El ídolo en persona

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Mauricio Zapata.
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Mauricio Zapata 

Retomamos el Punto por Punto de los sábados, en los que relatamos algunas historias, tanto personales como otras que vemos pasar en la diaria labor periodística.

En esta ocasión se trata de una vivencia personal.

Fue en 1985.

Como ya les he platicado en otras ocasiones, y quienes me conocen lo saben que soy aficionado al fut y fiel seguidor de los Pumas. Y lo soy desde 1980-81.

Mi tío Martín, que es el hermano menor de mi mamá y que a la postre se convirtió en mi mejor amigo, jugó en las reservas de los Pumas, y le tocó ser compañero de gente como Memo Vázquez, Marco Antonio Luque, García y Aspe y Miguel España, entre otros.

De ese último, me hablaba mucho. Eran amigos.

Un día fue y me sacó de la escuela. Cursaba yo el quinto de primaria. Y me llevó a un entrenamiento de los Pumas a CU.

Llevaba una libreta para los autógrafos.

Saludé, conocí y tuve un la firma de gente como Pablo Luna, Félix Cruz, Jorge Espinosa, Rafael Amador, Mauricio Peña, Manolo Negrete, el memorable Tuca Ferreti, Aspe y Servín entre otros.

No había selfies, así que no logré las fotos con los jugadores de mi equipo.

Estuvimos en la cancha. Al final se acercó a saludar a España, me lo presentó, me dio su autógrafo y me llevó a conocer los vestidores. El mismo España me presentó para estrechar su mano a Negrete, a Peña y a García Aspe.

Tenía yo 10 años de edad.

¿Se imaginan lo que eso significa para un niño de esa edad?

Para finalizar la visita al vestidor, me acercó a saludar a Mario Velarde.

Salimos mi tío y yo después de un rato.

Ya en el estacionamiento del estadio vimos salir nuevamente a Miguel España, iba acompañado del Tuca Ferreti. El Tuca tenía una Caribe color beige.

España tenía un Atlántic y nos ofreció un raid, que aceptamos.

Yo iba pasmado.

Insisto, la impresión de un niño de 10 años en el carro de un jugador profesional de futbol es muy grande.

Tomó Insurgente, luego el atajo que hay en Ciudad Universitaria para salir a Avenida Universidad, después tomó Miguel Ángel de Quevedo y nos dejó en División del Norte.

Manejaba rápido.

Desde entonces, Miguel España, que no era un jugador muy espectacular, se convirtió en mi ídolo (quizás todavía lo sea).

Y esa es la historia de un niño que se subió al carro de un futbolista, y que éste lo llevó a las entrañas de su equipo.

Pocas veces se tiene esa oportunidad.

EN CINCO PALABRAS.- Ahora se sienten los dioses.

PUNTO FINAL.- “Los sueños se convierten en realidad cuando se despierta de ellos”: Cirilo Stofenmacher.

Twitter: @Mauri_Zapata