abril 3, 2025
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Joel Balderas

¿Extorsión o negociación?

marzo 7, 2025 | 129 vistas

A lo largo de la historia las relaciones entre México y Estados Unidos han estado marcadas por una dinámica de poder bastante desigual.

Sin embargo, en los últimos meses esta relación ha tomado un tono más difícil, especialmente en el ámbito comercial. La imposición de aranceles por parte de EU ya se ha convertido en una especie de extorsión sin fin disfrazada de negociación política que se usa para obligar a México a cumplir con exigencias que van más allá de lo comercial.

Desde los primeros días del reciente mandato de Donald Trump, las amenazas de imponer aranceles a productos mexicanos han sido utilizadas como un mecanismo de control, especialmente en temas como la migración y la seguridad fronteriza.

En respuesta, México ha desplegado esfuerzos significativos, especialmente en la frontera norte con el reforzamiento de medidas de seguridad y hasta ofrendando al gobierno norteamericano delincuentes de una manera poco convencional, con el pretexto de que dichos personajes bajo la justicia mexicana serán beneficiados prontamente con la libertad de la mano de jueces corruptos, cosa que no deja de tener bastante razón.

Pero cada vez que México parece cumplir con una exigencia, surge una nueva condición que lo obliga a seguir cediendo, porque cuando México avanza en las negociaciones y parece haber estabilizado la relación comercial, llega otra embestida desde Washington con nuevas demandas.

Se trate de migración, tráfico de fentanilo o seguridad, el Gobierno estadounidense parece estar encontrando nuevos argumentos para condicionar el comercio con México y amenazar con aranceles, ¿hasta cuándo seguirá este ciclo de imposiciones?

Es de reconocer que, independientemente de los resultados y pese a cada embestida, la presidenta Claudia Sheinbaum ha demostrado estar a la altura de las negociaciones, manteniendo una postura firme y pragmática frente a las exigencias de Estados Unidos. Sin embargo, la realidad es que México sigue jugando a la defensiva, reaccionando de manera sumisa ante cada nueva presión.

El problema es que: si EU puede imponer condiciones comerciales cada vez que le convenga, ¿qué garantías tiene México de que su economía no será rehén de futuras presiones? La imposición de aranceles no es solo una medida económica, sino una forma de ejercer control político sobre un país que, a pesar de su fortaleza comercial, sigue estando en una posición vulnerable frente a su poderoso vecino del norte.

México debe replantear su estrategia y construir una posición más sólida en la mesa de negociación. No se trata de ceder para evitar conflictos, sino de exigir respeto y condiciones equitativas en la relación bilateral. De lo contrario, este ciclo de presiones y concesiones nunca tendrá fin, y el país seguirá atrapado en una negociación eterna donde siempre se le pedirá más.

En este contexto, la presidenta Sheinbaum ha convocado a la ciudadanía al Zócalo de la Ciudad de México el próximo domingo nueve de marzo, generando expectativas sobre el propósito de esta reunión masiva en el Zócalo de la Ciudad de México.

¿Será esta una oportunidad para que el gobierno de Sheinbaum marque una postura firme ante las exigencias del país vecino, o se tendrá planeado solo un acto simbólico con un mensaje político de unidad y fortaleza sin mayores repercusiones en la política internacional? Ya lo veremos.

Nos leemos la próxima.

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