Tamaulipas: de amnésicos y fieles

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Libertad García Cabriales.
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Libertad García Cabriales.-

Hay que seguir la lucha con lo que podamos y hasta que podamos: Benito Juárez

Los años más recientes en Tamaulipas estuvieron, por decir lo menos, carentes de cultura cívica desde las instituciones, los programas y los discursos oficiales. Derivado de ello, también en el sector educativo se notó una merma al respecto. Peor todavía entre la ciudadanía. Al no haber referencias de la historia y el civismo, parecíamos un pueblo amnésico, huérfano, sin raíz; pues sólo en pequeños círculos se hablaba de la memoria histórica y la necesidad de conocerla y difundirla. Para muestra, basta ver el terrible abandono de la Rotonda de los Tamaulipecos Ilustres (una vergüenza), además, nunca se hizo el traslado a la nueva que se encuentra igual, en la incuria, el desaliño, la dejadez.

Pienso en todo ello, en el aniversario del fallecimiento de Pedro J. Méndez, considerado héroe mayor de Tamaulipas. Sé que no suena correcto eso de otorgarles lugares a los héroes como si de competencias se tratara. En el caso de los tamaulipecos, Méndez Ortiz y Carrera Torres se consideran los más grandes, aunque sin duda hay muchos otros personajes de enorme valía en la historia regional. Ambos valientes, ambos generales, ambos con talento estratégico militar, ambos con muertes trágicas en su juventud; tal vez Pedro José Méndez es considerado número uno porque su historia fue cronológicamente primero, además de haber sido parte del proyecto republicano de Benito Juárez, considerado “máximo héroe nacional”.

Pero más allá de los afanes por calificar a los héroes, Pedro José Méndez tiene méritos de sobra para ser recordado con honores en todo nuestro territorio. Nacido en el municipio de Hidalgo, el general Méndez encarna el valor de los tamaulipecos en la forja de la República. Hijo de rancheros con buena posición, Méndez decidió sumarse a la lucha a muy temprana edad, impulsado por su amor a la patria y su inconformidad con la circunstancia histórica, más todavía si consideramos que era reciente la herida por la pérdida de más de la mitad del territorio nacional y estatal a manos de los estadounidenses.

Para destacar especialmente su actuación en la guerra de Intervención Francesa en la que demostró su capacidad militar primero en Tampico, después en la defensa de Ciudad Victoria y más tarde en el asedio a Tula. Batallas que le permitieron a Méndez hacerse de valiosos pertrechos militares como resultado de la expulsión de los franceses. Hazañas que, entre otras, le valieron para ser ascendido primero como Coronel y después como General con el reconocimiento del presidente Juárez.

Pero su genio militar no era todo; también contaba con una integridad ejemplar. La anécdota sobre su relación con Servando Canales y la propuesta de este para apoyar sus ambiciones de poder son una muestra contundente: “Así que siendo Canales y yo los jefes que sin pretensión de ninguna clase hemos sostenido la bandera nacional, no me parece conveniente que nos postulemos para los primeros puestos del Estado, porque así apareceremos como ambiciosos, perderemos el poco prestigio que tenemos en los pueblos, y estos sólo verían en nosotros unos hombres ávidos de poder y de dinero…al ver que nos arrastramos para conseguir unos puestos que no podemos desempeñar. Es necesario pensar con madurez y procurar el bien del Estado; este necesita primero la paz y enseguida nombrar a sus mandatarios; pero estos no debemos ser Servando ni yo, que sólo sabemos dar balazos y sablazos”.

Así era Méndez, el valiente liberal que operó con ejemplar valor en años de terrible incertidumbre; tanta, que hubo un tiempo cuando Tamaulipas estaba subdividido administrativamente en dos departamentos por orden de Maximiliano y muchos tamaulipecos “distinguidos” estaban trabajando para la causa imperialista. Tiempo de traiciones y venganzas, cuando la disputa por el poder en nuestra tierra se reflejaba en fuertes conflictos políticos.

En 1866 con su ejército denominado “Cuerpo de fieles”, en alusión a la indeclinable lealtad que profesaban, Pedro J Méndez decide el ataque al puerto fluvial y almacenes comerciales de Tantoyuquita, hoy municipio de Ciudad Mante. Defendida por el general francés Jaquin, la base fluvial contenía una carga de armamento de enorme cuantía, que era fundamental para la causa del Imperio. Después de apoderarse del botín de guerra y hacer capitular a los franceses, el valiente general tamaulipeco fue herido gravemente para morir horas más tarde. Las últimas palabras del héroe fueron “Me han muerto, no desmayen, allí está el camino”, señalando al enemigo.

El 23 de enero se cumplieron 156 años de la muerte del heroico tamaulipeco. No más amnesia por favor. En este siglo seguir el ejemplo de los fieles es honrarlos en el recuerdo justo, la memoria digna, el amor a la patria. Pedro J. Méndez nos marcó el camino para la defensa de nuestra tierra. Ahora nos toca a nosotros, fieles a sus principios, enarbolar sus más altos ideales. Es tiempo de la concordia. Nadie ha dicho que el camino es fácil, pero el porvenir de nuestros hijos bien lo vale. Y ojalá muy pronto, la Rotonda donde se albergan sus restos y los de los más grandes personajes; sea un espacio digno para reafirmar la cultura cívica y refrendar nuestra pertenencia y amor a nuestra heroica Tamaulipas.