Evaluación Final

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Ana Medina.
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Ana Medina

De acuerdo con el calendario escolar y con todas las “adecuaciones hechas”, las evaluaciones finales para la mayoría de las escuelas de nivel básico se concluyeron esta semana. Muchos padres se quejaron de que los docentes dijéramos que: “los niños ya están evaluados y que es decisión de ellos llevarlos a la escuela o no”, pero es verdad que la realidad es así.

Nos pidieron las evaluaciones para un mes antes de salir de vacaciones, literalmente la SEP informó que, aunque las clases ya son presenciales la asistencia no es obligatoria, así que el mínimo para los alumnos es seis.

Tristemente creímos que al ser la jefa suprema un docente, por primera vez tendríamos alguien que guiara las normas de acuerdo con la base, de acuerdo con el verdadero interés en el aprendizaje de los niños. Pero de eso nada.

Con el paso del tiempo los maestros tenemos menos autoridad y nos han quitado completamente el libre albedrío a la hora de las evaluaciones de nuestros alumnos. Sin apoyo en casa, sin tareas, sin materiales y sin aprendizaje somos nosotros los que quedamos mal a no poder nivelar el rezago educativo en un par de meses.

Es innegable que toda esta generación de alumnos llevará un atraso, pero eso no tiene nada que ver con la pandemia, sino con esa necedad de tener que pasarlos de año aún sin nos aprendizajes básicos para los grados que medio cursaron en los últimos dos ciclos escolares.

La irresponsabilidad de algunos padres de familia (no todos obviamente, lamento si a alguien le cae el saco y no le corresponde, no se lo tomen personal) es impactante como maestro.

En todas las escuelas hay historias de niños que están cursando primaria alta y no saben leer, que ingresan a secundaria sin conocer operaciones matemáticas básicas o de medio superior sin comprensión de lectura. Las anécdotas son graciosas porque ya solo nos queda tomarlo con humor.

Pero la verdad es que no es gracioso.

Oficialmente, los docentes (por ley) están en su derecho de no poner ninguna calificación a sus alumnos, colocar la leyenda “sin información” en su acta de evaluación y deberíamos hacerlo, pero la realidad es que pocos directivos se atreven.

El simple hecho de seguir pidiendo estrategias remediales es una burla para el magisterio, el docente es el encargado hasta de acudir al DIF para ver los casos extremos de los niños de quienes no supimos nada todo el ciclo escolar. Ya basta.

Estas calificaciones aprobatorias para los alumnos irresponsables, ausentes, sin compromiso, sobre todo sin aprendizajes básicos impactan negativamente en el resto de la población escolar.

Nuestros alumnos (los que si se esfuerzan) están creciendo bajo la idea que no importa si los demás son flojos, de todos modos, pueden seguir a la par de ellos.

Sé que esto no debería importarles (que cada uno se dedique a lo suyo, dicen), que a la larga la vida o el futuro profesional se vera mermado para quienes han avanzado en la escuela sin conocimientos básicos, pero verdaderamente para quienes han trabajado arduo por sus calificaciones es sumamente frustrante que los maestros dediquemos mas tiempo a las clases remediales de quienes “no lo merecen”.

Aumentarle días al calendario escolar en lugar de beneficiar simplemente deja alumnos y maestros exhaustos, ¿qué caso tiene si al final igual pasa quien asistió dos días o 200?

El próximo año habrá quienes digan (niños y jóvenes): “que más da que venga a clases o no, si como quiera no me van a reprobar”.

Como alumnos no vemos lo perjudicial del ausentismo a largo plazo, ni que no es culpa del compañero sino de sus padres; muchos solo ven que ellos si cumplen, ellos sí están, y los otros no.

Lo único real es que con estas actitudes por parte de la SEP el rezago será cada vez mas grande. Y entonces tendremos el siguiente ciclo a las autoridades tratando de abatirlo, tratando de trabajar más con esos alumnos y restándoles atención a quienes sí llevan un aprendizaje de acuerdo con su nivel.

Una evaluación final apegada a la realidad del alumno ayudaría realmente a verificar el nivel e iniciar el ciclo escolar con estrategias para atender las áreas correspondientes y así disminuir el tan odiado rezago educativo. Pero no es así como se está haciendo.

Al final la baja calidad en la educación en México es culpa de los maestros y eso ningún plan nuevo lo podrá modificar mientras la cultura escolar siga siendo la del menor esfuerzo para muchos.