En la novela y hoy convertida en serie, “Como agua para chocolate” de la mexicana Laura Esquivel, el personaje principal Tita se le es prohibido casarse, por una rigurosa tradición familiar que dice que la mujer más pequeña de la familia debe de quedarse en casa para cuidar a su mamá. Y aunque la novela refleja la sociedad de la época de la Revolución Mexicana a principios del siglo XX, en la actualidad, el trabajo de cuidados sigue realizándolo en su gran mayoría las mujeres.
El concepto del cuidado engloba las actividades como el cuidado de niños, niñas, personas mayores, personas con enfermedades físicas y mentales, o personas con algún tipo de discapacidad, que además se multiplica con la realización de otras tareas domésticas diarias que van desde cocinar, limpiar, lavar, solo por mencionar algunas.
Pero ¿Quién dijo que el trabajo de cuidados le corresponde a las mujeres?
Especialistas argumentan que esto se debe principalmente a la tradición patriarcal que evolucionó conforme la economía de las sociedades que dividió el trabajo en lo público (hombre proveedor) y lo privado (mujeres doméstico); sin embargo, a pesar de que las sociedades evolucionaron y las mujeres ingresaron en mayor número al mercado laboral, esto no transformó la estructura de las familias ni de las sociedades, y las mujeres siguen siendo las responsables de lo doméstico.
El informe elaborado por Oxfam en el 2020 titulado “Tiempo para el cuidado”, señala que en todo el mundo las mujeres y niñas en situación de pobreza asumen desproporcionadamente el trabajo de cuidados no remunerado o mal remunerado.
El trabajo de cuidados no remunerado a nivel mundial lo realizan las mujeres en más de tres cuartas partes.
Los datos en México son reveladores. La Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (Enasic) 2022, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), encontró entre sus resultados que 31.7 millones de personas de 15 años y más brindaron cuidados a personas en su hogar o en otro hogar.
De ese total, el 75.1 por ciento de las personas que brindaron cuidados fueron mujeres, mientras que el 24.9 por ciento fueron hombres. Las mujeres en promedio dedicaron 37.9 horas semanales a los cuidados y los hombres 25.6 horas.
Esta asimetría en la cantidad de mujeres que proveen cuidados y las horas que le destinan a la semana, tiene repercusiones muy severas en la vida de las mujeres: limita la capacidad de prosperar económicamente y acceder a trabajos remunerados, mina la salud y bienestar de quien cuida, priva a mujeres y niñas a satisfacer necesidades básicas, como tiempo de ocio y recreación, además de actividades políticas y sociales.
Con el aumento de la esperanza de vida de las personas, en México según Inegi en este 2025 la esperanza de vida es de 75.5 años, pero para 2050 se espera sea de 80 años. Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 2050 en el mundo, habrá cien millones más de personas mayores y cien millones más de niñas y niños de entre seis y 14 años que necesitarán atención y cuidados. El envejecimiento demográfico está provocando una inminente crisis en los sistemas de salud y en los cuidados.
Es urgente que los gobiernos inviertan en sistemas nacionales de cuidados que provea servicios de atención y cuidado de infancia, personas mayores y personas con alguna discapacidad. Se requieren residencias de día que permitan que las personas que cuidan puedan delegar parte de esa responsabilidad en un servicio especializado de atención gerontológica. Eso facilitaría a las mujeres acceder al empleo, al bienestar físico y emocional. Igual es urgente eliminar los prejuicios sexistas que afirman el cuidado es responsabilidad de mujeres y niñas.
Dice la escritora Irene Vallejo, que no somos una isla, nacemos vulnerables, crecemos y envejecemos. Pero preferimos no pensar en la vejez ni en qué ocurriría si enfermamos como una especie de mal agüero. De igual manera, vemos de lejos lo que muchas personas cercanas están pasando con el cuidado de padres y madres. Cerramos los ojos, pensando que, si no lo veo, no me ocurrirá.
Mi solidaridad para todas las personas cuidadoras en particular las mujeres que hoy exhaustas, estresadas, con dolor y resignación cuidan a sus padres, madres o personas enfermas. Hoy es el momento pertinente de preguntarnos. ¿Quién cuidará de ti?