La teoría de las necesidades de Maslow aún es útil

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Héctor F. Saldívar Garza.
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Héctor F. Saldivar Garza.-

La historia nos precisa que desde el asomo del capitalismo como sistema, a partir del siglo XII de nuestra Era, se fue construyendo a través de los burgos una nueva clase social integrada por los sectores medio y medio altos de la sociedad medieval, donde lo material fue subsumiendo el ideal platónico de establecer los principios como guía, asunto que en su momento y a través del tiempo no se ha logrado más que en mínima escala, en razón a que se contrapone a los fundamentos del nuevo sistema.

Esta línea de acción ha generado múltiples problemáticas que en aquélla época y aun actualmente, mantiene a la mayoría de la humanidad en pobreza y pobreza extrema, postrada ante el poder amasado por unas cuantas personas poseedoras de la riqueza.

Lo mencionado es justamente una de las grandes desviaciones imprevistas en el sistema mencionado, el cual, según sus bases teóricas, tiene como objetivo lograr que la sociedad viva en armonía, asunto que aún no se ha alcanzado en país alguno que aplica este modo de vida.

El generar pobreza no es lo único deleznable del capitalismo, dentro de las conductas criticables que suelen asumir estos regímenes, sobre todo cuando lo aplican a ultranza, es tratar a las personas como objetos de los cuales pueden disponer para lograr sus propósitos, que normalmente se objetivizan en el incremento de su riqueza.

Algunas personas de este sector social, actualmente, con el afán de continuar acumulando bienes que se les está dificultando por la incorporación de la competencia cada vez de manera más intensa, buscan idear formas de lograr que la conducta de las personas sea la adecuada para que los negocios alcancen utilidades de mayor nivel.

Al respecto, algo que se puede proponer es la aplicación de la teoría de Abraham Maslow sobre las necesidades fundamentales de las personas. Este personaje estudioso de las conductas de los individuos publicó la teoría en 1943, y no obstante la gran cantidad de años que se han sucedido desde ese momento, hoy en día resulta de utilidad para aplicarla en las organizaciones.

El constructo mencionado lo elaboró después de largo tiempo de observación sobre las diversas necesidades que experimentaban las personas, y cómo es que se presentaban los cambios conductuales al ir satisfaciendo cada una de ellas.

Para explicarlas coloca en un orden las diversas necesidades de las personas, de acuerdo a su experiencia. De esa manera defiende la postura que conforme se satisfacen las necesidades más básicas, que son las primeras cuatro, los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados; de tal forma que la nueva necesidad aparece en las personas, tiempo posterior al momento en que fue satisfecha la citada anteriormente en la pirámide; quedando claro que las nombradas en el primer nivel de la pirámide, denominadas básicas, surgieron con la incorporación de las personas a la vida, y las restantes cuatro se fueron integrando con el transcurso del tiempo.

Ejemplificando, precisamos que las primeras necesidades consideradas básicas o fisiológicas son comer, beber líquidos, respirar aire limpio, descansar, y las sexuales. Las que surgen a continuación son las necesidades de seguridad y protección; aquí podemos citar el asegurar nuestro propio cuerpo y salud personal, incluyendo en este espacio el ejercicio convirtiéndolo, de preferencia, en un hábito preveniente de enfermedades y forjador de salud.

Además de lo citado aquí es correcto incluir exámenes de sangre, orina y los propios del género de cada persona, los cuales deben realizarse cada semestre, de ser posible. También debemos ventilar en esta área la necesidad de poseer un lugar digno donde dormir y descansar; desempeñar un empleo adecuado y suficiente en cuanto a los emolumentos recibidos y, asimismo, respecto a la ubicación adecuada del perfil laboral de las personas que lo desempeñan; esto previniendo que no se sientan subempleadas o, por contraparte, observarse incompetentes de cumplir los compromisos de trabajo.

Las necesidades que a continuación suelen surgir en las personas después de satisfacer las del segundo nivel, son las sociales o de afiliación, que comprenden el contar con buenas relaciones sociales para convivir, compartir inquietudes e ideas en lo general. Por supuesto que este vínculo no es fácilmente accesible para muchas personas, pero si intentamos entrelazarnos con quienes nos une un eslabón familiar, o tiempo largo de conocerse y dialogar logrando comprensión mutua, resulta sencillo establecer una relación más estrecha que realmente merezca calificarse como amistad.

También este tipo de situaciones suelen corregirse mediante la adhesión o afiliación a un ente social como los casinos u otros organismos similares, donde establecen reuniones periódicas que permiten el afianzamiento de vínculos.

Igualmente se superan estas manifestaciones uniéndose a pequeños grupos que practican como nosotros algún deporte, juego de mesa, o lo que es ideal avanzar intelectualmente a través de círculos de estudio donde se debata en torno a temáticas de interés que previamente se determinen. Por supuesto que para ingresar a cualquiera de estos conjuntos se debe estar un tanto encaminado en el área elegida, para no afectar a los compañeros que ya formaban parte constitutiva de estos conjuntos y exigen saberes al respecto.

El cuarto nivel de la pirámide son las necesidades de estima y reconocimiento. El autor las define en estima alta y estima baja. Respecto a la primera puede citarse sentir que despiertan confianza, y también que les facilitan su independencia y libertad.

La segunda alude a la necesidad de atención, recibir el respeto de los demás, aprecio, muestras de reconocimiento, las ubiquen en buen estatus; consideren su dignidad, fama, dominios que presenta y otras.

Al mermarse estas necesidades se origina una baja autoestima en las personas, y al superarlas, se sublima la valoración que tienen de sí mismas, mostrándose listas para encaminarse hacia la autorrealización.

El quinto y último nivel de la teoría comprende las necesidades de autorrealización. Maslow las integra en motivación de crecimiento y de ser. Las personas que se encuentran en este punto muestran seguridad en sí mismas, desarrollan la búsqueda constante de avanzar en las acciones que desempeñan en la vida, procurando siempre ir a la vanguardia, presentan un gran sentido del humor, se manejan independientes del entorno, basan su proceder principalmente en experiencias y juicios propios, son creativos y se aceptan como son; tendiendo, además, a vivir intensamente los hechos en los que participan.

Concluyendo esta exposición propongo que las personas conscientes e interesados en la sociedad, nos apliquemos en conducir a los demás a la cúspide de la pirámide; pero a la vez aclaro, que quienes lleguen a ese sitio, muy probablemente exigirán ingresos suficientes para a la brevedad independizarse e ir a la búsqueda de acumular fortuna, lo cual es un asunto muy importante a considerar por nosotros, no omitiendo en su formación el humanismo, que contribuya a su desarrollo y crecimiento personal e igualmente social.