Danza grotesca

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Alicia Caballero Galindo.
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Alicia Caballero Galindo.

La noche está muy oscura; los pies me duelen porque no dejan de tropezar por el camino. Cada vez me siento más torpe para sortear tantos obstáculos que en las tinieblas no distingo, por eso no los puedo eludir, me golpean y lastiman. Los sonidos de mi cuerpo se me figuran los de una fábrica en plena actividad, mis intestinos rugen por el hambre, la sangre, a su paso por mis sienes, mi cuello y los globos de mis ojos, es como un golpe de martillo. Mi paso acelerado y rítmico hace que el aire al entrar y salir de mis pulmones produzca un sonido sordo y monótono que acaba por sincronizarse con mis pasos. Mis pupilas se esfuerzan por encontrar entre las sombras el camino que por momentos se me pierde. Entonces pienso ¡cómo quisiera ser gato o lechuza para ver entre las sombras y tropezar menos! Parece que somos muchos los que transitamos por el mismo camino, pero no nos podemos ver entre sí porque la oscuridad y el miedo no nos dejan siquiera voltear. Seguimos caminando hacia adelante. El destino no es muy claro, sólo sé que debo caminar sin descanso hacia adelante y defenderme como pueda de las piedras que me golpean por donde paso. A ratos me siento como ciervo en la sabana ante una manada de leones; sé que van a atacar sin remedio y alguien caerá para alimentar a los felinos. Sólo me resta pedir a… ¡ya no sé a quién!, pero pedir que no sea yo la presa elegida. Es inhumano, pero cuando alguien cae a mi lado, en ese momento, ¡me alegro de no ser yo! Es algo cruel y contrario a la naturaleza solidaria de los seres humanos, pero así están las cosas. Cuando la luna se abre paso entre las nubes espesas y pesadas que la cubren, alcanzo a distinguir que muchos de los obstáculos con los que tropiezo, ¡no son piedras! Sino cabezas que por causas ignoradas quedaron en la vereda y tropiezo con ellas. Al aventarlas, van chocando unas con otras, produciéndose una danza grotesca y extraña. Casi todas tienen los ojos abiertos y los labios secos de gritar, pero ya no tienen garganta ni saliva que los humedezca. En esos ojos ya sin vida, quedaron historias que no podrán ser contadas. Yo me estremezco y sigo caminando porque quiero llegar pronto a mi destino que, por cierto, ignoro, pero debo seguir. A veces se torna difícil el camino, cuesta arriba las piernas me duelen del esfuerzo que se multiplica porque camino a ciegas y cuesta abajo, me da miedo no poder detenerme y caer en un abismo sin fondo, no me puedo detener, mi instinto me dice que debo caminar hacia adelante, siempre caminar sin detenerme, a pesar de lo que vea y oiga a mi paso.

Escucho voces ahogadas de repente, me parece extraño porque ante el miedo y la oscuridad del camino sólo he escuchado la voz de mis pensamientos que martillan y torturan mi cerebro y los sonidos vitales de mi cuerpo. La piel se me eriza cuando escucho pasos cerca de mí, cuando busco su origen, el horror aumenta porque veo caminando entre las sombras cuerpos incompletos; sin cabeza, sin un brazo, sin una pierna, que ejecutando una danza grotesca, también, intentan seguir por el camino perseguidos por sombras negras sin rostro, sin forma sin voz. Otros las persiguen y las matan, pero por cada sombra que cae, surgen otras más sin que termine la danza. Los cuerpos mutilados terminan por caerse y quedarse quietos. Las sombras sin rostro avanzan en busca de más cuerpos. Me di cuenta que algunos de los caídos llevan ya mucho tiempo ahí y sobre sus carnes, crecieron hongos, musgo ¡y hasta plantas con flores! ¡Qué irónico me parece! ¡Qué irónico y macabro a la vez! Ya dejaron de luchar, sin embargo, otros seres vivos los usan de sostén. Experimento miedo y angustia, pero algo me dice que yo no debo detenerme, soy como una hoja seca en medio de un torrente que me va arrastrando.

Creo que va a amanecer pronto, veo en el horizonte una banda arrebolada indicando la presencia del sol tras las montañas, ¡qué extraño parece todo! En otro momento relacionaría esa banda áurea con algo bonito, sin embargo, con mi andar solitario en medio de esta noche, lo relaciono con una mancha de sangre que va creciendo. Hasta el sol parece querer irse porque se queda estacionado en el horizonte sin subir al cenit, como evaluando la situación del panorama que pretende iluminar. ¡A lo mejor se regresa por donde vino! ¡Qué ridículo e incongruente parece mi pensamiento, va contra las leyes naturales! Sin embargo, ese movimiento rápido y maravilloso de la aurora cuando el sol asciende, ¡no se da! por alguna razón se queda estacionando en el horizonte. ¿Por qué no pensar que eso también está cambiando?, Si todo lo que estoy viendo y oyendo va en contra de lo natural y lógico. No cabe duda que el mundo está loco, loco, ¡loco!, o… ¿seré yo el loco? Ya no distingo entre la realidad, la locura, mis pensamientos, y lo que está pasando a mi alrededor. Todo es extraño e incongruente.

Algo punza mis oídos y me hace estremecer, siento que mis pensamientos, y mis sensaciones de pronto se van de mi mente, como boronas de un mantel que se sacude intempestivamente. Mi mente está en blanco y nada recuerdo. Estoy en mi cama cómodamente tapado con una mullida cobija tibia. Froto mis ojos, siento que el despertador está lacerando mis oídos con esa monótona y chillona alarma que sin remedio me despierta todas las mañanas y me indica el inicio de un nuevo día con sus actividades cotidianas. Sacudo la cabeza, me siento en el borde de la cama, siento que la vida fluye en mi cuerpo y mi cerebro se programa, doy gracias a la vida por ver desde mi ventana el sol que asoma por el horizonte y rápidamente asciende en el cielo, mostrando una gama increíble de colores. Enciendo la televisión en un canal de noticias mientras me arreglo; muertos, decapitados, secuestrados, desaparecidos, delincuentes apresados, autos que explotan, hambre, violencia. . . en ese momento, con horror, recuerdo mis sueños nocturnos.