Caso Tamaulipas: guerra en las alturas

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Fernando Acuña Piñeiro.-

Rotas, devastadas o más bien radicalmente confrontadas y sin retorno, las relaciones entre el gobierno morenista de la segunda alternancia y el gobierno panista-cabecista en Tamaulipas derivan hacia la guerra de poder a poder, que es la que ahora se está dando en la CDMX.

Es cruenta y pareciera definitiva y definitoria.

Esa guerra ahora mismo está presente en el seno del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

La cúpula del TEPJF se compone de siete integrantes. El encargado del tema Tamaulipas es el magistrado José Luis Vargas Valdez, con una maestría en derecho público y un doctorado en derecho constitucional. Hablamos de un hombre probo y sin mácula, profundo conocedor de la ley.

Los otros magistrados son: Felipe de la Mata Pizaña, Felipe Alfredo Fuentes Barrera, Indalfer Infante González, Monica Arali Soto Fregoso, Janine M. Otalora Malassis y el Presidente Reyes Rodríguez Mondragón.

En las manos de estos siete dioses del Olimpo judicial electoral está el destino de Tamaulipas y de su pueblo.

Serán ellos quienes decidan si respetan la democracia que eligió darse desde las urnas, el pueblo de Tamaulipas. O si de un plumazo destrozan los legítimos sueños de tamaulipecas y tamaulipecos a decidir su destino social.

Pero hay algo más en todo esto. En el fondo, hablamos de dos proyectos de país, que ya desde ahora miden fuerzas rumbo al 2024.

Se dice que hay una alianza, amistad o fuertes coincidencias entre la señora Otalora y Rodríguez Mondragón, un magistrado de fuerte raigambre panista y anti AMLO. Los cinco restantes se manejan con mayor independencia de criterio.

Pero vayamos al origen del turbulento escenario que ahora se está dando en nuestro estado. Y empecemos por aclarar lo siguiente:

Son dos expresiones diametralmente opuestas que confirman puntualmente lo que ha dicho el gobernador electo Américo Villarreal Anaya, en diferentes foros y ocasiones:

Por donde se le busque, el cabecismo y el americanismo-obradorismo no son iguales. Ajustándonos a un análisis sin ismos, las estrategias y la narrativa que han identificado a morenos y a azules, durante todo este trayecto temporal, tienen como base, por un lado la inteligencia y el colmillo político del Presidente AMLO y de su candidato AVA. Mientras que en la esquina panista, han privilegiado el choque.

En primer plano, ubicamos el cerval enfrentamiento entre el gobernador García Cabeza de Vaca contra un Presidente Andrés Manuel Lopez Obrador que llegó en 2018 con un praxis opuesta a la que había alimentado hasta entonces la cohabitación política entre el PRI y el PAN.

Cabeza había sido el gobernador más votado en el 2016, y en el 2018 aparecía fuerte, con aspiraciones presidenciales. Para el caso Tamaulipas, la 4T llegó justo en el segundo año de poder, cuando los azules locales traían toda la fuerza y habían sometido al PRI, convirtiéndolo en su vasallo y cosas peores.

En el 2018, dos liderazgos fuertes y muy poderosos se midieron por primera vez en Tamaulipas. AMLO y Cabeza. Guardando las proporciones y el nivel estatal y nacional, ambos se sentían consentidos por el pueblo votante. Fue justamente en la votación del 2018 cuando afloraron las debilidades cabecistas y las fortalezas de Morena.

AMLO emergió como un fenómeno nacional. Imbatible, sin rival. Acostumbrados a más de tres lustros de amasiato, el PAN y el PRI entraron en un proceso de envejecimiento político ante las urnas.

En Tamaulipas, no solo se ganó la presidencia de la República, sino la senaduría que para efectos panistas cambió totalmente las coordenadas familiares, y se le abrieron las puertas al Truco. A partir de ahí faltó algún asesor que le aconsejara al primer panista del estado, cambiar de estrategia, tener puentes, usar la mano izquierda. Pero nadie lo hizo. El estilo peleonero se acentuó todavía más.

Así llegamos al episodio de aquella gira por Reynosa, donde los ánimos azules explotaron. Ahí se quemaron las naves de una guerra que se ha alargado hasta hoy, y que de aquí al 28 o 30 de septiembre vivirá sus horas más tensas y críticas.

¿Qué va a pasar ¿ Nadie lo sabe. O más bien, sí lo sabemos: existe un 99.99 por ciento de que el PAN tamaulipeco va a perder su última batalla en los tribunales.

Si nos guiamos por el mensaje que acaba de dar el gobernador electo Américo Villarreal Anaya, en la conferencia de hoy por la mañana, todo indica que el choque entre las nuevas expresiones políticas y las que están de salida, será brutal.

Américo anunció a su gabinete estatal, cuya calidad moral y profesionalismo, nadie pone en duda. Pero lo que todos están pensando es si llegado el momento de la hora cero los azules recurrirán a la fuerza de su maquinaria coercitiva para tratar de impedir la llegada de la 4T a nuestro estado. De hacerlo, sería un grave error.

Por ahora el balón está en la cancha del máximo tribunal electoral de la federación. Existe un indicio que fortalece la esperanza de la democracia tamaulipeca: al parecer el proyecto de resolución, presentado por el magistrado Vargas Valdez, en su origen viene favorable al triunfo de Américo y de Morena.

Pero, como le decía en un inicio, la guerra en las máximas alturas de la justicia electoral mexicana está en todo su apogeo.

No quiero caer en un enfoque maniqueo, pero se trata de los malos contra los buenos. Y en ello se juega la esencia de la Cuarta Transformación obradorista.

Si Américo sortea el último de los incontables obstáculos que sus adversarios le han puesto, como es altamente probable, habrá triunfado el pueblo de Tamaulipas. Y sus valores éticos y democráticos.

Si se produce un resultado diferente, ¡aguas!, porque le estarán abriendo las puertas a la reacción política y a la ultraderecha, en la ruta hacia el 2024.

De ese tamaño están las cosas.