¿Qué papel jugará en el 2022 el PRI en Tamaulipas?

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Enrique Diez Piñeyro Vargas

Concluido el proceso electoral y teniendo más claro el panorama en el tablero político tamaulipeco, podemos observar que el partido Morena se convierte en la primera fuerza política del estado. Este instituto político se adjudica una gran votación superando los 545 mil votos, seis de las nueve diputaciones federales, el control político de las principales ciudades en peso electoral de la entidad, y dieciséis de 22 diputaciones locales, lo que representa obtener la mayoría en la próxima legislatura local.

Sin duda el gran perdedor en esta elección es el partido de Francisco García Cabeza de Vaca. Un desastre total el trabajo realizado primero que nada como partido en el gobierno y el terrible desempeño de su dirigencia estatal, encabezada por un personaje principiante y desubicado a quien apodan “El Cachorro”, demostrando un total desconocimiento de la política en nuestro estado al perder prácticamente todo.

Este partido pagó muy caro la soberbia y los excesos de quienes colaboran en la administración estatal. Por tal motivo, la población no perdonó tanto agravio durante estos casi cinco años de gobierno. Cometieron el garrafal error de no saber medir el humor social y optaron por no buscar aliados para competir en contra del partido que supo capitalizar el voto de castigo en contra del proyecto de los Vientos de Cambio.

Pero en esta ocasión hablaremos del papel asumido por el Partido Revolucionario Institucional en el proceso electoral. ¿Qué pasó con el PRI? ¿Qué resultados arroja su dirigencia estatal? Bueno, en realidad, debemos de tomar en cuenta las circunstancias con las que se llega a esta elección, las cuales, son completamente opuestas a otros tiempos, cuando el partido contaba con muchos elementos a su favor.

Si comenzamos con el factor que este partido político ya no ostenta el poder tanto a nivel federal, estatal o municipal, sumémosle que sus dirigentes nunca supieron comportarse como oposición. No tuvo resonancia el hacer propias causas sociales y tener empatía con las expresiones ciudadanas que se manifestaban en contra de tantas injusticias cometidas por el partido gobernante. No podemos dejar a un lado que la marca PRI está por demás muy lastimada en la percepción del ciudadano.

Las estructuras y el llamado voto duro han venido potencialmente a la baja. Ese voto cautivo por parte de sus sectores y organizaciones que tantas victorias le daban al Revolucionario Institucional, son cosa del pasado. El completo abandonado por parte del Comité Ejecutivo Nacional a su filial en el estado tiene ya muchos años que es una realidad. Para la dirigencia nacional, los asuntos de Tamaulipas no tienen relevancia.

Estos factores fueron provocando que desde un inicio la lucha por el poder estuviera muy marcada entre dos partidos políticos y el PRI pasará en automático a un tercer sitio. Los resultados lo avalan. En gran parte del estado, la selección de candidatas y candidatos no fue la adecuada. Existen honrosas excepciones que a pesar de eso, el escenario político era complicado y no les fue suficiente para competir.

Agreguemos, que estas candidaturas no contaron con recursos económicos suficientes que les permitiera costear una campaña de altura. La estrategia de posicionamiento de aire no obtuvo resultados positivos. En las redes sociales pasaron desapercibidos, nunca hubo un mensaje que conectara con los jóvenes, un segmento prioritario que en su mayoría son quienes más utilizan estas herramientas.

Fuimos testigos de campañas políticas sin creatividad y jamás se salió del esquema tradicional, lo que originó no penetrar en el electorado. Vimos una y otra vez eventos acartonados, con la gente de siempre. No se tuvo la capacidad de conquistar a nuevos electores y se olvidaron de los liderazgos representativos de la sociedad civil. Con todos estos puntos antes señalados, se dejó pasar la gran oportunidad de ser el partido que capitalizara el desprecio de la ciudadanía hacia el partido Acción Nacional.

Como se tenía previsto, ni siquiera se estuvo cerca de dar la pelea en alguna de las nueve diputaciones federales en competencia. En las principales ciudades no hubo margen de maniobra. Basándonos en los datos duros, se ganaron únicamente cuatro presidencias municipales como: Güémez, Jiménez, Abasolo y Guerrero. Con una participación ciudadana del 52.8 por ciento, el PRI obtiene alrededor de 133 mil votos, lo que representaría estar aspirando a un diez por ciento de la votación.

