México futbolero

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Ana Medina.
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Ana Medina

El tema de la semana definitivamente fue el Mundial de Futbol. Aunque la inauguración fue desde hace dos semanas, el último partido de la Selección Mexicana fue el 30 de noviembre y hubo mucho dramatismo en torno a eso.

De ese tema, la verdad es que no sé mucho, como turista me gusta conocer los estadios y si tuviera, sí o sí, que elegir un equipo sin duda serian Los Pumas, pero no porque me guste el futbol, sino porque mi sueño dorado profesional es alguna vez en la vida dar una cátedra en la máxima casa de estudios, tengo que confesarlo.

Pero sin duda el Mundial es el Mundial y la afición mexicana es de las mejores, pero el fracaso fue rotundo, y se preveía. Hablan de la directiva, del equipo, del presidente de la Federación Mexicana de Futbol y honestamente me recuerda mucho la organización de las escuelas y los salones de clases.

No se pueden poner de acuerdo para hacer un proyecto triunfador con objetivos en común, un plan de mejora continua que tenga como objetivo trabajar por un largo tiempo con diferentes líneas de acción previamente designadas para alcanzar un cierre de ciclo escolar exitoso, o en este caso una copa del mundo.

En educación no puede o más bien no debe haber individualismo, y honestamente en estos partidos mundialistas se ve más unida la afición que la selección. Y cuando esta división sucede en una escuela se nota y no son capaces de organizar ni una posada.

Recuerdo otros mundiales (como alumna incluso como docente) donde en las escuelas se organizaban los grupos para ver los anhelados partidos de octavos de final (creo que así se llaman) incluso ahora hay muchísimos medios tecnológicos, pero antes teníamos que llevar nuestra tele y sentarnos en el suelo para juntos a la selección; y era un orgullo ¿Qué sucedió? ¿En qué momento se perdió? ¿Será que ahora el único interés es el económico?

Para mejorar hay que mirarnos frente al espejo y asumir en que fallamos, sino como siempre los afectados solamente serán la triste afición, o los alumnos cuando se trata de una escuela.

Otra analogía futbolera – educativa en este camino de desorganización serían los resultados de la Selección Mexicana.

Los resultados fueron como cuando tienes examen y te enteras justo cuando vas llegando a la escuela; tratas de ponerte a estudiar media hora antes, pero es como si todos fueran de distintos salones, no conoces a tus compañeros, no le puedes copiar a nadie, nadie te quiere copiar a ti, porque además no saben si eres “de los inteligentes” o si sabes algo más de lo que ellos saben.

Además, copiar en un examen es todo un grupo de habilidades; requiere procesos cognitivos que no se desarrollan de la noche a la mañana.

Es necesario poner atención, tener buena percepción visual, auditiva e incluso kinestesica (para saber si el maestro esta cerca), habilidades de  memoria para identificar si la respuesta que te dan corresponde con la pregunta que te falta.

¿Quién recuerda los “acordeones”?, su elaboración era todo un arte (que se está perdiendo), es también un grupo de habilidades muy efectiva para el aprendizaje (ojo, no justifico el hacer trampa, sino que estoy hablando de los procesos), su elaboración implicaba leer, revisar información, extraer ideas o palabras clave, sintetizar y organizar el propio pensamiento, para redactarlo o esquematizarlo. Estas habilidades ya no se tienen, o más bien están dejando de ser prioritarias, pues en algunos niveles la memorización simplemente no se toma en cuenta (punto que no comparto) y la evaluación ha pasado a ser algo secundario en el aprendizaje (punto en el que no estoy del todo a favor ni en contra).

Además, la pandemia ayudó a que las habilidades de nuestros alumnos se estancaran o simplemente son  conceptos y procesos que los alumnos en pandemia no desarrollaron, no es lo mismo pedirle las respuestas al Google, que copiarle al compañero de al lado o hacerte un acordeón.

Considero que la educación no se trata solo de calificación y el futbol no se trata solo de resultados, sino de todo el proceso que hay detrás para el logro de los objetivos que tenemos planteados.

En un país tan apasionado ya quisiéramos los docentes que algunos padres de familia se interesaran tanto en el aprendizaje de sus hijos como lo hicieron por los resultados de la selección.

Ni modo.