La tolerancia es la mejor religión. (Víctor Hugo)
¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. (Albert Einstein)
No estoy de acuerdo con lo que dice, pero defenderé con mi vida su derecho a decirlo. (Voltaire)
¡Qué desagradable es escuchar a alguien decir: “no invitaré a Fulanito porque ¡no lo soporto!”, más molesto aún es estar en una reunión donde una o dos, personas esperan a que alguien hable para contradecir o criticar cualquier comentario u opinión, o hablar con alguien que sólo ve en los demás defectos y rasgos negativos. Es sabido que todos tenemos una mezcla más o menos equilibrada de negatividad y positivismo, el secreto de la sana convivencia es justamente saber escuchar y aceptar la diversidad de pensamientos y de acciones la humanidad es plural. En cierta ocasión estaba reunido el personal docente de una escuela primaria, dispuesto a cumplir con la tradicional Junta de Consejo Técnico que mes a mes se lleva a cabo, estos eventos un tanto rutinarios, predisponen al tedio, porque el deseo del profesor es retirarse a sus actividades personales. Es común que surjan fricciones de la cosa más intrascendente entre los miembros del consejo. Las caras de cada uno mostraban, el cansancio propio de los últimos días de clases antes de un período vacacional, en pocas palabras, todo mundo estaba predispuesto a explotar por nada. Sin embargo, una de las compañeras que se percató de la situación, se levantó de su lugar intempestivamente y sin previo aviso, exclamando:
-Antes de iniciar la reunión les propongo una dinámica; vamos a pasar todos al frente uno por uno y los demás mencionaremos algo que nos gusta o admiramos de la persona que está al frente. ¡Yo seré la primera! ¿qué cosa les agrada de mí?
Con una sonrisa empezó a requerir un comentario por persona. En un principio, la respuesta del grupo fue débil, pero superada la primera impresión de algo que nadie había hecho y que al final era grato, el ambiente poco a poco se relajó, poniendo de manifiesto cualidades que antes no habían sido reconocidas o valoradas de cada uno de los miembros del grupo y se estableció una interrelación propicia para la reunión que pudo haber sido un fracaso. La autoestima de todos se vio fortalecida, y la simpatía entre los miembros del grupo se hizo evidente. ¡No hubo nada mágico en la situación! Solamente se estimuló el lado positivo que todos tenemos en lugar del negativo y el grupo estuvo dispuesto a convivir con los demás, porque descubrió que todos admiraban “algo” de cada quién y convinieron en ser tolerantes con sus compañeros, pues sintieron gratitud por el hecho de saber que otras personas valoraban sus cualidades.
El ser humano por instinto es gregario, pero para poder convivir en armonía, se requiere algo indispensable, aceptarse y quererse a sí mismo, para ser capaz de aceptar y tolerar a los demás tal como son. Cada día vivido es un reto hacia la superación personal. La naturaleza otorga a los seres humanos cualidades y características distintas para aprender a aceptar la pluralidad y aprender a superar las limitaciones propias, pero para ello, no es necesario aplastar a los demás en el camino, para sobresalir. Al final de cuentas, si un individuo está dispuesto a vivir en una comunidad de cualquier tipo, debe tener presente la necesidad de aceptar a los demás, para ser aceptado. Entender que los méritos propios, no desmerecen ante los méritos de los demás.
Una sociedad saludable se construye uniendo esfuerzos y talentos distintos enfocados a las diversas áreas de las actividades humanas y con una causa común: crecer y evolucionar sanamente con grupo.
El entramado cultural primitivo surgido en las distintas partes del planeta, que ha dado origen a la historia, se ha formado con los vestigios heredados por los distintos pueblos que piedra por piedra, palabra por palabra, asentada de alguna manera, han edificado naciones a través del tiempo.
Si bien, en un principio, las bases del sometimiento de un pueblo a un grupo dominante era el miedo al poder ostentado por unos cuantos, en la actualidad, el pensamiento racional, ha cundido y la humanidad está aprendiendo que, la tolerancia y el respeto a la diversidad de regímenes políticos, dogmas teológicos, doctrinas sociales y más, constituyen la llave que abrirá las puertas de una sana convivencia en el planeta.
La clave para encontrar un equilibrio universal, radica en promover el respeto y la tolerancia en la humanidad y entender que somos ciudadanos de La Tierra, todos.