Escuela, antes vs ahora

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Ana Medina.
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Ana Medina

Ingresé a primaria en los noventa, recuerdo que entonces las clases iniciaban el primero de septiembre y había un comercial que explicaba que tenías que tener seis años ese día para poder entrar a primaria.

Ahora, como especialista me conflictúa que se haya “oficializado” que el corte de edad sea al 31 de diciembre, porque mientras más pequeños son los alumnos mayores son las dificultades de maduración a las que se enfrentan.

Antes, las clases terminaban en junio, según yo teníamos dos meses de vacaciones. Me encantaba porque lo pasaba en la oficina con mi mamá, que era burócrata y solo tenía dos semanas de vacaciones, que generalmente no coincidían con las nuestras.

Pero esa era mi yo alumna.

La verdad es que los maestros siempre han tenido fechas alternas en los calendarios escolares.

Antes, no me daba cuenta de eso, porque no vengo de familia docente, tengo vagos recuerdos de la huelga magisterial en la que participaron mis tíos por aquellos años, pero no era información que se compartiera con los niños.

Antes, el personal directivo, de apoyo y asistencia iniciaba labores un mes previo al inicio del ciclo escolar; a mediados de agosto se presentaban los docentes, se inscriba a los alumnos, también se iniciaba el Programa de Actualización del Maestro, algo así como el CTE, duraba dos semanas.

Antes el calendario era único, establecido por la autoridad educativa federal y aplicable a todos los niveles educativos y en toda la república; no era posible hacer las modificaciones que ahora se hacen de estado a estado.

Antes, desde el inicio del ciclo escolar los padres compartían la autoridad con el maestro, y ello se reflejaba en el respeto hacia los docentes. Normas de cortesía establecidas en todos los salones sin importar en grado, era un honor ser ayudante de la maestra y nuestros problemas de conducta consistían en hacer todo demasiado rápido para platicar con nuestros vecinos de mesa.

En esos años se hizo la reorganización de los servicios de educación especial, increíblemente después de casi tres décadas siguen sin estar del todo estructurados, por lo menos en Tamaulipas podríamos hablar también sobre la cobertura.

Todos los maestros leían mucho y se notaba.

Recuerdo a mis maestras con hojas todo el tiempo; ahora entiendo que eran todos los programas que llegaban a la escuela, reglas de operación, estímulos, evaluaciones, modificaciones, circulares, decretos entre otras cosas. La información la tenían, y no había redes sociales así que había que leer.

Lo que no recuerdo es en qué momento la percepción hacia el maestro cambio tanto. ¿Es algo social?

Ahora los maestros se enferman más y hay que buscar sustituto y luego un suplente al sustituto.

Con tanto cambio de programa, aprender historia ya no parece importante, el recreo ya no es para correr y jugar, hay padres e incluso alumnos que sacan su furia contra los maestros. En que momento el corte de pelo, uniforme o los piojos se volvieron un tema de discriminación.

Ahora las conmemoraciones históricas son solo un día feriado, o peor un puente. El calendario escolar no lo hacen los profes.

Otra cosa que me llama mucho la atención es que antes los niños ingresaban a primaria incluso sin haber ido al preescolar, había niños que no sabían ni su nombre completo, y la maestra de primero hacía una tarea titánica, para diciembre todos estábamos leyendo y escribiendo, siempre y cuando tuviéramos ciertas habilidades de cognitivas y de motricidad.

Ahora se pone énfasis en el preescolar a partir de los tres años, en jornadas de más de tres horas. En preescolar es innegable el apego de los niños con su adulto y de esto se aprovechan los programas educativos de escritorio. Como adultos no estamos respetando el ritmo de nuestros niños.

Ahora la educación cree el mito de que mientras mas temprano comiencen los niños a dominar destrezas académicas como leer y escribir más inteligentes y exitosos serán en el futuro. No es así.

Evitamos que jueguen, que desarrollen el pensamiento simbólico, la socialización, las habilidades de motricidad fina y gruesa, además de habilidades socio emocionales y de convivencia que antes eran parte indispensable de la educación.

Estas acciones retan el desarrollo humano natural. Es triste ver a niños de tres años haciendo planas o memorizando sílabas y lo más frustrante es ver maestros o padres orgullosos con un gran desconocimiento de la situación real.

En muchas primarias “evalúan” (o “revisan” pa’que no se lea tan feo) las habilidades académicas que los niños que van a ingresar y en algunas de las escuelas de elite de la ciudad lo hacen seis meses antes del inicio del ciclo escolar. Esto no está regulado, ahí si aplica la autonomía de gestión.

Muchas cosas han cambiado… o tal vez no. Seguimos teniendo niños resilientes, pero también seguimos esperando soluciones mágicas por parte de los programas educativos y calendarios más extensos cada vez.