Un bofetón a la democracia

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El Contador Tárrega.
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Pérez Ávila.

Lo olvidaron adrede. Si alguien incurría en la conveniencia de recordarlo, lo callaban ipso facto con una mirada fulminante. El chitón era necesario, indispensable, para mantener una situación que iba, de una grosería a la voluntad popular, hasta una tiznada maternal.

Los diputados y senadores llamados “plurinominales”, vocablo inexistente, fueron considerados en su origen, una manera de garantizar en las Cámaras la presencia de minorías opuestas a la abrumadora hegemonía ejercida por el Revolucionario Institucional, el partido político creado por Plutarco Elías Calles, para darle carácter civil a las elecciones manejadas por los mandos del Ejército Nacional.

Con los años, fue cediendo el poder del partidazo, al punto de perder senadurías, diputaciones y gubernaturas, es decir, estaba dejando de ser el instituto político que, de todas, ganaba todas.

Pero se olvidaron del motivo que dio origen a los plurinominales, porque así convenía a los dirigentes partidarios, muchos de los cuales se eternizaron en las cámaras, pasando de una cámara a otra, siempre en calidad de “plurinominales”.

El PRI no es ni la sombra de lo que fue. Pero los senadores y los diputados por los cuales no sufraga el pueblo siguieron congestionando la Cámara baja, que sí es baja, y la Cámara alta, que de alta solo tiene el nombre.

Por eso aplaudo la propuesta presidencial de finiquitar, de una buena vez, ese orwelliano atropello a la voluntad popular.

Los diputados son, debieran serlo, representantes del pueblo, por lo cual es una aberrante burla, que 200 de los 500, no los elija el pueblo.

Fueron llamados en el inicio “diputados de partido”, comportándose a tono con la definición popular, actuando con energía y dignidad unos cuantos, el resto de los afortunados, actuaron desde entonces, como se hace ahora, buscando medrar en el cargo, buscando acomodo en comisiones bonancibles, plegados, sometidos a la voluntad del Gran Tlatoani.

Si en su origen hay justificación, desde hace décadas se finiquitó, porque el deterioro del Revolucionario Institucional se empezó a dar a partir del sexenato de Ernesto Zedillo Ponce de León, de quien se ha dicho, con sorna, jamás apegado a la verdad: No fue el último presidente priista, fue el primer presidente panista.

En resumen. Finiquitar la aberración de diputados, senadores y regidores “pluris”, es retomar los cauces que desembocan en la democracia.

 

AMLO ELABORA UN PLAN PARA LOGRAR LA PAZ

Mientras la aflicción sume a la humanidad en un sinfín de preguntas sin respuestas, lo mismo en la cumbre desgajada por el torrente o en el bosque siniestrado por el rayo, hay quien se consagra a limpiar las llagas del gobierno, en una tarea propia de Hércules: Erradicar la corrupción.

Andrés Manuel López Obrador va más allá de límites geográficos o linderos políticos, enviando oportuna ayuda económica a El Salvador, auxilio inmediato a Cuba, o asesorando a jefes de estado con problemas derivados de la inflación, un fenómeno que afecta a todo el mundo, porque no ha sabido controlarla, como sí ha sido posible hacerlo en México.

Por eso, no debe extrañarnos, que sepa la forma de zanjar las dificultades extremas, que derivaron en la invasión de Ucrania por fuerzas militares rusas.

El Papa. El Secretario General de la ONU. El Primer Ministro de la India, son las personalidades a las cuales encomendará López Obrador su plan para conciliar, hermanar, pacificar, Rusia y Ucrania.

Si el plan funciona, sería genial repetirlo en México.