La bendita fatalidad y ¡hágase la democracia!

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José Inés Figueroa Vitela.-

“¡Un cardiólogo!”, apuró la diputada presidenta ALEJANDRA CÁRDENAS CASTILLEJOS dirigiéndose a galerías, cuando apenas iniciaba la sesión semanal, que iba ser reposición de la que la semana pasada se suspendió, por las falsas amenazas de bomba.

De visita en el recinto se encontraban enfermeras y doctores, trabajadores de la salud invitados ex profeso para ser testigos de la aprobación de una iniciativa para “descriminalizar” el ejercicio de la profesión.

Que no se les acuse de negligencia cuando un tratamiento no surte efecto en un paciente, siempre y cuando se hayan cumplido los protocolos.

Como sea, enfermeras y doctores había por docenas ahí.

El doctor BERMEA se puso de pie, volteó para un lado y otro y no viendo que alguien más se lanzara, bajó con premura las escaleras e ingresó al salón de plenos.

Al CACHORRO diputado y dirigente estatal del PAN, ya lo habían llevado de su curul, donde se había desvanecido hacía unos instantes, a una silla por la lateral norte de la mesa de los trabajos, rodeado de varios de sus compañeros, presuntamente tratando de reanimarlo.

Hasta ahí llegó el galeno para tomarle sus signos vitales y hacerle preguntas de reconocimiento.

Enfrente y arriba, en la esquina cercana del graderío, se habían posicionado la mayoría de los medios que dan cobertura a la sesión, los más, haciendo transmisiones en vivo a través de las redes sociales.

En medio de su trance, LUIS RENÉ CANTÚ GALVÁN –como lo bautizaron sus mayores- se habría percatado “del pancho” que estaba haciendo, se paró y dando traspiés, agarrado de las paredes, fue a esconderse tras bambalinas.

Allá siguieron los primeros auxilios, antes de trasladarlo al Hospital de Alta Especialidad, donde luego fue reportado “estable”.

Mientras, a sugerencia de los panistas, la diputada presidenta proclamó que solo se vería una iniciativa y un dictamen –el de los trabajadores de la salud-, para enseguida declarar otra vez suspendida la sesión, como la semana pasada.

Los rumores de antes y ahora eran en el sentido de que Morena ya había logrado los consensos, hasta sumar las dos terceras partes de los votos, para recuperar la Presidencia de la Junta de Coordinación Política, que los panistas arrebataron con mayoría simple y con la misma, luego impusieron el requisito de la mayoría calificada.

De hecho, el día de la víspera el PAN había regresado al lugar donde los electores los pusieron el año pasado en las urnas, al mantener solo 12 votos, el justo tercio, a la hora de aprobar las tablas de valores catastrales de Matamoros y Reynosa.

Sus 12 votos en contra, chocaron contra los 17 morenistas, dos priistas, uno emecista y cuatro panistas, de las que dos votaron a favor y dos abstenciones, que para el caso igual se cuentan.

Las tres diputadas, morenistas de origen, que “se pirateó el PAN” y hasta ayer seguían pintadas de azul, ya no las necesita Morena para alcanzar la mayoría calificada y enderezar todas las aberraciones legislativas del pasado sexenio, pero igual tienen las puertas abiertas por si quieren regresar.

Si eso sucede, ahora sí, estará “muerto y enterrado” el cabecismo en el Congreso y el andamiaje jurisdiccional, perverso, corrupto y corruptor, que heredó para el latrocinio, la opresión y la impunidad.

Las valientes diputadas panistas, que se sacudieron los insultos y amenazas propiciadas por el senador ISMAEL el pasado fin de semana, que los juntó en Victoria Capital, no son las únicas ofendidas y reacias a someterse a un sujeto de esa calaña.

Cuando ayer, el MOYO, presidente del Congreso, puso la carita del Gato con Botas en la película de Shrek, para dolerse porque al CACHORRO Presidente de su Partido, “le bajó la presión porque tiene problemas familiares”, vinieron otras reminiscencias.

De él mismo, medrando con el mal congénito de una consanguínea, que saca lacrimógenamente cada que va a dar un zarpazo en el Congreso, para atemperar los reclamos y señalamientos.

Y aquella célebre escena del genial exgobernador ENRIQUE CÁRDENAS GONZÁLEZ, que pudo salir de la sede estatal del PRI, con sus dirigentes cargándolo en camilla, para romper el cerco en que los tenían militantes inconformes con un proceso interno.

Dicen algunos diputados que en efecto vieron demacrado y descompuesto a su compañero CACHORRO, lo cual no es cosa extraordinaria en su personalidad y semblante.

Independientemente de las suspicacias que genera la segunda suspensión inesperada de la sesión donde se ha proyectado restaurar el orden institucional.

En las redes sociales y en los noticieros radiofónicos que pronto dieron cuenta de la información, las expresiones del público, en el mejor de los casos, fue calificando de “puro show” la escena.

La burra no era arisca… la hicieron.