Ver, mirar y observar

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Alicia Caballero Galindo.
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Alicia Caballero Galindo.-

El idioma español es uno de los más ricos; el horizonte léxico es infinito porque constantemente se renueva con palabras generadas por la propia evolución de una lengua viva, además, es rico en sinónimos. Es bueno recapacitar sobre el tema y analizar la aplicación acertada de los vocablos que se usan cotidianamente y a veces se confunden.

En el caso de los términos “ver”, “mirar” y “observar”, es necesario entender que no son sinónimos, porque tienen distintas significaciones. Cuando se habla de “ver” la RAE hace referencia a la capacidad de visión “Percibir con los ojos algo mediante la acción de la luz”. Es una función meramente mecánica, ejercida por todos los seres animales que posean el órgano visual en cualquiera de sus modalidades, entendiendo que, en el caso de algunos animales, varían las condiciones respecto a la luz, la estructura ocular y la visión. En cuanto a la palabra “mirar” se hace referencia al hecho de dirigir la vista a un punto focal: “mira la luna,” “mira a los niños jugar”, “mira al sol perderse tras la montaña”. El término “observar” implica algo más que ver y mirar, que son acciones mecánicas, producto del órgano visual. La palabra observar, proviene del término del latín observatio, la observación es la acción y efecto de observar (examinar con atención, mirar con recato, advertir). Se trata de una actividad realizada por los seres vivos para detectar y asimilar información. El término también hace referencia al registro de ciertos hechos mediante la utilización de instrumentos. La observación forma parte del método científico ya que, junto a la experimentación, permite realizar la verificación empírica de los fenómenos. La mayoría de las ciencias se valen de ambos recursos de manera complementaria.

El ser humano “aprende” en forma natural por medio de la inducción y la deducción; en ambos casos se requiere de la observación para llegar a conclusiones, ya sea que vaya de lo particular a lo general para deducir una regla, o que observe un caso particular y deduzca una conclusión.

Observar significa poner en juego distintos procesos mentales. Hay animales, sobre todo mamíferos y aves, que “aprenden” de sus mayores por medio de la observación; lo primates que usan herramientas, las técnicas de caza de los felinos, por ejemplo.

Los avances de la ciencia en todos sus aspectos, tienen como fundamento la observación y la experimentación.

Las personas mayores aprenden de la observación cotidiana. “Hay nubes en el oriente o el norte, ¡seguro llueve!” si la nublazón estaba en el sur o el poniente, la lluvia no llegará, al menos que haya un huracán que venga en esa dirección. “Los sapos están croando por la noche, anuncian lluvia”, “los gallos están cantando fuera de sus horas acostumbradas, se aproxima vientos del norte fríos.” Esas expresiones son resultado de la observación y comprobación de los hechos.

En el mundo moderno que todo se predice por medio de un estudio científico detallado de la meteorología, han pasado a segundo término las observaciones de las personas mayores, y está comprobado que es más fácil que fallen los pronósticos científicos que los de los abuelos.

Actualmente la gente vive inmersa en la electrónica, ha perdido el sentido de la observación del mundo natural que lo rodea, hasta del hábito de escribir con pluma y lápiz, ni qué decir de la escritura cursiva, la letra palmer, algunos de los lectores, se preguntarán ¿qué es eso?

El modernismo y la automatización han deshumanizado a las personas, han perdido en gran medida el disfrute de la observación. Plantar una semilla, verla germinar y crecer, es un placer maravilloso, ¿cuántos lo han experimentado recientemente? Algunos dirán: “Desde que lo vi en la escuela, no lo he vuelto a hacer.” ¿Cuántos lectores habrán comido fruta o verdura de una planta que sembraron, la cultivaron, la vieron crecer y cosecharon? Algunos dirán “¡Qué fastidio! Mejor la compro en el súper” y se pierden de maravilloso placer de sembrar, cultivar y cosechar. Está comprobado que ese tipo de actividades, además de ser saludables, nos obligan a observar y aprender de la naturaleza de la que formamos parte, y, en algunas ocasiones, el ser humano es el peor enemigo, por la ignorancia y la inconsciencia de creerse dueños y no copartícipes de su hábitat.

Incorporarse al tiempo en que viven es indispensable para no estar marginados, pero algo que no debe perderse en la cotidianidad es el poder de observación, el análisis y disfrute de sentirse parte de esta trama maravillosa, que, por desgracia, estamos destruyendo inmisericordemente.