La Sección 30 del SNTE ante una elección más representativa

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Héctor F. Saldívar Garza.
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Héctor F. Saldívar Garza

A propósito de que el nueve de diciembre celebraremos elecciones para nombrar los dirigentes de la Sección 30 del SNTE en nuestro estado, me propuse realizar una reflexión, como aportación a sus miembros antes de emitir el sufragio.

Como se señala en los libros de historia, el movimiento de la Revolución Mexicana de 1910 abrigó en sus inicios grandes esperanzas de realizar acciones tendentes a alcanzar equidad social; esto se debió a la lacerante pobreza existente en el campo, asimismo, en los grupos obreros y sectores amplios de la población; y en quien confiaron pudiese encabezar estas acciones, fue en el maestro.

La respuesta se manifestó adecuadamente durante un tiempo, de tal manera que en esas fechas, hablar de la llegada al pueblo de un profesor era equiparable a contar pronto con un asesor inquebrantable para respaldar las iniciativas de mejora de la comunidad, porque bien sabían que esa era su conducta común.

El ethos de esa profesión englobó múltiples virtudes, producto de una formación escolar donde privaba el ánimo de servir honestamente y con verdadero sentido social a los sectores más necesitados, además de contar con amplios conocimientos sobre la adecuada formación en lo general de las personas; no tan solo de los alumnos a quienes atendía por su compromiso laboral, sino que sabía extender el accionar para con su honorabilidad brindar protección al pueblo y respaldo a las autoridades oficiales.

El profesor, unido al sacerdote y la autoridad oficial de la entidad, eran los grandes pilares donde se protegía la ciudadanía. Esto, actualmente es un ambiente que para lamento de la colectividad ha quedado en un pasado ya muy distante, pero que siempre es recordado y a la vez anhelado su regreso.

Haciendo remembranzas de la historia del magisterio, no podemos ignorar la época de las “Misiones Culturales” cuando el ilustre maestro José Vasconcelos las creó durante el gobierno del General Álvaro Obregón, quien había surgido del movimiento revolucionario como uno de los líderes destacados, lo que le permitió ocupar la presidencia de México durante el periodo 1920-1924.

Los libros de la época informan que la actividad mencionada la iniciaron justamente por la necesidad de atender a grandes sectores del pueblo de México que habían quedado desangrados por la Revolución, y esto, de alguna manera, se ideó como una forma de corresponder a su iniciativa de constituirse en los grandes artífices del movimiento transformador pretendido, amén de que esta labor era indispensable por la situación económica complicada en lo general y las condiciones educativas deplorables de la mayoría del pueblo  mexicano.

El acercamiento que los maestros tuvieron con los campesinos y sectores marginados fue recibido con aplausos y agradecimiento de la ciudadanía en lo general, y el proyecto continuó en el gobierno del General y licenciado Lázaro Cárdenas del Río. Esto se llevó a efecto, en virtud de que los dirigentes mencionados representaban al sector vanguardista que desde el inicio del movimiento armado establecieron la línea de acelerar la satisfacción de los compromisos emanados de la Constitución de 1917, donde se recogieron las necesidades prioritarias del pueblo y se establecieron artículos que promoverían su cumplimiento.

Sin embargo, al transcurso del tiempo los ánimos revolucionarios fueron diluyéndose por ambiciones personales y grupales de algunos dirigentes, que se fueron aliando con los sectores capitalistas a partir del gobierno del General Manuel Ávila Camacho, fortaleciéndose este proceder con los siguientes presidentes del país, hasta llegar a la aplicación del modelo neoliberal en los años ochenta, que al final  del gobierno de Enrique Peña Nieto fue frenado, cuando la pobreza y corrupción llegaron a niveles alarmantes.

Estos resultados ocasionaron que ya fuera imposible la continuidad del modelo citado, lo cual en cierta parte propició el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en los comicios de 2018 y la aplicación del proyecto “4T” que lleva en sus entrañas lograr, mediante un accionar pacífico, se instaure nuevamente la lucha por alcanzar la equidad social.

Para la profundización de esta actividad se requerirá de mentes pensantes y con formación humanista, que podrían establecer un interjuego con la población para informarles de la realidad existente, y este conjunto bien lo pueden constituir los maestros, justo por las herramientas que esgrimen en su proceder educativo.

Por tal razón, nuestro gremio tiene que proceder con suma responsabilidad y cautela ante todas las actividades de tipo político en las que son actores, porque deben operar como líderes sociales a quienes les corresponde encauzar al pueblo hacia destinos favorables para su bienestar.

En el presente existe el compromiso de elegir la representación de maestros de la Sección 30 en Tamaulipas, y están proponiéndose tres candidatos, por la planilla Blanca el maestro Naif José Hamsche Ibarra, por la planilla Amarilla el maestro Arnulfo Rodríguez Treviño, y por la planilla Naranja el maestro Abelardo Ibarra Villanueva.

Como lamentablemente sucede en este ámbito, no se está colocando en la meza de negociaciones un ideario determinado, lo que permea son simpatías personales y las atenciones materiales y promesas de cada líder, en torno a aplicar un sindicalismo más puro. Sin embargo, como de aquí surgirá quien representará a los maestros ante las autoridades diversas y responderá por el sendero académico y político por donde se encauzarán, deben revisarse los antecedentes de cada candidato, pero con acciones reales, no inventadas, que dignifiquen el proceder político de los maestros.

De acuerdo con lo observado, las tres opciones dejan al maestro sindicalista las siguientes posibilidades: votar por la planilla Amarilla, favoreciendo así al Partido Revolucionario Institucional, que durante múltiples sexenios mantuvo a la comunidad en un control reproductivo hundiendo al país en la medianía, e incluso algunos de sus ex gobernadores aún son señalados por varios delitos penales; y de triunfar, quizá la más agradecida sería la última lideresa con lamentable pasado en el propio SNTE, y que aún desea su control; de adherirte a la Blanca, respaldarás una línea con nexos poderosos económicamente, según se ha observado en la campaña y donde su líder más destacado en el estado, próximamente será citado por la justicia para demostrar su honorabilidad; o si te vinculas con la Naranja, te identificarás con muchos que anhelan continuar acciones para acercar paulatinamente a los profesores a una equidad social.

Tú, apreciable compañero maestro, tendrás la última palabra.