El 2014 fue el año en que se conmemoró el centenario del natalicio de Octavio Paz. Nuestro Nobel había nacido en 1914, en plena Revolución Mexicana. Con los años recordaría que, de niño, en la sobremesa familiar, “el mantel olía a pólvora”. En 2014, en Nuevo Laredo corría el trienio de Carlos Canturosas Villarreal y su cabildo aprobó la construcción de una biblioteca que llevaría el nombre del poeta y ensayista mexicano.
En aquel entonces me desempeñaba como director de Arte y Cultura y hube de intervenir en aquel proyecto. El diseño del edificio corrió a cargo del arquitecto Ignacio Quiñónez. En 2015, sugerí a Antonio Martínez Santoyo, a la sazón primer Síndico de aquella administración, que el nuevo espacio se abriera al público un 31 de marzo, haciendo coincidir la ceremonia de inauguración con el cumpleaños del célebre autor de ‘El laberinto de la soledad’.
Para el evento inaugural contamos con la presencia de la poeta uruguaya Ida Vitale, como madrina del recinto. Con el correr del tiempo, además de Ida, otros importantes escritores y académicos nos han visitado y han abordado distintos aspectos de la obra de Paz. Temo no recordarlos a todos, pero van algunos nombres: Enrique Fierro, Braulio Peralta, Danubio Torres Fierro, José María Espinasa, Irma Cantú, Minerva Margarita Villarreal, José Javier Villarreal.
Cuando Ida Vitale enviuda mueve su domicilio de Austin, donde solía visitarla, a Montevideo. Antes de partir a esa ciudad austral, recibo una llamada de ella; resumiendo aquella plática, nos donaba sus libros de su biblioteca personal en Austin. Un acto generoso. Más adelante, por consejo de Ida, Tita Valencia también nos donaría la biblioteca que a lo largo del tiempo ella y su esposo, Miguel González-Gerth, habían atesorado. Ambas, forman parte de las Colecciones Especiales de la biblioteca Octavio Paz de Nuevo Laredo.
Ha corrido agua bajo el puente. Estamos en 2025, nuestra biblioteca cumple su primera década. Para ese propósito, contamos, gracias al apoyo de nuestra alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villareal, con la presencia del escritor Armando González Torres, quien platicó con los asistentes al evento de todas las estaciones del itinerario vital de Paz. Quienes seguimos a González Torres a través de sus libros y colaboraciones para la prensa sabemos de sus conocimientos, de su autoridad en ciertos temas y autores; pero tratarlo en persona fue la oportunidad para dar fe de su sencillez y gentileza.
En las palabras liminares de su libro Los signos vitales, Armando González Torres expresa lo siguiente: “En el horizonte intelectual del siglo XX, Octavio Paz fue una figura que tuvo la suerte de convertirse en un clásico en vida. Difícilmente puede pensarse en otro autor hispanoamericano que haya ejercido tal influencia simultánea en el arte, el pensamiento y la vida pública de su época.” El pasado lunes, entre nosotros, Armando dijo que Octavio Paz es el más universal de nuestros escritores. No le falta razón. Cierro con un sincero deseo: ¡Larga vida a la biblioteca Octavio Paz de Nuevo Laredo!