Josefina Guzmán Acuña
Adolescencia, es la serie de Netflix que está impactando al mundo por la frialdad con la que un adolescente se comporta después de haber asesinado a compañera de escuela, también adolescente. El impacto de la serie es tal que Reino Unido acaba de anunciar que la serie se trasmitirá en las escuelas secundarias de todo el país, acompañada de análisis, diálogos y acciones de prevención de la violencia misógina, entre otras acciones. En México, si bien el tema ha estado en la conversación de todas las mesas y en redes sociales, muchas personas consideran es un tema muy alejado de nuestra realidad. Para tener un panorama más claro, UNICEF señala que, en 2020, 112 niñas y adolescentes de (cero a 17 años) fueron víctimas de feminicidio, lo que representa el 11.5 por ciento del total de feminicidios en el país.
El internet, está lleno de análisis de personas expertas en sociología y psicología. Como especialista en género y violencias, mis comentarios versarán sobre este enfoque. Sin spoilear, una de las premisas de la posible explicación del crimen, se deduce es, por misoginia; y esto a su vez, tiene que ver con la construcción de las masculinidades violentas. Aunque estamos en el siglo XXI, la igualdad de género es un precepto constitucional, se encuentra en todas las leyes y las mujeres se han empoderado, algo que he comentado desde hace tiempo, es que las mujeres lo entendimos y evolucionamos, pero los hombres no del todo.
La construcción de la masculinidad comienza en la infancia con la influencia de varones adultos de la familia, papá, tíos, abuelos, que son referentes que van creando patrones normativos sobre cómo debe de comportarse y sentir un “hombre”. De igual manera, los pares juegan un papel importante, hermanos, amigos, compañeros, que se refuerzan constantemente en el espacio escolar. La influencia de la familia no se requiere que papás o abuelos, golpeen o violenten directamente, sólo que sean “hombres” desde una visión tradicional.
Según el estudio de Sabuco (2013) entre los 10 y 12 años el control social entre iguales construye la identidad masculina y modela las valoraciones asociadas a la masculinidad, ambas alejadas de modelos femeninos. Es decir, se comienza a despreciar lo femenino, mediante sexismo y homofobia. Su relación con las niñas les permite además legitimar su jerarquía y protagonismo social. Sabuco, señala que los adolescentes toman dos roles: protectores o agresores. En ambos casos, las niñas son percibidas como débiles frente a lo fuerte y dominante de los niños.
Las masculinidades se construyen de forma muy violenta. Niños y adolescentes, se golpean, se empujan, se hacen bullying, se ponen apodos ofensivos, Un adolescente cercano, estaba lastimado, cuando le pregunté a su mamá, me dijo es que “se llevan muy pesado entre los amigos”, pero no pasa nada todos son amigos. Se ha normalizado, que “jueguen brusco” y se golpeen, como formas de comportamiento válido y permitido entre los hombres.
Aunado a esto, desde pandemia, se ha venido alertando de lo que está pasando por redes sociales con contenidos misóginos y violentos. La manosfera, que es mencionada en la serie, corresponde al término man (hombre en inglés) y esfera. Un estudio realizado en Reino Unido titulado “Young People in the Time of Covid-19” de la Fundación Hope and not hate (2020), encontró que los jóvenes rechazan el feminismo; más jóvenes están de acuerdo en que el feminismo ha ido demasiado lejos y dificulta el éxito de los hombres. Otro de los hallazgos, es que, entre grupos conservadores, los jóvenes en 75 por ciento creen que el feminismo está frenando el progreso de los hombres.
En redes sociales el movimiento organizado por los derechos del hombre (MRA, siglas en inglés) y la manosfera se componen de influencers y artistas, como el polémico Andrew Tate. Tate brinca a la fama en el 2016 en Big Brother versión británica, de la que fue expulsado por la publicación de un video en el que parecía estaba atacando a una mujer. Fue campeón mundial de kickboxing cuatro veces, pero su fama se encuentra en las redes sociales con más de 54 millones de seguidores en TikTok, donde muestra su estilo de vida exótico y fascinante como mostrar 33 vehículos de super lujo. Pero su fama se debe a su trato hacia las mujeres, las referencias que se hacen de ellas y su promoción de la misoginia.
Jessica Grose (2025) en el New York Times, señala que las profesoras británicas han estado alertando, desde el 2022, sobre los peligros de la cultura INCEL (siglas de involuntary celibates, en inglés). Este movimiento de célibes involuntarios que describe personas incapaces de tener pareja o una vida sexual a pesar de querer. Grosse afirma, que según datos de The Guardian, el 70 por ciento de las maestras señaló que se han enfrentado a misoginia en las escuelas y que los jóvenes creen saber la verdad de las cosas por haber tomado “la píldora roja” término de la manosfera. Adolescentes y jóvenes tienen la necesidad de reafirmar las dinámicas de poder de la supremacía masculina incluso ante mujeres adultas.
Las alertas están prendidas. Qué contenidos están teniendo acceso las infancias y adolescencias. Realmente entendemos las dinámicas de violencia, bullying y misoginia que transitan de forma normal en las redes sociales de niños, niñas y adolescentes. En México las políticas públicas para infancias y adolescencias son casi nulas. Es necesario trabajar con las infancias y las adolescencias, desde todos los ámbitos. La violencia contra las mujeres y niñas, ni los feminicidios van a detenerse, sino trabajamos desde la infancia, con nuevos esquemas de masculinidades respetuosas, igualitarias y sanas en todas las relaciones.