Lic. Ernesto Lerma
Esta reciente película se centra en el conflicto del nuevo Capitán América y su necesidad de convencerse del rol que ocupa, algo que sucede adentro de la pantalla y afuera porque ya arribó a las salas de los cines comerciales “Capitán América: Un nuevo mundo” en un escenario de total incertidumbre y alto escepticismo.
A nueve años del final de la trilogía, esta cuarta parte de la saga enfrentaba el reemplazo de su protagonista y del equipo creativo al tiempo que debía consolidar al héroe no sólo como el nuevo Capitán América, sino también como uno de los principales atractivos del Universo Marvel de cara a los grandes eventos que los renovados Vengadores afrontarán a partir de 2026. A su vez, se buscaba continuar la franquicia en clave de thriller político con acción de superhéroes, apelando a la intriga y la fisicidad como principales activos para la puesta en escena.
Sin embargo, en “Falcon y el Soldado del Invierno” ya se había expresado un leve retroceso para la franquicia a partir de un final deslucido en la acción y subrayado en lo discursivo. Con algunas virtudes que atenúan la experiencia, este estreno refuerza la idea de un Capitán América devaluado. “Capitán América: Un nuevo mundo” inicia abriendo múltiples conflictos. A cinco meses de la asunción del presidente Thaddeus Ross (Harrison Ford reemplaza al fallecido William Hurt), Sam Wilson / Capitán América (Anthony Mackie) y Joaquín Torres / Falcon (Danny Ramírez) recuperan un misterioso cargamento de alto valor que había sido robado por mercenarios.
En un intento por redimirse para recuperar el afecto de su hija Betty (Liv Tyler), Ross le propone a Wilson rearmar Los Vengadores para fortalecer la defensa de Estados Unidos y del mundo. Sin embargo, un atentado contra el presidente en una cumbre internacional destruye la posibilidad de una alianza entre ambos. En una carrera contra el tiempo para evitar la ejecución de un inocente, el Capitán América y Falcon deberán desbaratar una conspiración antes que se desate una guerra mundial por el control de la reserva de un metal más codiciado que el vibranio: el adamantium.
Si esta premisa parece enrevesada por sí misma, durante buena parte de su recorrido la película irá complejizando aún más el entramado de alianzas y enemistades, tanto en lo político como en el superheroico. En búsqueda de establecer la intriga política en clave del Universo Marvel, los cinco guionistas que diseñaron este proyecto (reemplazos, pruebas de audiencia fallidas y regrabaciones mediante) intentaron enriquecerla a partir de la influencia de múltiples franquicias que excedían a la trilogía del Capitán América y su spinoff en streaming (“Eternals”, “Pantera Negra”, “Viuda Negra”). En ese sentido, se retomaron conflictos abiertos en “Hulk: El hombre increíble” (2008) para tratar de darle vuelo a la conspiración.
Al igual que Sam Wilson nunca será Steve Rogers, Anthony Mackie nunca llenará los zapatos de Chris Evans, quien había construido un Capitán América insuperable desde el carisma, la presencia en pantalla y la correcta dosis de emoción desplegada a partir de un arco sólido y repleto de matices. Si bien están lejos de ser descollantes, algunas de las escenas de combate en aire y tierra están correctamente ejecutadas y diseñadas. Entre estas, sobresalen el despliegue en el océano Índico como un Top Gun low cost o la emboscada callejera de Sidewinder (Giancarlo Esposito), homenaje a varios pasajes de la excelente “Capitán América y el Soldado del Invierno”.
Le otorgo un ocho de calificación a esta producción fílmica, porque pesada es la mano que carga el escudo rojo, blanco y azul. Como todos recuerdan del final de “Avengers: Endgame” —y de revisar diligentemente la línea de tiempo en constante actualización que uno necesita para mantenerse al día con el Universo Cinematográfico de Marvel—, Sam Wilson, anteriormente conocido como Falcon, recibió la antorcha para convertirse en el nuevo Capitán América. En la serie “The Falcon and The Winter Soldier”, todavía usaba su antiguo alias de superhéroe. Ahora, Wilson ha asumido completamente la responsabilidad de representar a una nación que, al menos en este mundo ficticio, sigue defendiendo la verdad.
Está comprometido con ser nuestro Capitán América moderno. Y lo que ese nombre significa un cuarto del camino en el siglo XXI es muy diferente de lo que significaba en 1941. O al menos, uno pensaría que significaría algo diferente, ¿verdad? Dirigida por Julius Onah, “Captain America: Brave New World” quiere establecer a Wilson —y, por extensión, a Anthony Mackie, el actor que lo ha interpretado en seis películas en la última década— como la figura que liderará la nueva encarnación de los Vengadores que actualmente se está formando. En ese sentido, la película es un éxito; el graduado de Juilliard siempre ha sido el tipo de actor con presencia en pantalla de sobra, y está más que preparado para cargar con un blockbuster.