuerza beligerante y facciosa al margen por completo del mandato que les confirió la ciudadanía.

Como ya hemos visto en las más recientes elecciones tamaulipecas, donde el pueblo emitió su puntual e irreversible veredicto; hoy, ese mismo ente colectivo está viendo la traición de la bancada panista.

En este sentido, el pueblo de Tamaulipas, el mismo que acaba de decidir su rumbo por los próximos seis años, habrá de enjuiciar a quienes hoy están ofendiendo sus intereses.