Maestros en vacaciones

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Ana Medina.
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Ana Medina.

Generalmente, cuando los maestros estamos en periodo vacacionar nos gusta “olvidar” por un momento que somos maestros y dedicarnos a otras labores. Como todos. Como la palabra lo dice, es un descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios.

En nuestro caso es ambos.

¿Quién realmente ha podido hacerlo? ¿Quién se deslinda totalmente de su labor docente durante los periodos de vacaciones? Aunque el periodo de verano sea considerado un “receso” y no vacaciones como tal. Sinceramente dudo que alguien pueda responder estas preguntas de manera afirmativa.

Si bien es cierto que los trabajadores de la educación gozamos de “más vacaciones” de lo que la ley del trabajo explica (que son entre 6 y 22 días al año, dependiendo de los años de servicio de 1 a 30 años), también es verdad que nunca dejamos de estar en el ojo público. No dejamos de ser maestros ni en vacaciones.

En mi primer año como practicante (tenía menos de 20 años), fui a una tienda comercial un día de vacaciones de invierno, iba en pijama y era después de medio día (como justificación diré que hacía muchísimo frío), y solo iba por algo para complementar la comida (no recuerdo exactamente qué). El punto es que una pequeña de seis o siete años me gritó de lejos “Maestra Ana” y corrió a abrazarme. Muy contenta me contó lo que le había traído Santa Claus y me presento a su mamá; obviamente yo solo era practicante, no la titular del grupo, pero eso no impidió que a lo lejos escuchara los comentarios de las acompañantes de mi alumnita sobre lo “fodonga de su maestra”. Seguí mi camino y terminé mis compras sin darle importancia. Pero nunca he vuelto a ir a un lugar en pijama ni por accidente.

Recuerdo esta anécdota por la disyuntiva entre las nuevas generaciones que creen que nadie puede ser juzgado por cómo se viste y el viejo refrán que explicaba que “como te ven te tratan” o ese otro que se contradice y expresa que “el hábito no hace al monje”.

Hace unos días vimos en redes sociales dos casos relacionados con docentes y su forma de vestir. Primero una maestra del Estado de México a quien querían despedir por fotos inadecuadas en sus redes sociales; el segundo un director que exhibía en sus redes fotos de su cuerpo.

En el caso de estos docentes (hombre y mujer), se exhibe no solamente la misoginia, sexismo social y/o doble moral, sino también la falsa creencia de que un maestro, solo es un maestro y no una persona con necesidades propias. En otras palabras, un maestro no puede tener un cuerpazo y lucirlo, algunos ni tener tatuajes, ir despeinados, cobrar, quejarse, viajar, salir de fiesta, o en general tener una vida o vacaciones.

Si me centro en el tema de las vacaciones es porque cualquier maestro tiene derecho a tener una vida personal, la decisión de hacerla pública o privada es individual y nadie debería ser juzgado por ello. Pero la realidad es que sí sucede, mucho más de lo que debería.

Se nos olvida que las reglas o normas de convivencia y códigos de ética aplican solamente para las escuelas y el contexto en donde se labora y durante el horario laboral. De ahí en fuera deberíamos tener la libertad de pasar nuestras vacaciones como nos parezca.

Los niños, cuando son pequeños, se sorprenden de ver a sus maestros fuera de la escuela, pero son los adultos los que juzgan al maestro fuera de su profesión; el día que entendamos que los maestros tienen una vida más allá de la escuela ese día evolucionaremos como sociedad.