Clases presenciales: ¿Quién tiene la razón?

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Melitón Guevara Castillo 

¿Cuándo fue la última vez que un niño, un adolescente o un joven asistió a clases presenciales? Si hacemos cuentas, llevan ya, en plan de universitario, tres semestres que no asisten; desde el primer semestre del año pasado. Todo por culpa del covid-19: el mismo que, a decir verdad, aún no se va y que, incluso, ahora está con mayor intensidad, en la tercera ola, haciendo estragos entre los jóvenes.

Ante esta situación, ahora se vive una situación encontrada. Por un lado el Presidente AMLO, de manera categórica, ordena, puntualiza, que las clases se reinician en agosto. Por su parte, los padres de familia, y hasta los maestros, no quieren, aducen que no hay condiciones propicias para el regreso a clases. Son dos posturas encontradas, pero va a prevalecer la decisión de la autoridad.

 

EL CONFINAMIENTO EDUCATIVO

Cuando la presencia del covid-19 fue intensa, imparable, de daños incalculables, se tomó la decisión drástica de ir al confinamiento como una estrategia para contener el avance del contagio. Cerraron negocios y escuelas, publicas y privadas. Y se instrumentó el sistema de clases a larga distancia, no presenciales, vía Internet y televisión. Al principio fue, digamos, una decisión que medio mundo aplaudió.

Llevarla a cabo no fue nada fácil. Los maestros tuvieron que improvisar y adaptarse al nuevo modelo que, la verdad, creo que llegó para quedarse; por su parte, los padres de familia sufrieron para adaptarse: no todos tenían, por decir, computadoras para sus hijos, menos Internet. No gastaron en uniformes, ni en material escolar, pero sí en computadoras, Tablet… pero además tuvieron que adaptar la propia casa.

 

EL REGRESO A CLASES

El Presidente AMLO, preocupado por el desequilibrio, el desajuste, en el aprendizaje de los niños mexicanos, fue preparando el terreno para el regreso a clases. La primera premisa, tomaba en cuenta, es que el covid-19 no hace mella en los niños y en caso de contagio el daño es mínimo. Así que, entones, el primer paso fue vacunar a todos los maestros. No tienen, en este sentido, los profesores pretextos ni disculpas para oponerse al regreso a clases.

Miguel Ángel Tovar Tapia, líder de la Asociación de Padres de Familia, hace notar que no hay condiciones para el regreso a clases. Indica que en Tamaulipas han fallecido dos mil profesores, 50 tan solo en Victoria (en activo y jubilados) y recalca que las consecuencias de la variante del covid-19, conocida como Delta, ya se resienten en toda la República, con un incremento en contagios y en fallecimientos, sobre todo de jóvenes.

 

ECONOMÍA Y SALUD MENTAL

Estoy convencido que la primera causa para el regreso a clases es la reactivación de la economía; por eso, con todo y que el incremento de contagios, ha vuelto a semáforo amarillo y naranja cada vez a mayor número de estados; en ellos, las restricciones han sido más laxas. El Gobierno federal ya no aguanta la presión del daño económico que ha sufrido la economía nacional, las empresas, el empleo y el salario. Y con la decisión, a la par que se avanza en la vacunación, se la juega por contener los contagios y acelerar la reactivación económica.

Por otra parte, en alguna mañanera, el Presidente utilizó la expresión de “salud mental” como una variable que se tiene que cuidar en los niños; el encierro, la falta de convivencia, el estar como quien dice, obligados a estar pegado a la Tv, a Internet, a los videojuegos, quiérase o no, tiene un efecto negativo en la salud mental de todos, en especial de los niños. Claro, este problema, de la salud mental, no es privativo de los niños, también lo padecemos los adultos.

 

RIESGOS AL DÍA

Bien que lo sabemos todos: el riesgo es latente. Basta revisar la historia de las pandemias y nos damos cuenta de cómo, en las sucesivas olas, a veces es cuando se da el mayor daño; precisamente porque se relajan las medidas de protección. Ya en algunas ciudades del mundo están regresando las restricciones y, parece mentira, hasta el toque de queda.

Recomendaciones: usar cubrebocas, lavarse las manos, quedarnos en casa, evitar las aglomeraciones, no saludar de mano, entre otras.