julio 20, 2024
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José Inés Figueroa Vitela

Todos eran culpables

julio 9, 2024 | 84 vistas

José Inés Figueroa Vitela

 

Ahora que el diputado ISIDRO VARGAS presentó su iniciativa, para que se investigue hasta sus últimas consecuencias, la gestión de HUMBERTO RANGEL VALLEJO como titular del Itait, surgieron otras dudas.

Los reporteros le preguntaron, por ejemplo, si no tendrían responsabilidades otros funcionarios del propio Instituto, por los mismos hechos.

Se referían a la venta de vehículos flamantes a precio menor del de la chatarra, el cobro de multas a ayuntamientos que no ingresaron a las Finanzas del Estado y la cuestionada renta de unidades muebles.

Unidades de transporte, propiedad del ahora funcionario del Tribunal Superior de Justicia del Estado, a entidades sujetas a su revisión, en el apartado de transparencia y rendición de cuentas.

Desde el propio ente de control interno, hasta los encargados de los procedimientos administrativos, eventualmente, en su momento debieron enterarse y sancionar los presuntos desvíos.

De esa manera que si no por acción, al menos por omisión aquellos tendrían responsabilidad, lo que en su caso arrojará la investigación de marras.

Más allá de lo que ahora se sabe pasó en el Itait -muy parecido a lo de la UAT de MEMO MENDOZA Rector- y que, de suyo, es por demás penoso y penado, la pregunta ahora es: ¿qué escondió RANGEL VALLEJO?

¿Cuál fue el motivo para que la ensanchada manga de la impunidad le cobijara y animara a disponer relajadamente del patrimonio público?

Y si esa condición de cómplice, es la que hoy lo mantiene como titular administrativo del Supremo Tribunal de Justicia del Estado.

La mancha de las sospechas se vuelve interminable.

Aquella ramificación de lo ilegal, lo torcido, lo perverso, tiene otros símiles, en los casos del secretario de Administración y la titular de la Contraloría del pasado sexenio, JESÚS ALBERTO SALAZAR ANZALDÚA y ELDA AURORA VIÑAS HERRERA.

Lo mismo quienes, como paso obligado de todas las operaciones patrimoniales, compras, ventas, contrataciones del Estado, fueron partícipes de todos los desvíos y saqueos cometidos por el exgobernador, sus hermanos y cercanos.

El gobierno del doctor AMÉRICO VILLARREAL ANAYA, a través de su equipo jurídico, logró finalmente remontar la obstrucción de los rescoldos del cabecismo, enquistados en la Fiscalía General de Justicia y encabezados por su titular, IRVING BARRIOS MOJICA, para vincular a proceso a la excontralora gubernamental y el exsecretario de administración.

Los delitos de Uso Ilícito de Atribuciones y Facultades, más los que resulten de la fracción en 14 contratos, por más de ocho millones de pesos, para evitar cumplir con la obligación de licitar la operación y entregar los recursos a tres empresas, sin justificar, siendo grave y escandaloso, parecerá pecata minuta en el universo de las ilegalidades con que se condujeron todo el pasado “gobierno”.

Acaso este haya aparecido más “redondo”, en la superficie, por la prisa que traían, cuando el sexenio se acababa y aún había recursos por robarse.

En su caso, firmaron el montón de contratos en la misma fecha y a favor de los mismos beneficiarios, evidenciando el delincuencial manejo.

De la punta de ese iceberg aún existe un universo por descubrir… ya se abunda en ello y los trabajos van muy avanzados.

Son más de cien las carpetas de investigación por presuntos desvíos de recursos públicos y responsabilidades, cometidos durante el pasado sexenio y conforme se avanza, nuevos hallazgos de corrupción van encontrando las autoridades del actual gobierno.

Dos miembros del gabinete, el titular del ente transparentador, el ex auditor, el fiscal especializado, los hermanos, los compadres, los socios, los cómplices, tiene un común denominador.

Es el exgobernador FRANCISCO JAVIER GARCÍA CABEZA DE VACA.

Sus delitos no serán por omisión, evidentemente.

La manga ancha de la justicia, finalmente, ronda su figura, con insistencia.

Y ya no hay elección, partido, candidatura, por los que la banda y su jefe, pretendan otra vez decirse perseguidos políticos, como siempre lo han hecho cada que las autoridades se disponen a hacer su trabajo.

Caminan, destino de la cárcel, inexorablemente.

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