Humanismo, no es gentilicio

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Pérez Ávila.
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Pérez Ávila

“Vivir en Colima, era como vivir en una zona de guerra, con tiroteos, autos quemados y cuerpos destrozados”, se explicó Pedro Moraz ante el reportero que inquiría sobre el motivo de su solicitud de refugio en Canadá. Él y su esposa, abogada de 28 años, decidieron salir de la localidad cuando ella recibió amenazas de un cártel y las autoridades ignoraron sus súplicas por ayuda. Canadá los atendió y les dio seguridad, esa seguridad que en su propio país les fue negada, omitida, marginada cínicamente.

Los gobiernos, demócratas, monárquicos, dictatoriales, dinásticos, oligarcas, sin importar idiosincrasias o protocolos, todos tienen diversas tareas con la misma finalidad, sin embargo, siendo todas de la misma magnitud y casi idéntico cariz, ninguna es más importante que la seguridad.

Darle garantías al pueblo es lo primordial, porque no hay nada más trascendente, hasta vital diría yo, que brindarle protección al ciudadano.

Cuando el señor Presidente resumió su idea de identificar su paso por la presidencia como “humanismo mexicano”, decidí advertir sobre la necesidad imperativa de hacerle sentir que en tanto exista tantísima violencia, sería un disparate patológico asociar el régimen a la dimensión de un precepto carente de nacionalidad, por ser universal, por significar el florecimiento del pensamiento, de la creatividad, por estar ligado a lo que la Humanidad calificó de “Renacimiento”.

Al oficializarse la permanencia militar en las calles, realizando tareas policiacas, “el humanismo mexicano”, aspiración casi mística del juarísta Presidente, se crea una divergencia inmarginable, porque, a todas luces, es del todo imposible la sinergia entre Humanismo y fuerzas armadas.

Además, es necesario subrayar el real significado de las palabras, para evitarnos confusiones. Yo creo en la convicción de AMLO, para mí es absolutamente sincero en su manifestación, porque él es el primer convencido de su afirmación. López Obrador así lo ve.

No está ahí la discrepancia. AMLO acepta el humanismo, como la inmensa mayoría, confundiéndola con humanitarismo. Recalco. No es lo mismo, HUMANISMO, que HUMANITARISMO.

Humanismo es una doctrina. Una índole de introspección individual y colectiva. Es el estudio del hombre.

Humanitarismo es sensibilidad, es compasión, solidaridad en el dolor, la pena, la desesperación. Para dejarlo bien claro, quien auxilia a alguien en su aflicción se muestra humanitario, no humanista.

Más aún. El humanismo no debe ser materia política, ni instrumento chauvinista, para conferirle nacionalidad.

Que nuestro país ha sabido sortear, con buen éxito, la calamidad terrible de una pandemia, y mantiene una economía saludable, que le permite enfrentar el difícil problema de la inflación, eso se le debe reconocer a López Obrador, porque ha sido estricto, inflexible, inexpugnable, enfrente de los grupos poderosos, los grandes capitanes de la industria y el comercio, habituados a eludir sus compromisos tributarios con HACIENDA.

 

¿Y, DÓNDE ESTÁ LA BARBIE?

“Está raro lo de este señor, Valdez Villarreal, (Edgar) que no está en los registros de los presos, y queremos saber dónde está”. Andrés Manuel López Obrador.

Ni se lo van a decir. Ni a él, ni a nadie.

En la Unión Americana, la autoridad judicial maneja, con resultados excelentes, un programa protector, instituido para garantizarles inmunidad a testigos colaboradores. Por lo visto, el Presidente mexicano no lo sabe.