Recordemos que en la última elección del año 2019, con una participación ciudadana del 33 por ciento, muy por debajo en comparación a este año, el PRI obtuvo 87 mil votos efectivos, el 10.3 por ciento. Esa elección fue catalogada como la peor en la historia del partido en Tamaulipas, ya que no se consigue el triunfo en ninguno de los 22 distritos por la vía de la mayoría relativa. Ahora, en la disputa por las diputaciones locales, se obtiene el mismo resultado.

En términos prácticos, quedó en las mismas. A lo mucho, se contará con tres diputaciones plurinominales en el Congreso del Estado y únicamente una representación tamaulipeca por la misma vía en la Cámara baja del Congreso de la Unión. Ante semejante panorama, se deben de tomar decisiones drásticas pensando en el próximo año, en el cual, se renovará la gubernatura de Tamaulipas. Es ahora cuando surge el cuestionamiento: ¿qué papel jugará en el 2022 el PRI en Tamaulipas?

Es una realidad que el PRI por sí solo no tiene ninguna posibilidad de triunfo, y más, si no se cuenta con una figura estatal con fortaleza y auténtico liderazgo que pueda echarse al hombro la marca del partido. Se ocuparía de alguien con el carisma y arrastre como lo fue Eugenio Hernández Flores, y en estos momentos, nadie dentro del Revolucionario Institucional, sea mujer u hombre, reúne esas condiciones.

Se entiende que las circunstancias hacen suponer que no quedaría más opción que participar en una alianza, pretendiendo que sean sus votos aportados el fiel de la balanza en el resultado final. El dilema será ¿con quién? Tendrá que analizarse fríamente si se realiza esta alianza con el partido Acción Nacional que viene cuesta abajo cargando con el desprestigio de un mal gobierno y con un gobernador políticamente exterminado, o con el partido Morena, que corre el riesgo de caer en el triunfalismo por los resultados obtenidos recientemente y creer que no ocupan de nadie.

Antes de estar pensando en una posible alianza, su dirigencia estatal debe de asumir una postura de autocrítica y aceptar en que se equivocaron. Si no se es capaz de reconocer los desatinos, no se podrá avanzar. Será importante hacer una operación cicatriz con los grupos y actores políticos inconformes con muchas decisiones tomadas en beneficio de unos cuantos.

Posteriormente, ¿cómo debe de conducirse el PRI en Tamaulipas para convencer que a pesar de todo, lo ocupan? Se requiere de un análisis profundo y realista en el cual se mida su rentabilidad electoral en cada uno de los de 43 municipios. Tener una clara y puntual radiografía de quienes son los grupos y actores políticos que aportarán los votos necesarios.

Si se decide formalizar una alianza con el partido Acción Nacional, hacer una valoración de cuál podría ser la reacción de miles de simpatizantes y su militancia al tener que participar con quienes durante estos años únicamente lastimaron en sus intereses a tanta gente, por el simple hecho de congeniar con el PRI.

Si la alianza es concretada con el partido Morena, será importante a que acuerdos se lleguen para trabajar bajo un esquema de planeación, orden, coordinación, y sobre todo, vigilar que se cumplan los compromisos pactados y abrir los espacios de participación en la administración estatal, en el caso de obtener la victoria.

No será una tarea fácil. En mi personal punto de vista, participar electoralmente en una alianza el próximo año es el único camino que le queda al Partido Revolucionario Institucional, si se pretende seguir transitando en la vida política de nuestro estado. Prohibido equivocarse al elegir con quien se constituya esa alianza.

Hay que prestar mucha atención en el ejemplo a nivel nacional. Para el PRI, cada vez es más reducido el margen de maniobra a consecuencia del pésimo manejo político desde su dirigencia nacional. Ahora, únicamente será gobierno en cuatro entidades de la República. Ante este escenario, el Revolucionario Institucional solo dependerá de los resultados que se puedan dar como parte del bloque opositor en la Cámara de Diputados.

“Las alianzas no son un fin; las alianzas son un medio de conseguir el fin que se apetece; el fin consiste en los intereses permanentes de la nación; las alianzas deben proporcionar este fin”: Juan Donoso Cortés.