La libertad de la distorsión

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El Contador Tárrega.
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Pérez Ávila

El punto de partida de la libertad es el derecho de hablar, a mi juicio, eso constituye la médula de todo lo relacionado con la garantía de opinar, sin el riesgo de ser molestados, por herir la susceptibilidad de quien usufructúa el poder político. Pero, de qué sirve ese derecho, el de hablar, si en los espacios impresos no hay lectores, como tampoco hay oyentes, en el espacio radiofónico o en la televisión.

Contar con una audiencia cautiva da poder. Respetar el talento ajeno, la inteligencia de los otros, es lo que confiere autoridad moral, para ofrecer nuestro discernimiento, no con la arrogancia del dogmático, nunca con la pedantería del que se supone, a él mismo, como dueño de la verdad absoluta.

Pienso así porque observo en mi país un recalcado egoísmo en personajes sobre los cuales se enfoca la atención, porque una parte de ellos tiene el poder político en sus manos….y la otra parte, quiere arrebatárselo.

El señor Presidente tiene un plan para crear el comité que busque la conciliación y la pacificación global, diciéndole a todo el que quiera escuchar: “No es en vano luchar por la paz y la justicia”.

Justicia y paz, son palabras hermosas. La primera es la virtud de dar la razón a quien la tenga. La segunda, es el compendio del anhelo universal.

López Obrador criticó a los sectarios que se oponen a su planteamiento, advirtiendo que es “una vulgaridad mental, que se padece cuando no hay convicciones, cuando no hay ideales, y cuando sólo se actúa, en función de intereses políticos o económicos”.

Planteó el Presidente mexicano que su propuesta ha sido “distorsionada”. Todo lo dicho por López Obrador es cierto.

Pero si quienes disienten distorsionan, es justo decirlo, con la prontitud que los sucesos reclaman, todos lo hacen, inclusive él.

Es una distorsión tildar a todos los que no están de acuerdo de ser “conservadores, neoliberales, neoporfiristas, vende-patrias, dispuestos a entregar a los extranjeros lo que es el patrimonio de los mexicanos”.

Distorsionan los de la alianza “Va por México”, de la misma forma distorsionan los de la coalición “Hagamos historia”.

La más notoria distorsión la exponen los partidos políticos con clientela multitudinaria, al agregar, a su bagaje cínico, a partiditos cuya única misión consiste en buscar la sombra del árbol mejor regado.

En nuestro país loan la libertad de expresión, propietarios de medios que no permiten se publique, un comentario, una opinión, un supuesto, “ya de perdis”, si afecta sus compromisos económicos. Gran parte de la gran prensa se sesga, se desliga, se desvincula, se margina, de su deber primordial, informar con estricto apego a la verdad, orientando con ética.

Así como hay distorsión en la directriz de ciertos medios muy influyentes en la Ciudad de México, también se manejan, de esa manera, quienes sobresalen en la cúpula política azteca.

Creo, no estoy del todo seguro, que no radica en la distorsión el escollo más complicado. La intención es plausible. La propuesta del señor presidente López Obrador está ornamentada por su fin, su objetivo, su enfoque. El escollo está en el ego de quienes siendo alter egos, iguales, se sentirían eclipsados. Ninguno de los magnos aceptará ser menos. En pocas palabras: Es una cuestión de orgullo.

En cuanto a la distorsión, sería demencial negarla.

Y la verdad, monda, lironda, presente y permanente: Toda la política a la mexicana es una distorsión cromática y mimética.