El futbol y las venas

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Mauricio Zapata.
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Mauricio Zapata

En este Punto por Punto versión fin de semana, hablaré un poco sobre lo que hoy en día está boga: el futbol y pasión personal por este deporte.

Por naturaleza debí haberle ido al América, pero no fue así.

El primer contacto que tuve con este apasionante deporte fue cuando tenía cinco años (1979).

Mi padre, un gran aficionado al futbol y fiel seguidor del América, me llevó al Azteca a ver un juego de los entonces “cremas” contra el Atlético Español. Ganó el América 1-0, pero me enamoré del rival, me cautivó el uniforme blanco con rayas negras de aquellos toros.

Un año después me llevó a un clásico nacional, también al Azteca. Ya me empezaba a gustar el fut, aunque, en mi inocencia de niño, buscaba entre los jugadores a El Chanfle, a Valentino, y al señor Reyes.

Nunca los vi.

Pero seguía recordando a aquel equipo de uniforme blanco y negro que me había conquistado, y que me sigue llamando la atención y por eso sigo, desde hace varios años, a la Juve.

Pero en la casa se hablaba mucho de los Pumas.

Mi abuelo trabajaba en la Dirección de Obras y Conservación de la UNAM; era arquitecto y tenía a su cargo el mantenimiento del estadio de CU.

Un tío, que prácticamente era mi hermano mayor, jugaba en las reservas de Universidad y, otro de mis tíos, era un apasionadísimo seguidor del equipo.

Su cuarto estaba lleno de posters de jugadores de aquella época: Cabinho, Cuéllar, Muñante y Hugo, entre otros.

Mi papá me seguía llevando de vez en cuando a los partidos del América, pero no me llamaba la atención ni el uniforme ni los jugadores.

Fue en la temporada 80-81 cuando me llevaron a CU a un partido de Los Pumas contra el Guadalajara en el que ganó la UNAM 5-3.

Vi jugar a Hugo, Negrete, Olaf, al Tuca y a Paolino (son los que más recuerdo). Por Universidad anotaron esa vez Hugo, Tuca, López Zarza y Negrete.

Me empezaba a llamar la atención el equipo universitario. El uniforme, la afinidad con familiares, y desde luego, la forma de jugar y la pasión que se vivía en la tribuna. Muy diferente a aquel Atlético Español que no tenía afición.

Llegó el día del “sí”: la final de la temporada 80-81 cuando Pumas se coronó campeón.

Mi abuelo me llevó al estadio. Estábamos en un palco del palomar y viví esa emoción. Recuerdo bien los goles. Los recuerdo perfectamente. También tengo muy presente cuando Hugo levantó la copa y luego a él lo levantaron en hombros.

Ahí decidí irle a los Pumas, al equipo campeón.

Tenía siete años, y desde entonces soy Puma.

Ese mismo año le pedí a Santa Clós el uniforme de mi equipo, y fui claro en la carta: quiero el blanco con el puma azul, como cuando fueron campeones. Y sí, me lo llevó, pero además unos pants y una gorra del equipo.

Desde ahí comencé a seguir a Universidad. Y seguimos.

Mis ídolos: Hugo Sánchez, Miguel España, Jorge Campos.

Jugadores que siempre me llamaron la atención: Olaf Heredia, Félix Cruz, Raúl Servín, Mauricio Peña, Abraham Nava, Tuca Ferreti, Claudio Suárez, Braulio Luna, David Oteo, Joaquín Beltrán, Leandro Augusto, Darío Verón, Efraín Velarde, entre otros.

EN CINCO PALABRAS: Ser Pumas es totalmente irrenunciable.

PUNTO FINAL.- “El futbol es más que una pasión: es la vida encarnada en una cancha”: Cirilo Stofenmacher.

Twitter: @Mauri_Zapata